21 mar. 2011

SIBERIA, UNA AVENTURA EN EL FRIO...

JUEVES 4
A las 2:30 de la mañana cojo el bus en León que me llevará a la T1 de Barajas. No sé por qué razón, casi siempre que tengo que coger un avión, siempre pierdo una noche en el bus…. Y la cabeza, también como casi siempre, no para de dar vueltas pensando en que se me olvida, a ver que me dejo esta vez!!!
En Barajas me encuentro con mi compañero de aventuras: Pablo. Qué chaval, donde nos hemos metido esta vez, eh? Vamos a facturar y ya empiezan los primeros problemas: nos pasamos en el peso, pues también llevamos los esquís y todo el equipo necesario. A negociar en el mostrador, a negociar en taquilla, vuelta al mostrador, hasta que finalmente nos perdonan 8 kilos y nos penalizan por 3. Por fin salimos de Madrid a las 11:25 y tras algo más de 4 horas de viaje llegamos a Moscú. Aquí son dos horas más y tenemos que recoger el equipaje y volver a facturar, a pesar de que el vuelto que tenemos que coger es interno, pero estamos en Rusia. Nuestro próximo avión sale a la 1:30 del día siguiente viernes, por lo que tenemos que esperar aquí durante 7 horas.
VIERNES 5
Sale el avión puntual. Nos tocan casi 6 horas de vuelo para llegar a Irkutsk, capital de la república de Irkutsia. Llegamos sobre las 7:30, pero aquí hay cinco horas de diferencia con respecto a Moscú, por lo que son las 12:30 de la mañana. Nos está esperando la organización de la carrera para llevarnos a Litsvianka, una pequeñita ciudad, a unos 70 km de Irkutsk y al mismo lado del lago Baikal, que es donde acaba la maratón. Lo primero que nos encontramos es con lo que nos imaginamos todos de Siberia. Un día muy nublado, mucho frío, nevando y todo el suelo cubierto de nieve. Bonito panorama. El traslado nos lleva por una carretera bastante mala en medio de la taiga siberiana hasta Litsvianka. Nos alojamos en el hotel Majak, el mejor de la ciudad, y el único al que se le puede considerar hotel. Aunque unos amigos nuestros se alojan en casa de un particular (un tío muy majo y enrollao, eso sí, sólo habla ruso y por gestosJ). Después de dejar nuestras cosas en la habitación, lo primero que nos apetece es correr por encima del lago y ver que sensaciones tenemos al correr por encima de una superficie helada y cubierta de nieve y así aclimatarnos un poco a estas condiciones. Además hace un frío que pela y así comprobamos que ropa y equipación nos puede venir bien para el día de la carrera. Salimos unos 45 minutos y nos quedamos flipando un poco con eso de ver el agua debajo de nuestros pies y lo primero que te viene a la cabeza es: coño, y si se rompe el hielo???
Pero ves pasar coches, vehículos por encima del lago y ya te relaja un poco. Vámonos al hotel a darnos una ducha, que no veas como se agradece después de estar corriendo con tanto frío y nos vamos a cenar a un chiringuito que hay en el pueblo.
SABADO 6
Después de la paliza del viaje, llevábamos casi dos noches sin ver una cama, aprovecharnos para darnos una buena dosis de cama. En el hotel teníamos desayuno tipo buffet y dimos buena cuenta de él para ir cogiendo energías y poder aguantar el frío. A eso de las 12 de la mañana volvimos a ponernos el traje de faena y volver a entrenar otro poco por el lago. Hoy tenemos un día soleado, pero aún así, parece que hace más frío. También hoy probamos los pinchos en las zapatillas, para ver la sensación de adherencia y como se devolvían por esa masa de hielo y nieve. Estuvimos rodando unos 45 minutos y mientras entrenábamos, debatíamos sobre que deberíamos llevar mañana para la competición. Así mismo aproveché para probar los productos de PowerBar que llevaba, tanto los geles, las barritas, como los aminoácidos líquidos. Fue curioso, pues los geles no perdían su densidad y se podían tomar bien, eso sí, parecía que habían estado un mes en el frigorífico. Los aminoácidos que llevaba en el cinturón, se podían beber, pero estaban como cristalizados, sin llegar a helarse. El que llevaba en el bolsillo de la malla, estaba más disponible, pero también frío. Lo de las barritas ya es aparte. Es increíble la dureza que llegan a coger. Por lo que la mejor opción es comerlas antes de la salida, o llevarlas en algún bolso interno, pegadas al cuerpo.
