11 oct. 2013

TRANSILVANIA

OBJETIVO: TRANSFAGARAS


Hacía tiempo que le había echado el ojo a estas montañas. Ya había estado en invierno esquiando por allí y me parecieron fantásticas, por lo que me vino a la cabeza el cruzarlas corriendo. Debido a lo apretado del calendario no había encontrado una fecha para ir, por lo que, después de ciertos devaneos y comprobando la meteorología, según me informaron gente de ese país, la primera semana de octubre era buena. Ya me suponía que las temperaturas bajarían, pero lo que no me esperaba fue…lo que me encontré.

Como cada vez que preparo alguna aventura de este tipo, voy a la improvisación. Aunque siempre llevo  una idea preconcebida,…casi nunca se cumple. Y esta vez no iba a ser menos. Ni tan siquiera llevaba mapas de la zona, pues me comentaron que los podía comprar allí sin problemas. Sólo llevaba el billete de avión. Mi objetivo era ir de Bucarest a Brasov y desde allí a un pueblo llamado Fundata, que según había visto por internet, parecía ser el mejor lugar de partida. Y desde aquí llegar a un pequeño pueblo llamado Turnu Rosu, cerca de Sibiu, atravesando toda la cordillera de los Transfagaras.  Todo ello, a ser posible en tren, pues parece ser el mejor medio de transporte en Rumanía.

Pero en el aeropuerto entablo amistad con dos madrileños, Pachi y Manu. Ellos tienen alquilado un coche, pero van primero a Sibiu. Al final, me da igual empezar por un lado que por otro, por lo que decido ir con ellos, así no pierdo tantas horas de bus o tren y puedo ganar un día. Pero a medida que nos acercamos a Sibiu empiezo a ver algo que no me da buenas sensaciones.  Algo blanco aparece en las cumbres. Será la helada matutina, pienso en un primer momento. Pero en mi interior algo me decía que me estaba engañando a mí mismo, sabía que aquello tan blanco no podía ser sólo una helada, sino nieve. Bueno, será una pequeña nevada que habrá caído estos últimos días, vamos a pensar en positivo.. Estos colegas me llevan hasta Turnu Rosu, pero este es un poblado muy pequeñito, donde no puedo comprar ningún mapa y sin mapa no puedo hacer la ruta que tengo planificada. Tampoco hay donde dormir, bueno sí, dos pensiones, pero que son casas particulares. Lo curioso es que en este pequeño pueblo encontré a un rumano que hablaba español. Desde aquí ya pude contemplar la cantidad de nieve que había. Con tanta nieve va a ser prácticamente imposible hacer la ruta. Las sendas estarán, seguramente, tapadas.

Así que me voy a Sibiu. Aquí compro ya un buen mapa y veo el recorrido que tengo pensado hacer. Efectivamente, acaba (o empieza) en Turnu Rosu. Pero también veo toda la inmensa capa blanca que cubre toda la cordillera. Después de estar pensando que hacer, cambio de planes. Mi presentimiento me dice que con tanta nieve no podré hacer casi nada.

Así que en Sibiu cojo un bus que me lleva hasta un pueblo llamado Victoria, pues había visto y oído que desde aquí se hacen excursiones a la montaña. Pero cuando llegué a aquí me llevé una desilusión. No me gustó nada y me pareció alejado de las montañas. Así que preguntando, me dijeron que a ocho kilómetros había un lugar muy bueno para lo que yo quería: el Complejo Turístico de Sambata. Y allí me fui. Pero en coche particular, pues hasta este lugar no llega ningún autobús, ni tren, y la carretera desde Victoria no está asfaltada.

Este lugar me encantó. Me imagino que en verano debe tener mucha gente, pero en esta época no hay casi nadie (excepto una boda que se celebró el sábado). El lugar es muy pequeño, a pesar de la pomposidad del nombre. Hay tres pequeños hoteles y alguna pensión, pero un solo restaurante, media docena de casas más y un enorme monasterio, donde al lado de él mana una fuente y la gente va a por agua ya que parece tener propiedades curativas (hasta ahora, conmigo no ha tenido ningún efecto!!!). A  algunos hoteles se accede por pistas forestales, como en el que me alojé yo (hotel Miruna, creo recordar). Muy bonito, muy bien situado y con un desayuno espectacular, prácticamente todo casero y abundante. Aquí me quedé tres días y estuve haciendo varias rutas. Cuando llegué aquí a mediodía, hice un pequeño trote de reconocimiento por la zona y ya pisé nieve. Eso sí, cuando se pone el sol hace un frío de cojones, pero de cojones, para ser la época que es. No me esperaba yo esto, pues si aquí abajo hace ese frío, que me esperará por allá arriba.
Las sendas están marcadas con varios colores y formas. Las hay con triángulos rojos, que son las más importantes, con círculos rojos, con rectángulos rojos y lo mismo en azul, pero estas son más secundarias. El problema vino, como os podéis imaginar, con la nieve

Os relato la ruta más importante que hice y que grabé en vídeo.

