28 sept. 2010

TORDESGEANTS 12 A 18/09/2010




INTRODUCCION
Soy una persona que descubrió en su interior esa semilla que todos llevamos dentro, y que si la regamos lo suficiente nos hace vivir la vida, recordando que la estamos viviendo...de forma intensa, con la intensidad que nuestro propio "yo" nos marca. Y mi "yo" me marca este camino.



Esta locura la pensé con toda la ilusión del mundo, sabía a lo que me enfrentaría, pero pensé que podría conseguirlo sin tanto sufrimiento.Y esa es la palabra clave, sufrimiento.



Septiembre, día 10.



Como viene siendo habitual cuando preparas una carrera, has estado, lógicamente, entrenando y preparándote para un evento de esta magnitud, tratando de afrontarlo con las mayores garantías posible. Del mismo modo también has ido colocando encima de la cama todo el material que consideras necesario, así como el obligatorio que exige la organización, tratando que no se te olvide nada, algo, que, por otra parte, casi nunca ocurre. Meto en mi mochila de mano el material obligatorio y algo de comida y el resto a otra bolsa de viaje. Así que, ya con los nervios aflorando ante lo que se viene encima, me voy a Madrid a coger el avión con destino a Milán. Facturo mi maleta, jamás imaginando lo que se avecinaba.


Llego a Milán sobre las 11 de la mañana del viernes y cuando voy a recoger mi maleta no aparece (veáse entrada en el blog de lo que estaba en mi cabeza!!!!!!). Para no ser repetitivo, omitiré esos comentarios que algunos ya habréis leído y que otros os podéis imaginar. El caso es que mi maleta se quedó en Madrid y quedaron de enviarla ese mismo día en un vuelo nocturno, pero que también se les olvidó enviarla y así la enviaron el sábado por la mañana. Pero no me la enviaban a Courmayer hasta el día siguiente, ya que tenían su propio sistema de entrega. Ni tan siquiera pagando yo el transporte. (si señor, este país es maravilloso. Cada día que pasa me gusta más ser eficaz en mi trabajo, productivo, rentable, me siento estimulado, animado, …..igualito, igualito que mis adorables políticos,….que haría yo sin ellos!!!). A la mierda todos, pandilla de cabrones.



DIA 11



En fin, tenemos la enorme suerte de contar con buena gente en este mundo de las carreras de montaña. Mi amigo Jordi (Martinez de Marsay) (espero que se recupere pronto de esa lesión en el dedo que le obligó a abandonar y nos veamos pronto en otra movida) se ofreció a ir con su coche desde Courmayer a Milan para buscar la maleta al aeropuerto. Conseguí hacerme con ella, pero me faltaba toda la comida especial que traía. No me habían dejado absolutamente nada. Menudo comienzo. Por si ya no tuvieras poca presión, añade ahora, no sólo el aspecto alimenticio, sino el factor psicológico que supone no disponer de algo con lo que contabas y que era una parte muy importante para la carrera.
Me alojo en el hotel Croux y comparto habitación con Ana Sebastian, una chica de Valencia que también va a participar en esta locura. Retiramos el dorsal y nos dan la bolsa de 50 litros en la que tendremos que meter todo lo que suponemos que nos hará falta a lo largo de esta prueba y que nos van trasladando de campo de vida a campo de vida. A lo largo del trazado están previstos diferentes puntos de avituallamiento, descanso y socorro, además de siete bases de acogida de mayor tamaño (bases vida) que dividirán el recorrido en siete sectores:

Courmayeur – Valgrisenche 49 km 3996 D+
Valgrisenche – Cogne 56 km 4141 D+
Cogne – Donnas 44 km 3348 D+
Donnas – Gressoney St Jean 53 km 4107 D+
Gressoney St Jean – Valtournenche 39 km 2601 D+
Valtournenche – Ollomont 44 km 2702 D+
Ollomont – Courmayeur 48 km 2880 D+



El recorrido se articula a lo largo de las Vías Altas del Valle de Aosta, con salida y llegada en Courmayeur, por un total de unos 330 km (200 millas) (según la medición de varios corredores que llevaban GPS, les salieron 340 km) y 24000 metros de desnivel positivo (y al igual que antes, a los que llevaban GPS, les salieron 26.000 m), aunque a estas alturas ya todo te da lo mismo; siguiendo primero la Vía Alta nº 2 hacia el bajo Valle y volviendo por la Vía Alta n°1.
Durante la tarde del sábado termino de preparar lo que voy a llevar en carrera y lo que voy a meter en la bolsa que nos llevarán a los campos de vida (excepto la comida que me desapareció en el aeropuerto).


Prácticamente no pego ojo en toda la noche. Los nervios y la tensión no me dejan dormir a gusto, además de la presión a la que te ves sometido por parte de la gente y de los medios. Nada aconsejable y que hace muy difícil llevar a cabo el planteamiento que tienes para el desarrollo de la carrera. Mi primer objetivo es acabar, como creo que es el de la casi totalidad de los que participan en esta carrera. Esto no es una carrera contra los demás, olvidaros del resto de los corredores. Aquí se corre contra uno mismo, contra tu cuerpo, contra tu mente, contra los medios de la naturaleza,….