A las 5 de la tarde teníamos una charla técnica en el hotel con la organización, en la que nos informaban de la carrera, el traslado hacia la salida, nos dieron el dorsal, nos comentan el grosor del hielo (un metro y medio) y que este año es el más duro porque ha nevado muchísimo y nos encontraremos con los 7 primeros kilómetros impracticables y con medio metro de nieve.
DOMINGO 7
Carrera al infierno helado. No consigo dormir casi nada en toda la noche. Me levanto a las 7:30 para desayunar ya que a las 9 nos trasladan a la otra orilla del lago, un pueblo llamado Tanhoi, que pertenece a la república de Buriatia, desde donde se dará la salida, prevista a las 11h. La meta está ubicada en Litsvianka, que pertenece a la república de Irkutsia. Por lo que pude apreciar, la zona de Buriatia me pareció más abandonada, más precaria y, también, con más frío. Nos ubican a los 79 corredores de 14 países diferentes en diversos vehículos. Tengo suerte y me toca en un overcraft. El trayecto hasta la otra orilla resulta accidentado debido a la cantidad de nieve que hay, hasta medio metro, y por los bloques de hielo que sobresalían. Todo esto hizo que algunos vehículos se bloquearan durante el trayecto y llegásemos con retraso a la salida. El día amaneció con sol pero con un frío del carajo, -21 grados...no sabía que ropa poner, que zapatillas, vamos todo un dilema. Finalmente he decidió llevar dos camisetas térmicas debajo, una de manga larga y otra de manga corta, más una camiseta más gruesa de manga larga por encima, además de malla larga, calzoncillos térmicos, gorra con forro, buff, guantes, gafas,…Para más inri este año es el más duro de todos.
Finalmente se da salida a las 12:25 por un patatal de medio metro de nieve por donde se hace extremadamente difícil correr y donde las piernas se sobrecargan en los primeros kms de una manera espectacular. Mantener el equilibrio en estos primeros kms es todo un poema a pesar de llevar clavos en los pies. La carrera se estira ya desde los primeros kms. Un ruso se pone en cabeza, seguido de otros dos corredores, yo voy después de ellos. Consigo pasar a uno, pero los otros dos se han ido bastante. El frío me congela la cara, sobretodo la boca, que solo me entra en calor cuando llego a los avituallamientos y bebo te caliente, pero a los dos minutos ya vuelve a estar helada. A pesar de correr por las rodadas de los vehículos es muy difícil reaccionar con las zapatillas ya que a veces te hundes hasta por encima del tobillo. Antes del km 20 consigo dar alcance al segundo, pero el ruso corre que se las pela y además en su terreno, joeer es siberiano. A medida que avanza la carrera hay menos nieve, unos 20cm, pero se puede correr algo mejor, aunque ahora lo que faltan son fuerzas y el frío empieza a congelar el sudor, por lo que más vale que no pares si no quieres que te de un espasmo y te quedes pajarín... Después de un calvario llego meta el segundo, detrás del ruso (alexandrei no se qué) en un tiempo de 3h 42 minutos, a 11 minutos del primero. En tercer lugar entro otro español, Juan Antonio Alegre y en cuarto lugar mi compañero Pablo Criado.
Al igual que las tropas de napoleónicas o las alemanas de la segunda guerra mundial cuando invadieron Rusia, no se habían llegado a imaginar que el mayor enemigo que se iban a encontrar no iban a ser los soldados, ni las armas,….sino un fenómeno a lo que los rusos están muy bien acostumbrados,…el frío.