Salí del hotel a las 10:30 de la mañana. Pensaréis que es muy tarde, pero es que había 8 grados bajo cero, una helada del copón y se me congelaban hasta las ideas. Y estaba a 700m de altitud sobre el nivel del mar. Como compensación, el día amaneció muy soleado.
Los primeros kilómetros van por una pista, subiendo muy suavemente. Ya,  a mitad de subida por  la pista empieza a aparecer la nieve y se ve el bosque de abetos completamente nevado. Así durante unos 35 minutos hasta que se acaba la pista y comienza  la senda. La senda ya está cubierta de nieve. Sólo en algunos tramos se percibe claramente. No es difícil de seguir, pues va continuamente paralela al río y por el fondo del valle. También se ven claramente las marcas de los triángulos rojos.
Al cabo de una hora y diez minutos llego a la Cabana Valea Sambetei.  Aquí prácticamente se acaba el bosque y se ve ya la cordillera montañosa que tengo enfrente. Pero a partir de aquí ya no veo marcas. Echo mano al mapa y veo que sale una senda azul de frente. Intento buscarla y seguirla, pero no doy con ella. Sólo hay nieve. Después de estar subiendo casi dos horas, la subida se hace tediosa e insufrible. Ante esta situación decido dar la vuelta y buscar algo con lo que pasar el resto del día. Vuelvo hacia la Cabana y antes de llegar me giro a la derecha (bajando) pues veo un valle, que según el mapa sale otra senda.
¡Aleluya!, después de cinco minutos hociqueando encuentro una marca con triángulo rojo y poco después un poste con la misma señal. Ahora sí que se vislumbra algo mejor la senda, a pesar de estar  tapada por la nieve. Sigo subiendo, esta vez más contento y convencido de que voy por el buen camino, a pesar de tener ya las zapatillas llenas de nieve. Un rato más adelante veo un poste con varios indicadores, que te dan la oportunidad de seguir otras rutas. Descarto la azul, porque no tiene postes y no se ve nada. Decido seguir la del triángulo rojo. Lo bueno de esta ruta, es que, aunque a veces no se vea el dibujito, tiene postes clavados cada cierto tiempo. Pero a medida que subo, la nieve es más densa. Ahora sólo puedo andar. Y todavía me queda un rato para llegar al collado. La última parte de la subida está muy inclinada, con mucha nieve (más de 40 centímetros), pero está polvo y se puede subir. Por fin consigo llegar al collado, que es por donde pasa la ruta que tenía previsto hacer en un principio.

 Ahora, desde aquí, veo palpablemente la imposibilidad de haberla hecho. Nieve virgen en toda la cresta. Mucha nieve acumulada, lo que hacer un kilómetro te supone quince minutos, por lo menos. Además las zapatillas están caladas de nieve. Así que decido bajar.
Llego de nuevo a la Cabana y un poco más adelante sale una ruta alternativa con marcas de círculos rojos. Decido seguirla, pues creo que aún me queda tiempo suficiente para hacerla antes de que anochezca. Me da la impresión que es una senda simple paralela a la que subía por el río. Pues no. Es una dura subida zigzagueante por nieve en un denso bosque. No paro de subir. Pienso que se me va a hacer de noche como no empiece a bajar pronto. Por fin llego a una cabaña de pastores y por suerte veo bien algunas marcas. Una señal me indica que me quedan tres horas hasta Sambata y son las 5 de la tarde. Bajo corriendo por la senda nevada en medio del bosque hasta que salgo a una pista maderera, llena de barro. Hubo un momento que tuve dudas en un cruce, pero conseguí acertar. La bajada tiene algunos tramos con mucha inclinación y está tan embarrada que beso el suelo un par de veces. Pero lo que está claro es que no es lo mismo hacerla andando que corriendo, pues finalmente conseguí bajarla en menos de una hora.

Rumania2013a

 
Icono de alerta

Al día siguiente hice otra ruta por otro valle, pero me gustó menos y finalmente los últimos días decidí ir a conocer monasterios, castillos, etc., etc., ya que no me encontré con ninguna vampiresa que me hiciese cambiar de idea.

Y ahora voy a romper una lanza a favor de los rumanos. Conozco la fama que tienen aquí los rumanos. No sé, a veces creo que aquí sólo vienen los “malos” y en Rumanía se quedan los buenos. Estoy completamente asombrado y agradecido a todas/os los rumanos que conocí, por el trato tan maravilloso que me dieron, prácticamente sin excepción. En cualquier lugar de los que estuve, y fueron bastantes y muy diferentes, no encontré otra cosa que amabilidad y predisposición para ayudarme o informarme en la medida de sus posibilidades.
Agradezco a la familia que me llevó en su coche desde Sambata a Voila para poder coger el tren a Brasov, así como a Pachi y a Manu por lo mismo y por los buenos ratos que pasamos.


En los pocos días que tuve “libres” me dio tiempo a estudiar con detenimiento estas montañas. Gracias a los mapas pude detallar con precisión el mejor lugar para salir y para llegar, así como la ruta a hacer sin “perder” tiempo.  Si alguien tiene interés en hacer algo por allí, que se ponga en contacto conmigo. Yo volveré, probablemente, el próximo año, pero un poco antes. Ahora ya es una cuestión de amor propio. Si alguien se anima…