DIA 12



Me levanto a las 7 y bajo a desayunar. Un desayuno completo y abundante. Nos queda un largo camino y hay que cargar bien el depósito. Mi intención es intentar salir en el grupo de cabeza, pero sin ir delante. Espero que no haya ningún desaprensivo que salga a saco…. Los nervios te atenazan. Deseas salir cuanto antes porque eres un manojo de nervios….Joer, donde nos hemos metido…. pero ya no hay vuelta atrás. Alea jacta est.
Por primera vez decido correr con bastones. Creo que en una prueba tan larga y con tanto desnivel, al final pueden ayudar. Además la organización no permite abandonarlos, ni tampoco cogerlos en ningún otro punto de la carrera. Así que o los llevas desde la salida o no hay otra alternativa.
Son las 10:00 y suena el pistoletazo de salida. Sale un grupo tirando y me pego atrás. Creo que se va un poco rápido, especialmente porque la carrera es muy, muy larga. En un principio vamos un grupo de 8 a 10 personas en fila india, intercalándose en cabeza algunos corredores. Poco a poco van quedándose rezagados algunos porque se ha puesto en cabeza un italiano, Nico, que tira bastante fuerte. Cuando le vi por primera vez, no pude dejar de llevarme una sorpresa. Parecía un friki. Cascos grandes para escuchar música, cinta al pelo y lo más curioso, llevaba un pantalón corto por encima de la rodilla, pero de montaña. Y además parecía que nos iba vacilando, coño. Subía con las manos en los bolsillos y a un ritmo endiablado. Era difícil seguirle y de vez en cuando, se nos iba. Con este ritmo nos quedamos tres en el grupo. El italiano Nico, el alemán Uli y yo. En la bajada a Valgrisenche (km 48) veo a un chico que sube corriendo (no era de la carrera) y se encuentra con el italiano, se pega a él y bajan juntos. Se ponen a bajar a un ritmo muy fuerte y trato de seguirlos. El alemán se queda. Cuando llegamos a la carretera hay dos coches esperándole (imagino que coches de apoyo de el italiano) y les dan comida, bebida,….al verme a mí también me ofrecen, pero prefiero esperar a llegar al punto de vida, ya que es lugar reglamentario. Cuando llego, el italiano no para. Yo paro a comer un poco, junto con el alemán que también ha llegado. Ahora comienza una dura subida hacia el Col de Fenetre, pero lo más espectacular es la bajada por una canal muy estrecha al principio y unas zetas espectaculares. La noche está cayendo y vemos al fondo el siguiente control de Rheme N.D. Aquí ya vamos los tres de nuevo juntos, pero en la bajada el italiano vuelve a tirar fuerte y voy tras él. Se nos hace de noche poco antes de llegar al control, pero por no parar bajamos si usar la frontal y nos jugamos algo más que los pies. El alemán se vuelve a quedar y llegamos al control donde comemos un poco. A partir de aquí el italiano se va quedando y nos vamos el alemán y yo, aunque sin mucha diferencia con respecto a Nico.


Comenzamos la subida al Col Entrelor (3.002m) ya entrada la noche. Abajo llovía un poco, pero a medida que subimos nos damos cuenta que el agua es nieve. No para de nevar durante toda la subida y la bajada se hace un tanto delicada. Han caído unos tres centímetros de nieve y la bajada por la senda de piedras se pone resbaladiza. Mientras bajamos vuelvo a ver a otro chico que sube con frontal (y que de nuevo se une a Nico y baja con él iluminándole el camino). En esta bajada me voy unos minutos, pero pasa un tiempo y no veo ninguna señal, por lo que espero al alemán y nos vamos juntos hasta Cogne (segundo campo de vida). Desde aquí no recuerdo casi nada, pues era de noche y el objetivo era llegar a Donnas. Recuerdo que la bajada a Donnas era bastante larga y por mucha pista, aunque, a veces, recortaban por sendas.


Llegamos a media tarde a Donnas Uli y yo. Aquí nos dicen que le llevamos casi cuatro horas al tercero, por lo que comemos bien y nos damos un pequeño masaje. Lo curioso es que al salir nos dicen que sólo le llevamos una hora y media al tercero. En aquél momento no paré a pensarlo, pero a medida que subíamos, Uli me comenta cómo es posible que en tan poco espacio nos recorten tanto tiempo, cuando hemos bajado a buen ritmo (¿????).


En este campo de vida estoy con un representante italiano de Salomon y le pregunto cómo es el terreno que nos queda, pues voy a cambiar de zapatillas y en función del terreno pondré unas u otras. Éste habla con otro chico que dice conocer bien la zona y me pregunta que modelos tengo. La Speed Cross y la Xa Pro 5. Me dice que él lo ha hecho con la Speed Cross y que va muy bien (bueno, cuando me lo encuentre alguna vez ya le diré yo cuatro cosas; totalmente no recomendables para este terreno; tuve que cambiarlas en el siguiente campo de vida, las Xa Pro 5 van de maravilla).


Aquí los cuadríceps ya empezaban a dar pinchazos, con lo que quedaba todavía…, pero el cuerpo humano es un misterio y en la siguiente subida me encuentro bastante bien. Después de hacer más de 150 km con Uli, se rompe la unión y me voy en solitario. El calor es sofocante saliendo de Donnas y peor todavía subiendo por una fuerte pendiente. Intento refrescarme en alguna fuente y en los arroyos, pero hay una cosa curiosa y es que el agua de estos lugares me sabe muy rara y casi no la puedo beber. Subiendo al refugio de Coda se echa de nuevo la noche. Este tramo se me hace largo, pues son continuas subidas y bajadas en las que algún momento se me hizo complicada la orientación. En una ocasión hice un círculo volviendo a pasar dos veces por el mismo sitio, aunque fue poco tiempo.