Después de la carrera no puedes quedarte quieto. Tenía hielo en la gorra, en los cordones de las zapatillas, en el cinturón, en el buff, así que inmediatamente hay que ir al hotel a cambiarse y a darse una buena sauna.
Por la tarde fue la entrega de premios y la cena de gala (o algo parecido). Eso sí, el vodka no llegaba ni a la mesa……………

LUNES 8
Nos levantamos tranquilamente para desayunar. Hemos quedado con Alexei (el organizador de la carrera) y con Liza (su secretaria). Como nos vamos a quedar unos 6 días por la zona, les pedimos que nos informen y aconsejen sobre actividades y alojamientos para pasar estos días. Finalmente, viendo las distancias y el tiempo empleado para desplazarnos, resumimos nuestro plan a dos objetivos: subir el pico Cherski (el más alto del lugar, dos mil y pico metros) con esquís y visitar la isla de Oklhon en el lago Baikal, la cuestión era por cuál de los dos empezar.
Liza nos lleva de vuelta a Irkutsk a eso de las 12 de la mañana. Hemos decidido ir a Sludianka, una pequeña ciudad situada al sur del lago Baikal y desde donde intentaremos subir el pico Cherski. Llegamos a una pequeña estación de autobuses, de donde salen minibuses (de 13 plazas, aunque reales son 9) a Sludianka. El trayecto dura casi tres horas, aunque creo que no hay ni 100 km. El precio del billete es de 120 rublos, pero como llevábamos esquís y mochila grande nos cobran 100 más. Pero no se que discutían Liza y el conductor, que al final no podemos ir en ese bus (mafia rusa???), pero vamos en el siguiente que sale media hora después, pero ahora en vez de pagar 100 rublos por el equipaje tenemos que pagar 300. Lo del minibús ya es la leche, parecía un ataúd donde no podías ni moverte de lo achuchado que ibas. Vamos que no necesitábamos calefacción de lo juntitos que íbamos (la pena es que a mí me tocó un pedazo ruso al lado!!!). Cuando llegamos a Sludianka teníamos que ir a un sitio llamado Zhigalov para dormir. El conductor del bus se ofreció para llevarnos……por otros 200 rublos más, por supuesto, y eso que estaba a 5 minutos, pero no por no pujar todo el equipaje, aceptamos. El sitio, como dije antes, llamado Zhigalov(Museo de las Piedras), pues debe ser eso, un museo tras un muro de pared, son pequeñas casitas con cocina, algo parecido a los apartamentos, pero en ruso. Eso sí, es muy acogedor y muy recomendable para el que quiera acercarse a este lugar, aunque la ciudad es bastante fea y sucia. Además es barato, 1000 rublos para dos personas. Dejamos nuestras cosas y salimos a hacer la compra para cocinar algo. La señora nos dijo (en ruso, pues no hablaba otro idioma, pero era muy amable) que compráramos para dos días, pues al día siguiente era fiesta y estaba todo cerrado. Cuando le dijimos lo que queríamos a hacer nos dijo que no era posible, que subir al pico Cherski desde allí nos llevaría entre 12 y 15 horas, pues hay 25 km y que además nos podíamos perder. Nosotros teníamos intención de hacerlo en menos pues queríamos irnos al día siguiente a Oklhon y el últimos bus salía a las 6:30 de la tarde. Y si no nos daba tiempo pues haríamos hasta donde pudiésemos y daríamos la vuelta. Hicimos la compra. Como habíamos visto en Litsvianka que la gente compraba peces en los mercados, tanto en la calle como en los demás y luego los comía directamente, nosotros pensamos hacer lo mismo. Pero nos debimos equivocar en algo, ya que los que compramos estaban crudos y tuvimos que cocinarlos (así nos miraba con cara extraña y con gestos de incredulidad la señora del super).
Estos son los baños que tienen en esta pequeña ciudad:
MARTES 9
Habíamos pensado levantarnos a las 6:30 y así tener posibilidades de hacer cumbre si madrugábamos, pero el cuerpo estaba todavía resentido de la maratón y se aletargó y no quería salir de la cama. Total que mientras desayunamos y nos preparamos la salida fue a las 8:10 de la mañana. Empezamos a caminar con los esquís en la mochila, aunque ya se podía ir con ellos puestos, por la calle arriba y enseguida entramos en un camino ya rodeados de la sempiterna taiga. El camino era en subida muy suave con algunos pequeños toboganes hasta que poco a poco se iba estrechando hasta convertirse en una estrecha senda de nieve parecida a una pista de bosleig. Al cabo de una hora y cuarenta minutos llegamos a una especie de refugio, que daba la sensación de estar abandonado y un poco destartalado. No entramos y seguimos caminando por la senda hasta que nos encontramos con la primera subida fuerte que nos lleva a una planicie de unos 700 metros de larga y un claro en el bosque. Al terminar esta planicie comienza la segunda subida fuerte que nos lleva esta vez a una estación meteorológica y donde hay algunas cabañas en las que se puede dormir. Hasta aquí tardamos tres horas y cuarenta minutos. El guarda, un ruso con pinta de bonachón y simpático, nos dice que en llegar a la cumbre tardaremos unas dos horas más. Desde la estación comienza otra subida, ésta más en zigzag que las otras y al llegar a una loma hay dos huellas, una tira de frente y la otra gira a la izquierda en subida fuerte. Seguimos la de frente y……..nos equivocamos. Menos mal que nos dimos cuenta en seguida, pero perdimos veinte minutos. Retrocedimos y comenzamos la subida hasta un collado, desde donde ya se divisa la cumbre del Cherski. Desde este collado hay que bajar un poco para luego subir otro montículo y desde aquí ir por una cresta a la izquierda. La cresta es un poco expuesta, pero se puede pasar. Después de cinco horas y media llegamos a la cumbre.
Fotos de rigor y de vuelta porque vamos con el tiempo justo y pensamos que podemos llegar a tiempo, aunque no las tenemos todas con nosotros (aunque ya habíamos pensado que si no llegábamos a tiempo, nos quedábamos a dormir y al día siguiente haríamos lo mismo, pero corriendo). A la vuelta nos ponemos los esquís después del penúltimo montículo, pues este último tramo apenas tiene nieve y hay mucha piedra. La bajada sí que tiene nieve, pero es como el algodón. Si te sales fuera de la senda te hundes hasta las orejas y te frena casi en seco, por lo que la bajada se convierte en un espectáculo, con caídas muy alucinantes. Si vas por la senda, te lanzas y coges una velocidad flipante por lo que para no arriesgar hay que intentar bajar en cuña, pero casi tampoco hay espacio ni para eso, así que toca bajada rápida, castañazo, bajada rápida y otro castañazo, eso sí con cuidado de no ir contra un árbol. A veces, cuando hay algún hueco, te sales de la senda y te paras en la nieve, eso sí, te quedas hundido. Os podéis imaginar bajando las subidas fuertes de la ida, ahora me da la risa, pero allí…. Hubo momentos que íbamos como motos, claro que también tuvimos la nieve en la cara varias veces. Lo mejor fue la última parte, ahí sí que volábamos con los esquís. Después de tres horas de bajada y con los cuádriceps, los aductores y las piernas en general bastante sobrecargadas, llegamos hasta la puerta de nuestro alojamiento. Eran las cinco y diez de la tarde. El último bus a Irkutsk salía a las 18:30 por lo que nos quedaba tiempo, así que nos cambiamos, comimos un poco y nos fuimos a la estación. Pero para nuestra sorpresa, y como suele ocurrir cuando haces todo sobre la marcha, pues no hay billetes. La dependienta (no sé si en esta zona del país las eligen, pero son bastante bordes o al menos me tocaron a mí) ni nos miró, le pregunté si había más, ni me respondió. Como no nos apetecía quedarnos empezamos a negociar con el taxista que nos llevó a la estación, para ver por cuanto nos llevaba a Irkutsk. Después de negociarlo llegamos a un acuerdo y nos llevaría por 1700 rublos, que al final agradecimos, pues íbamos más cómodos, más rápidos y directos al hotel. Eso sí, el taxista iba emulando a Fernando Alonso, coño como iba el tío…
Nos alojamos en el hotel Angara, en pleno centro de la ciudad. Nos lo aconsejaron como algo medianamente bueno y por el precio (1500 rublos cada uno) así debería ser, pero la realidad es bien distinta. Aunque al entrar parece que está muy bien, las habitaciones son bastante cutres, viejas y con un aspecto de usado del año que reinó Carolo. Vamos, que cualquier pensión de aquí está bastante mejor, no me quiero imaginar cómo serán el resto de los hoteles de otras categorías…Lo bueno que tiene, pues eso, que tienes todo a tiro de piedra.