Todavía no había decidido dónde dormir, pues la primera noche no había parado nada y había pensado en dormir esta segunda. Todavía era pronto para dormir, así que decidí continuar. Después de subir al col Marmontana (2.348m) venía una fuerte y dura bajada. Había pensado dormir en el siguiente control, pero no estaba habilitado para dormir, por lo que tuve que seguir hasta el siguiente control en Niel. Eran las 3:45 de la mañana y llevaba 186 km. sin parar. Aquí me comentan que el segundo, el italiano Ulrich, viene a una hora. Me es igual, voy a intentar dormir un poco. No puedo dormir de lo que me duelen las piernas, los hombros y creo que todo lo demás, así que después de estar una hora tumbado sin poder dormir, me levanto y voy a comer algo. Me dicen que justamente acaba de pasar el italiano. Salgo enseguida y espero ver su frontal durante la noche, pero no veo nada. Después de llevar algo más de 15 minutos subiendo por una senda, aparece como un fantasma, una persona de entre las rocas y fuera del sendero. Parece que viene entrenando, con malla larga, chubasquero,…y le pregunto a ver si es de la carrera (en inglés y en francés), pero no habla estos idiomas y me responde en italiano algo que no entiendo muy bien. Así que le vuelvo a preguntar a ver si está entrenando y me dice que sí. Entonces sigo tranquilamente para arriba esperando ver la luz de Ulrich, pero sigo sin ver nada. Olvidé coger agua en el control y le pregunto a mi “compañero” si sabe donde hay agua, y me dice que cuando empecemos a bajar (es raro que no me haya ofrecido de la suya, cuando aquí todo el mundo estaba más que predispuesto a darte lo que sea). Está amaneciendo y hace un frío del carajo. Paro a ponerme los guantes y por primera vez mi “compañero” dice que continúa. Lo dejo ir, total está entrenando y sigo a mi ritmo, pensando que Ulrich debió pasar con más de una hora, ya que aquí, la gente de los controles era un desastre con los tiempos (sólo en eso, por lo demás chapeau por ellos). Así que llego a Loo, otro control y me dicen que acaba de pasar el primero hace cuatro minutos. Les digo que es imposible, ya que debería haberle visto. Y me repiten que sí, que acaba de pasar con una malla larga y un chubasquero; eh!!!!!!!!!!!!!!!!, me quedé perplejo, de piedra, flipando en colores. No sabía que pensar, pero de lo que no cabía duda era que tenía que seguir.


Ya había amanecido y en poco tiempo llegué al quinto campo de vida, Gressoney S.J. (km. 200). Paro a comer y salgo enseguida. El estómago lo noto pesado, pero a seguir. Me acompaña por una pista un coche de la organización y le pregunto cuánto tiempo lleva el primero y me dicen que el primero soy yo. Joer, vaya cacao, no entiendo nada. Hasta que me dicen que Ulrich se quedó a dormir en Gressoney. Pues nada, a subir por otra más de las jodidas y duras sendas de este recorrido.


Durante el día el calor es agobiante y peor todavía subiendo. Se hace muy dura esta subida, pasamos por dos refugios, donde paro a comer algo, pero el estómago cada vez me admite menos comida. En estas paradas he perdido más tiempo, pero necesito algo más de energía para afrontar la dura subida al collado de Pinter (2.776m). Aquí el calor ha hecho daño. Voy subiendo despacio y veo al italiano detrás. Llegué arriba primero, pero paré a comer una barrita y nos unimos en la bajada. A la senda por la que bajábamos también se podía acceder por pista, y en algunos tramos había coches donde salía gente para pasarle comida, geles,…. al italiano. Yo vi que llevaba una riñonera y le pregunté a ver si llevaba todo el material obligatorio en ella, pero no entendí bien la contestación. Llegamos juntos al siguiente campo de vida en Cretaz (km236) y él no para a comer??? Pero sale con una mochila como la mía???
Este sector de la carrera es más “corrible” una vez subes al refugio de Barmasse. Aquí se me echa de nuevo la noche encima. El inconveniente es que estamos casi siempre por encima de los 2.000m y la senda es estrecha y con tramos bastante técnicos y, además, de noche y con las fuerzas ya al límite. Por si fuera poco, las subidas y las bajadas, aunque no son tan largas como hasta entonces, son bastante más cortas, pero muy duras. El italiano me saca unos 40 minutos, pero voy bien y creo que puedo recuperarlos. El sueño empieza a apoderarse de mí y empiezo a tener palpitaciones. Tengo que desabrochar la parte frontal del camelback, para poder sentir que respiro. En algún momento siento que voy subiendo con los ojos cerrados. Siento la respiración. Llega un momento en el que necesito beber algo, pues no he podido comer nada. Por primera vez me siento en una piedra para parar a beber y…………………me quedo dormido encima de ella. Por suerte, al estar a tanta altura, el frío apareció enseguida y me desperté sobresaltado, jurando que no lo volvería a hacer y que tenía que tirar para arriba sin parar hasta llegar al siguiente control y dormir un poco.


Así llegué al refugio de Cuney sobre la una de la madrugada. Aquí intenté dormir algo más de una hora, pero fue imposible. A los 55 minutos ya estaba en pie, pues tampoco podía dormir nada de los dolores que tenía. Seguí subiendo hasta llegar al Bivac de Clairmont (2.705m). Intenté comer algo, pero lo vomitaba, así que salí de nuevo y aquí empezó mi calvario.


La rodilla se negaba a seguir. Me dolía mucho cuando estaba terminando de subir el último collado antes de empezar la larga e interminable bajada a Closé. Pensé que en la bajada me molestaría menos y en la primera parte, que era de piedra suelta y muy pendiente, bajé como un obús, pero cuando desapareció el pedrero y comenzó la senda, también empezó el infierno. Mi rodilla dijo basta. El dolor era insoportable. Intentaba apoyarme en los bastones, pero ni así. NO podía levantar la pierna ni cinco centímetros del suelo. Y quedaba una eternidad hasta el control de Closé. Y de noche. En este momento se me vino el cielo encima. Mi ilusión era acabar y pensé que aquí se había terminado todo. Bajé arrastrando, literalmente, la pierna. Lo que era para bajar en 40 minutos, tardé más de dos horas sufriendo lo que no está escrito en los libros de tortura. Pensé, ya no sólo en mi, sino en la gente que había puesto muchas esperanzas en mí (amigos, familia, fisio, medios,…), todo al traste. Llego a Closé cuando acababa de amanecer. Cuando me vieron llegar a Closé, tuvieron que agarrarme (se adjunta foto).