MIERCOLES 10
Nos levantamos a las 7 para desayunar. Nuestro objetivo hoy es coger un bus (aquí son también minibuses) para ir a la isla de Olkhon en el lago Baikal, recorrer el Pequeño Mar y regresar el sábado. Dejamos parte de nuestro equipaje en el hotel (50 rublos por día y bolsa) y nos vamos a la estación de buses (aquí se repite la misma historia que en Sludianka, la dependienta contesta: ne panimaju, ne gavarite, pero coño, yo entiendo algo de ruso y se lo pregunto en ruso, pues ni caso, se levanta y se va). A preguntar en la calle y aquí ya nos dicen exactamente donde es. Subimos al minibús y a las nueve y diez de la mañana arrancamos con dirección a Olkhon. Son trescientos kilómetros de carretera, en una primera parte la carretera es mala, pero los últimos kilómetros son pésimos, pues ya no hay asfalto. Menos mal que íbamos casi vacíos y podíamos ir cómodos. Hace alguna parada en el camino para comer y beber algo. Así llegamos al estrecho helado que separa la isla. Cruzamos esta parte del lago helado y es curioso, porque por primera vez veo señales de tráfico en el lago!!!. El minibús no nos llevó exactamente a la isla, sino a un pequeño poblado. Hasta aquí tardamos cuatro horas y nos cobró 400 rublos a cada uno. Pero desde este poblado tuvimos que coger un taxi (o lo que fuera) para ir a la isla, a un lugar llamado Khuzhir que se encuentra hacia la mitad de la isla y por un camino de nieve y tierra. El alojamiento es muy bonito y curioso, bastante agradable y muy recomendable. La verdad es todavía no sé ni cómo se llama, pero si preguntáis por Nikita, ya lo tenéis resuelto, pues debe conocerle todo el mundo. El precio de la habitación es de 950 rublos y te incluye dormir y las tres comidas. La verdad es que está bastante bien. Eso sí, nos llevamos una sorpresa con la que no contábamos y nos hizo cambiar los planes. No hay bus de vuelta los sábados, y como el domingo tenemos que coger al avión, tenemos que regresar el viernes, un día menos para estar aquí. Comimos un poco y como era ya algo tarde, salimos a dar una vuelta por el lago viendo espectaculares cascadas de hielo y, pasando frío, por supuesto. Durante la cena nos exponen la actividad que tienen pensado realizar mañana: ir en todo terreno al cabo más septentrional de la isla, a unos 40 km. No nos atrae, pues nosotros queremos ir al otro lado del lago, a Buriatia. La chica nos dice que eso es mucho más caro, 3000 rublos, pero no nos importa y queremos ir. Tras llamar por teléfono a alguien, nos dice que no puede, pues es difícil hacer eso en un día (bueno, yo creo que no es tanto, pues son unos 50 km de ida, pero en vehículo). A la vista que eso no es posible, decidimos ir también hasta el cabo, pero………corriendo por Pequeño Mar helado. Durante la cena conocemos a un señor autóctono que canta e imita a Raphael de maravilla; es increíble, lo clava, y eso que no tiene ni idea de español, ni entiende lo que está cantando, pero se ha aprendido sus canciones y sus gestos de memoria viendo un DVD.