Tuve la enorme suerte que en este control había puesto sanitario. Me tumbaron enseguida en la camilla y empezaron a hacerme las clásicas preguntas de dónde me duele, cómo había sido,… Me dieron un masaje en las piernas, después un analgésico (creo que feldene, pues tuve que ponerlo debajo de la lengua). Seguían dándome masajes e intentaron que comiera algo, pero ahora tenía otro problema. No distinguía los sabores. Había perdido el gusto. Todo me sabía igual y me picaba la lengua.


Después de casi dos horas intenté ponerme de pie, pero el dolor seguía sin dejarme mover la pierna. Me dieron otro analgésico y dijeron que éste era más fuerte. No tengo ni idea de qué era; lo único que sé es que era una especie de palillo que terminaba en forma de bola y tenía que chuparlo. De vez en cuando me lo sacaban de la boca y comentaban que tenía que seguir un poco más. No tengo ni la más remota idea que diablos veían en el dichoso palillo. Después de otras casi dos horas me volví a levantar; si al menos hubiese podido dormir algo, pero nada de nada. El dolor ha disminuido pero sigue ahí. Hago intentos por correr, pero lo veo difícil. Me aconsejan que no salga, pero hay una enfermera que me dice que si el dolor sigue puedo parar en el siguiente control (quiero agradecer enormemente el maravilloso trato de esta enfermera de la que desconozco su nombre).


Finalmente salgo andando, pero como es cuesta arriba y tampoco se puede correr no tengo problemas. Por causas que todavía desconozco, el dolor desaparece bastante (quizás los analgésicos…). Ahora, incluso puedo correr y con menos dolores musculares, sólo la molestia de la rodilla pero ya he perdido casi 6 horas y el francés Guillaume se acercó bastante a mí.


Me voy encontrando mejor e incluso me permito el lujo de correr rápido a estas alturas de la prueba. También es cierto que el terreno favorece, pues es una pista de hierba casi llana. Así llego a la sexta base de vida en Rey. No recuerdo exactamente la hora, pero sería a primeras horas de la tarde. Intenté comer algo, pero me era imposible. En cuanto salía, vomitaba todo, por lo que tenía que suplir la ausencia de comida con geles y bebidas. A pesar de todo, llegué muy cómodo a Saint-Rhemy. Desde aquí comenzaba la última subida dura hacia el collado de Malatra (2.925m).


Cuando empezaba la subida debió pasarse los efectos de los analgésicos y rodilla comenzó a doler otra vez bastante. Además empezó a anochecer y pensé que si la cosa seguía a mayores no podría llegar, con lo poco que me quedaba. Esta subida se me hizo muy dura. Volvieron a aparecer las palpitaciones y la respiración era agitada. No tenía ganas ni de comer, ni de beber, sólo seguir, seguir y seguir. Es una autentica batalla mental tomar la decisión de continuar hora tras hora. Me está costando "media vida" esta experiencia..., y si al menos pudiera disfrutarla.


Lo bueno de todo esto fue que la bajada del collado de Malatra se me hizo muy cómoda y pude correr a buen ritmo (todo lo que mi rodilla y mis cuádriceps me permitían) hasta llegar al refugio de Bonatti. Aquí no paré ni cinco minutos. Quería acabar cuanto antes y que no se enfriara la rodilla para que el dolor no fuera a mayores. El tramo desde el refugio de Bonatti al refugio de Bertone se me hizo interminable, a pesar de ser un trayecto muy cómodo, con una buena senda casi llana con algunos repechos. Además ya empiezas a ver las luces de las ciudades al fondo. Sobre las 23:30 llegaría al refugio de Bertone. Desde aquí ya se ve Courmayer, pero quedaba la dura y pedregosa bajada hacia la ciudad. Por si fuera poco había empezado a llover y me decían que el francés estaba a 30 minutos, por lo que tuve jugarme un poco los pies bajando.


A las 00:40 minutos de la madrugada del miércoles se acababa el sufrimiento y entrabas en la gloria. 86 horas corriendo, prácticamente sin dormir. Acabar aquí es un triunfo, hagas lo que hagas, emplees el tiempo que emplees, esto es agónico, pero la recompensa, la satisfacción final no tiene precio.



RESUMEN



Durante estos días he pensado sino salí demasiado rápido. Quizás arriesgué demasiado, y cometí un error, pero no hay errores, sólo lecciones. El crecimiento es un proceso de prueba y error: es una experimentación. Los experimentos fallidos forman parte del proceso en igual medida que el experimento que funcione bien.
El dolor es un gran maestro. Los únicos límites son aquellos que tú mismo te pones. Cuando te atreves a salir de tu círculo de comodidad y explorar lo desconocido, empiezas a liberar tu verdadero potencial humano. Cuando se fuerzan los límites, estás abriendo reservas físicas y mentales que ni siquiera imaginabas tener. Lo único que se interpone entre la gente y sus sueños es el miedo al fracaso. Sin embargo, el fracaso es esencial para triunfar. El fracaso nos pone a prueba y nos permite crecer. Cada flecha que da en la diana es el resultado de cien flechas erradas. Y triunfar no significa llegar el primero. En este caso significa sólo llegar.
He tenido muchos daños colaterales: los ya clásicos de uñas negras, tendinitis en la rodilla, pérdida del sabor durante dos días, palpitaciones, sangre por la nariz y alteración del sueño. Pero al final siempre merece la pena. La expresión que más he oído estos días es que estamos locos, como cabras, que nos falla algo,…pero escuchar eso ahora mismo es sinónimo de cualquier piropo. Me suena bien!!!
Quiero hacer una mención especial al grupo de españoles que fuimos y que cuando daba por perdida mi maleta estaban dispuestos a ayudarme en lo que necesitase. Y ánimo para los que tuvieron que retirarse.
Felicitar a la organización por lo bien que lo hicieron y especialmente a los voluntarios y gentes de los pueblos que nos trataron de una manera increíble.

10 ago. 2010

ALTOS TATRAS Y TATRAS DEL OESTE (ESLOVAQUIA-POLONIA) 03 AL 06/ 08/2010

ALTOS TATRAS

1 de Agosto, domingo:

Salimos de Benasque por la mañana después de haber corrido el día anterior el Ultra
Trail del Aneto, con dirección a Santander, desde donde tenemos que coger el avión
que nos llevará a Milán a las 21:30.

2 de Agosto, lunes:

Otro avión desde Milán a las 10:45 de la mañana que nos llevará a Cracovia (Polonia).
Llegamos a esta ciudad a las 12:35. Un microtrén nos acerca al centro de la ciudad.
Desde aquí cogemos enseguida un bus que nos lleva a Zakopane que tarda unas tres
horas y buscamos alojamiento. En esta ciudad hay puntos de información (Pokaje)
donde te buscan alojamiento, y en uno de éstos nos buscan un lugar donde pasar la
noche (una casa inmensa con habitaciones, algo típico en esta ciudad). Durante la
tarde buscamos información de horarios de autobuses y mapas de los Tatras para
hacer el cruce de los mismos. Finalmente decidimos salir al día siguiente en un bus a
las 6 de la mañana que nos llevará a Zdiar (Eslovaquia), donde empieza oficialmente
el cruce de los Tatras y que, si la cosa va bien, acabará en Zuberec (Eslovaquia).
Aunque empieza y termina en Eslovaquia, una tercera parte de la ruta pasa por
Polonia, y algún otro tramo es compartido por ambos países.
3 de Agosto, martes (mi cumpleaños, que casualidad):

El autobús nos deja en la primera parada de Zdiar (900 m), un pequeño pueblecito de
montaña. Desayunamos en un banco algo que habíamos comprado el día antes y otro
poco que nos dieron en el llamémosle “hotel”. El día es soleado y eso nos permite salir
en pantalón corto y manga corta. Comenzamos a andar, para ir calentando antes de
correr, a las 7:15 de la mañana. Al principio por una pista. Íbamos un poco tensos
debido a que no sabríamos si acertaríamos con la senda, ya que sólo llevábamos un
mapa y un pequeño libro, pero a medida que avanzábamos nos dábamos cuenta que
estas montañas están muy bien marcadas y que prácticamente es casi imposible
perderse si tomas las mínimas precauciones. Enseguida la senda empezó a ponerse
cuesta arriba, pero cuesta arriba de narices, por el valle de Moncova, un bosque
eurosiberiano de arces, serbales, abedules, hayas, abetos,… y con arroyos que te
permitían coger agua para beber sin ningún problema. Llegamos al collado de Siroké
(1825 m), desde donde ya se empiezan a divisar las moles montañosas y el calor
apretando. En los collados o valles donde confluyen sendas que vienen de otros
lugares están marcados con postes que te indican el lugar siguiente y el tiempo
aproximado en llegar. Además las sendas están marcadas con diferentes colores para
distinguirlas. Nosotros empezamos en la verde. En el collado de Kopské, dejamos la
senda verde y cogemos la azul durante poco tiempo, ya que a la altura del lago Vel’Ké
Biele (1615m) debemos seguir por la roja, que es la que más utilizaremos en el
recorrido. Así llegamos por una buena senda, generalmente de tierra y entre altas
praderías al refugio de Zelené Pleso (1550m). Aquí muchos refugios son accedidos por
pequeñas carreteras, desde la carretera principal, por lo que están muy confluidos.
A partir de aquí empieza el verdadero ambiente alpino y montañoso. En un principio
dudamos entre seguir la senda o atacar directamente a una montaña a saco por un
espectacular valle para acortar. Y aunque supuestamente era más corto, era mucho
más espectacular, pero no estaba marcado, por lo que lo desechamos (luego creímos
que no era tan difícil, pero era al principio y no sabíamos lo que teníamos por delante,
quizás para otro año…). A partir de aquí comienza una fuerte subida por piedra y roca
en zig zag, con algún tramo de cadenas, más que nada por seguridad, pues no es
difícil, que nos lleva al collado de Svist’ovka (2037m) para comenzar un suave
descenso hasta el refugio de Skalnaté Pleso (1750m) donde hay un teleférico que te
sube al pico Lomnicky (2634m) que tiene un observatorio, por lo que decidimos no
subirlo, ya que está muy masificado. Así que a seguir corriendo por esa senda de
piedra, donde las vistas a la izquierda es de una planicie con bosques y pueblos a lo
largo de la carretera y a la derecha unos preciosos murallones de piedra con diversos
arroyos y cascadas. Llegamos a un nuevo refugio, Zamkovskeho (1475m) donde unos
metros después dejamos la senda roja, para coger la azul que nos introduce en el
corazón de los Tatras. Subimos a lo largo del río Studeny (1285m) hasta llegar al
refugio de Zbojnocka (1960m). Al principio por un frondoso valle de abetos que dan
paso a un ambiente rocoso y glaciar donde todavía queda algún nevero. Después del
refugio el ascenso es con fuerte desnivel, rocoso hasta llegar al collado de Prielom
(2290m) desde donde las vistas son espectaculares, sobre todo cuando miramos para
abajo y vemos por donde tenemos que bajar. Vaya verticalidad. La suerte es que esa
pequeña canal tan estrecha es una vía ferrata que está equipada con hierros y
cadenas, lo que la hace especialmente entretenida.
Nada más bajarla, con unos preciosos lagos a la derecha (Zamrznute, 2015m), tenemos que dejar la senda azul
para coger la verde al subir al collado de Pol’sky Hreben (2200m). El descenso desde
este collado es espectacular, bajando por el lago Dlhé (1940m), el lago Velické (1670m)
que está justo al lado del refugio Sliezsky Dom (1700m) que es donde teníamos
pensado hacer la primera parada para dormir, ya que llevábamos 10 horas dándole a
las piernas y unos 40 km con unos 3.000 m de desnivel positivo y unos 2.200 m de
desnivel negativo. Pero como todo viaje que se hace a “la ligera” siempre hay
sorpresas y aquí nos llegó la primera. El refugio estaba cerrado por obras y no nos
apetecía seguir corriendo hasta el siguiente que estaba bastante lejos. Intentamos
mirar la posibilidad de vivaquear allí. Pero vimos que una senda nos bajaba hasta un
pueblo al lado de la carretera. A pesar de las pocas ganas que teníamos no había otra
opción, así que a seguir corriendo otros 8 km más cuesta abajo hasta llegar al
pequeñito pueblo de Tatranska Polianka (990m). Suma otros 8 km más y 700m de
desnivel. Y ahora a rezar que haya alojamiento. Pero la suerte nos sonrió. Un bonito
hotel con una señora superagradable nos acogió y se ofreció llevarnos al día siguiente
hasta el refugio que estaba cerrado en coche, pues sube una pequeña carretera, pero
hay que tener permiso para subir en coche y ella lo tenía. Además así nos pudimos dar
una buena ducha y dormir en cama calentitos y recuperar para el día siguiente.
FIN DE LA PRIMERA ETAPA