JUEVES 11
Al estar en un lugar más remoto, aquí se toman las cosas con más tranquilidad. El desayuno no empieza hasta las 9 de la mañana. Después nos vestimos con nuestra ropa de “guerra” y nos disponemos a afrontar un nuevo reto: correr por el Pequeño Mar helado hasta el cabo Kaboi, el lugar más septentrional de la isla. Comenzamos a correr a las 9:55 de la mañana y enseguida entramos al hielo. En un primer momento se va muy cómodo, pues sólo hay que seguir la “carretera” helada con una fina capa de nieve por encima, pero pronto aparecen los primeros contratiempos. Las placas de hielo chocan y se forman pequeñas montoneras de bloques de hielo (hummocks), a veces de varios cientos de metros, por las que es imposible correr y que tienes que tratar de franquear lo mejor que puedas.
También tienes la opción de seguir la “carretera”, pero el rodeo que tienes que dar es considerable y, seguramente, perdamos más tiempo. Además también tenemos el efecto óptico; vemos una isla y decimos: está a diez minutos. Pasan los diez minutos y vuelves a pensar: ya sólo está a diez minutos. Coño con los putos diez minutos. Al final se convierten en casi una hora. Cuando puedes correr por un tiempo más continuado y por un tramo más limpio, se hace interminable y la cabeza se empieza a rallar, coño, nieve y más nieve y sólo ves nieve y al fondo…todo blanco. Después de llevar tres horas corriendo pensamos en cambiar de estrategia. Decidimos salir del lago helado y entrar en la isla para regresar por tierra firme a través de una pista de nieve y tierra. Suponemos que nos faltarían cuatro o cinco kilómetros para llegar al cabo. Durante la vuelta cruzamos varios poblados que parecían deshabitados, aunque se veía ganado. El regreso por la pista es más largo que por el lago, ya que da más rodeos y hay varias cuestas, por lo que tardamos tres horas y veinticinco minutos en llegar al pueblo, así que todo ello nos llevó 6h 25 minutos. Cuando paramos a la entrada del pueblo, notas como el frío se empieza a meter en el cuerpo, por lo que hay ir rápido a nuestro alojamiento y calentar tomando unos tés. Tenemos también sauna (muy artesanal, pero que bien viene). Hay que reservar y cuando llegamos ya estaba todo el horario cubierto. Cuando subimos a la habitación nos encontramos a nuestro vecino el coreano que nos saluda efusivamente, pues nos ha visto corriendo por el lago y muy amablemente nos cede sus veinte minutos que tenía reservado en la sauna. A las 20:00 nos vamos a cenar y nos encontramos de nuevo al imitador de Raphael, que esta vez, no sólo nos canta, sino que también toca la guitarra española y nos deleita con algunas canciones. Y ahora, a dormir que la paliza fue guapa y los dedos están doloridos.

VIERNES 12
A las 12 de la mañana salimos hacia Irkutsk. Hasta hoy hemos tenido unos días bastante “buenos”, es decir, con sol. Pero hoy ha amanecido otro día típico siberiano, muy cubierto y nevando y así ha estado sin parar. Llegamos a Irkutsk y nos fuimos al hotel. Y poco más, pues esta ciudad tiene poco que ver. Ah, por la noche suelen llamarte a la habitación del hotel a ofrecerte “cosas raras” (ay con la mafia rusa)

SABADO 13
Una réplica del día de ayer. Nevando. Turismo y algunas compras.
Cena en un restaurante muy chulo de comida mongoliana.
DOMINGO 14
Vuelta a casa y esta vez no nos ponen inconvenientes en el aeropuerto por exceso de equipaje.