4 de Agosto, miércoles

Mal asunto. Abrimos la ventana y sólo vemos una densa niebla blanca y húmeda. En
fin, tampoco hay muchas opciones ni mucho que pensar, hay que seguir. La ruta no
parece difícil.
La señora nos ofrece un desayuno espectacular. Ya tenemos reservas para todo el
día. Madre mía, que manera de comer. Nos sube al refugio de nuevo y empezamos de
nuevo a correr y, casualidad, a la misma hora que ayer, a las 7:15 de la mañana. Lo
único que ahora tenemos que seguir de nuevo la senda roja. Lo cierto es que no
vemos nada, sólo niebla y más niebla, pero la temperatura no es fría. Pero ahora
tenemos otro problema. La roca está muy húmeda y resbaladiza, ya que en muchos
tramos tiene una especie de musgo verde que hace que nos vayamos al suelo en
varias ocasiones y que no nos deja correr a gusto. Llegamos al lago Batizovské
(1884m). Desde aquí teníamos intenciones de subir al pico más alto de los Tatras, el
Gerlachovsky (2654m), pero las malas condiciones meteorológicas hacen que
desistamos de ello, muy a nuestro pesar. Continuamos por el valle de Stolska (1850m)
sin ver nada hasta llegar al collado de Ostrvou (1966m) donde comienza un descenso
vertiginoso hasta el lago Popradské (1495m) y al refugio Popradské Pleso (1500m).
Durante el descenso fue uno de los pocos momentos que despejó y pudimos
contemplar los inmensos bosques con el refugio y las montañas de fondo. Pero fue
efímero. En este refugio dejamos la senda roja y cogimos la azul, pero durante muy
poco tiempo, para ir de nuevo a la roja que nos introducirá otra vez a la parte más
agreste y salvaje de los Tatras. Pasamos los lagos de Zabie (1921m) y llegamos al
refugio de Rysy (2150m) que también estaba cerrado por obras. Seguimos subiendo
por un pedrero hasta un collado donde hay que agarrarse a unas cadenas que nos
llevará al pico Rysy (2503m). Este cumbre es compartida por Polonia y Eslovaquia
y es la más alta de Polonia.
La niebla no nos dejaba ver nada. Y a partir de aquí comienza
el espectáculo. La bajada del Rysy es alucinante, con una verticalidad espectacular y
montones de cadenas y más cadenas para bajar. Son 1000 m de desnivel a saco que
nos llevarán hasta los lagos de Czarny Staw (1583m) y Morskie Oko (1500m), dos de
los mayores lagos de los Tatras, que uno es accedido por carretera ya que está al lado
del refugio Morskeoko (1405m). Aquí volvemos a abandonar la senda roja para tomar
la azul en un ascenso hasta el paso de Swistowa (1850m) y llegar al refugio de Przedni
Staw Polski (1670m) justo al lado del lago del mismo nombre y el mayor de los Tatras.
Continuamos subiendo por la senda empedrada y por un pedrero para llegar al collado
de Zawsat (1890m) donde dejaremos la senda azul para retomar la roja y que nos
subirá al pico Svinica (2301m) con pasos de cadenas, algo que es bastante frecuente
en estos picos. Continuamos toda la cresta pasando por diversos picos:
Postredná(2128m), Beskid (2012m), Kasprowy (1978m) donde sube otro teleférico,
collado de Kondracké (1863m) donde dejamos el collado y la senda roja para hacer un
precioso descenso por la senda verde hasta el refugio de Hala Kondratowa (1335m).
Al comienzo del descenso pudimos ver dos osos, que emitieron un rugido, que nos
hizo acelerar el ritmo, aunque por suerte (para nosotros) se perdieron en la niebla.
Pues nada, otra etapa más. 11 horas y cuarto corriendo, 42 km aprox. 3.000 m de
desnivel positivo y 3.500 de desnivel negativo.
Y otra sorpresa, como no iba a ser menos. El refugio está lleno. Sólo caben 20
personas. Pero como todo tiene solución, la chica muy amable nos deja esterillas y
dos mantas para dormir en el comedor. Para nosotros es suficiente. La cena es muy
buena, pues puedes pedir varios platos y es barato.
Hasta aquí acaban los Altos Tatras, que era el objetivo principal. Esta ruta stá
marcada en varios libros para hacerla en cinco días. La verdad es que si te propones
hacerla más rápido se podría hacer, sobre todo ahora que conoces el sistema y
como funciona todo. Nosotros no forzamos nunca el ritmo, ni fuimos a saco en ningún
momento. Nos tomamos nuestro tiempo para hacer fotos y tomar algún café o té en
algún refugio, ah y no se os olvide pedir los pasteles de manzana, es de lo mejor que
he comido, eso sí que es mejor que cualquier barrita energética. Es una referencia por
si alguien se anima a hacerla para que sepa lo que hay.

TATRAS DEL OESTE

5 de Agosto, jueves

El único inconveniente que tuvimos en este refugio es que el desayuno no lo dan hasta
las 7 de la mañana, aunque la chica nos dijo que podría apurar hasta las 6:30, pero
nosotros queríamos salir antes, ya que amanece a las 5 y además queríamos hacer
todos los Tatras del Oeste en un solo día, unos 53 km de recorrido, con unos 3.000 m.
de desnivel positivo y 4.500 m. de negativo. Así que decidimos que desayunaríamos
en el siguiente refugio y saldríamos a quemar grasas a primera hora de la mañana.
El día amaneció bueno. Sólo se veía alguna nube por las cumbres, pero parecía que
nos iba a respetar la ruta. Así ocurrió, más o menos. Sólo tuvimos algunos momentos
que se nos cerró en las crestas, pero fue durante poco tiempo y, en general, pudimos
disfrutar de un buen día.
Arrancamos a las 6 de la mañana del refugio Hala Kondratowa (1.335m) ahora por la
senda azul en continuo ascenso por un bosque hasta llegar al pico Giewont (1.895m)
donde abandonamos esta senda para coger la amarilla que nos llevará de nuevo a la
cresta hacia el collado de Kondracka (1.725m), donde enlazamos con la senda roja
que habíamos abandonado para bajar al refugio el día antes. Ahora se trata de seguir
siempre por toda la cresta subiendo todos los picos y bajando hacia los collados. Se
trata de una cresta, a veces, muy agreste, con pasos de cadenas en algunos picos,
pero que en otros tramos es muy corrible. Así, llegamos al pico Kondratova (2.005m),
Kresanica (2.200m), cdo. de Chuda (1.885m), cdo de Tomanovské (1.687m). En este
paso volvemos a abandonar la cresta que va por la línea roja para bajar al refugio a
desayunar, ya que habíamos salido en ayunas, por lo que tomamos la senda verde
que nos bajará por un valle alpino inmenso y espectacular entre enormes abetos hasta
llegar al refugio Hala Ornak (1.100m). Aquí nos metimos un buen desayuno. Un inciso.
Hasta ahora podíamos pagar en euros en la mayoría de los refugios, aunque
estuvieran en Polonia, como el anterior, pero en éste sólo admiten Zlotis, así que, si
vais por allí, tenedlo en cuenta, pues en Polonia aún no tienen el euro. En Eslovaquia,
lógicamente no hay problemas con la moneda. Eso sí, son baratos, todavía asequibles
para nuestro bolsillo. Hasta aquí tardamos unas tres horas. Ahora, con el estómago
lleno, vamos a continuar la ruta un poco más alegres. Ahora cogemos la senda
amarilla que nos sube al collado de Iwaniacka (1.459m) punto donde la abandonamos
para girar a la izquierda y coger la senda verde y tomar la senda verde hasta subir al
pico Ornak (1.853m), en continuos ascensos y descensos llegamos al collado de
Gaborovo (1.937m), donde, de nuevo, enlazamos con la cresta y la senda roja que
abandonamos para bajar al refugio Hala Ornak. Y ahora sí que ya no abandonaremos
esta cresta hasta prácticamente hasta el final. Y de nuevo ascenso de picos con
cadenas y bajadas a collados constantes, aunque no tan técnicos como en los Altos
Tatras. Así vamos pasando por el pico Bystrá (2.248m), Klyn (2.173m), Koncistá
(1.993m), Hruby (2.137m), cdo de Hrubym (1.820m), Volovec (2.063m); este pico
quizás fuera el más delicado, aunque con las cadenas es un seguro; pico Ostry Rohac
(2.087m), Paclivé (2.124m). A la altura de este pico sale una senda amarilla que
enlaza con una verde que te lleva al refugio de Ziarska (1.289m). Es una opción para
quien quiera pasar aquí otra noche, pues no queda lejos y luego puede enlazar de
nuevo con la cresta siguiendo por la senda verde. Desechamos esta opción porque
íbamos con tiempo y porque la cresta nos parecía más interesante, más técnica y más
entretenida. Creo que se gana sobre una hora de tiempo si se va por la cresta que si
se baja al refugio, pues tanto la bajada al refugio, como la subida de nuevo a la cresta
son muy asequibles para correr, no así la cresta. Así que continuamos nuestro
cresterío por el collado Smutné (1.962m), pico Hruba (2.166m), Banikov (2.166m).
Aquí enlazaría la senda verde que sube desde el refugio de Ziarska. Seguimos al pico
Pachola (2.166m), Spalená (2.083m), Salatín (2.047m), Brestová (1.902m), desde
donde comienza una estupenda senda para correr hasta el collado Palenica (1.573m)
y desde donde ya veíamos Zuberec, que era nuestro destino final. Miramos el reloj y
comprobamos que íbamos en tiempo, pero quizás algo justos, pues queríamos coger
el último bus que nos llevaría a Zakopane de nuevo para dormir. El bus pasaba a las
18:50 así que en el collado Palenica, donde ya abandonamos la cresta y la senda roja
para coger la senda amarilla avivamos el ritmo un poco. En un principio era difícil
correr, pues la senda era pedregosa, como labrada por un torrente de agua con
muchas piedras, pero luego se convirtió en un precioso bosque donde te estimulaba
para correr. El caso es que la señal que había en el collado nos indicaba que en 2h 10’
se podía bajar andando y finalmente lo conseguimos en 40 minutos, llegando con
tiempo de sobra para comernos algo de fruta, unos refrescos y unos helados en una
tienda (todo bien merecido!!!!). Llegamos a Zuberec (750m) después de estar casi 12
horas pateando por el monte. Esta ruta también está en algunos libros para hacer más
tranquilamente en tres días. Pero claro, como todo, también se puede hacer en menos
horas. Cada uno que elija la opción que más le guste. OBJETIVO CONSEGUIDO.
Nos vamos en el bus de vuelta a Zakopane, pero como hay un festival en este lugar,
no encontramos donde dormir. Donde dormimos el primer día y habíamos dejado la
otra mochila estaba lleno y nosotros habíamos reservado para la noche siguiente.
En todo viaje y casi todos los días, nos depara alguna sorpresa inesperada. No iba
a ser menos hoy. Preguntamos en varios lugares y todos estaban llenos. Estábamos
a punto de irnos en taxi para Tatranska Polianka, donde dormimos la primera vez
en la ruta, pero al final un taxista nos indicó un hotel, que por suerte tenía plazas
para dormir. Y claro, como nuestra mente está ya atrofiada y no tiene solución no
se nos ocurre otra cosa que intentar de nuevo subir el pico Gerlach, el más alto,
que no conseguimos subir el segundo día. Nada de descansar y salir de juerga, no
señor, nuestra juerga es correr y subir picos y más picos, sufrir y sufrir,….. Otra vez al
madrugón de nuevo al día siguiente. Otra vez a coger el bus a las 6 de la mañana. Eso
sí, nos ponemos moraos a cenar. Una cosa no quita la otra.

6 de Agosto, viernes

Como ya dije anteriormente, a las 6 de la mañana cogemos un bus que esta vez nos
lleva a Stary Smokovec. En el bus vamos desayunando algo que habíamos comprado
el día anterior. Llegamos a esta pequeñita ciudad a las 7:15, aunque casi nos
despistamos y seguimos en el bus hasta Poprad. Miramos al cielo y las condiciones
están malas, se ve muy nublado, con niebla metida en las cumbres, por lo que el
ánimo no es muy bueno y miramos como alternativa cruzar los Altos Tatras de sur a
norte. Pero, de momento vamos a subir a ver qué ocurre.
Desde este lugar comienza una subida por una senda amarilla, como casi siempre por
bosques que nos lleva al refugio de Sliezsky Dom (1.700m), refugio por el que
pasamos en la primera etapa y donde habíamos pensado dormir, pero que estaba
cerrado por obras. Aquí continuamos por la senda roja, también igual que en la primera
etapa hasta llegar al lago Bativozské (1.884m). Y aquí es donde hay que dejar la
senda y empezar la ascensión. Nos sentamos a la orilla del lago para desayunar algo y
debatir que hacíamos, pues el tiempo era bastante malo. La niebla había bajado más y
estaba ya casi en el mismo lago metida. Pero una vez llegado hasta allí, decidimos
subir, por lo menos, hasta que las condiciones no empeorasen todavía más y mientras
pudiésemos ver, seguiríamos para arriba. Así que rodeamos el lago por la derecha y
vemos una pequeña senda, que intuimos, nos llevará hasta la base del pico Gerlach.
La senda se empina bastante, cruzamos un pequeño torrente donde cogemos agua,
seguimos subiendo y la niebla ya está metida, pero podemos ver algo, y de pronto la
senda nos enfoca a una canal bastante vertical y ya en plena roca. Vemos unas
cadenas, por lo que sabemos que estamos en el buen camino. La ascensión es
bastante vertical, la primera parte con cadenas y alguna ferrata te da la sensación de
subir con seguridad. Luego hay que ir fijándose en algunos clavos clavados en la
pared para tener la certeza de que estamos subiendo por el lugar correcto, ya que la
niebla nos impide ver muy poco. Cuando no hay clavos surgen dudas de cuál será la
canal correcta a seguir, pero nos vamos dejando llevar por la intuición y por algunas
señales imprevistas (botellas, kleenex, pisadas,…) que te hacen ver que vamos bien.
Seguimos subiendo, porque como ya he dicho, la ascensión tiene mucha inclinación,
aunque es segura, pero como también dije, se puede uno equivocar, como nos pasó
en el tramo final, ya que accedimos al último collado, por la canal equivocada, pero
que tenía fácil salida y acceso a la cumbre hacia la izquierda. Nos dimos cuenta
cuando llegamos a la cumbre y para bajar había unas cadenas puestas, que no vimos
al subir. Lo bueno es que conseguimos hacer cumbre a pesar del mal tiempo y nos
inundó una satisfacción increíble. A pesar de que todavía quedaba la bajada. Pero
bueno, después de disfrutar de la cumbre, comenzamos a bajar intentando fijarnos en
algunos detalles que habíamos visto mientras subíamos. Aún así no hicimos la misma
ruta de subida que bajada, pero tampoco tuvimos ningún inconveniente en acertar con
la ruta correcta. Incluso hubo un momento que despejó, justamente cuando
llegábamos a las cadenas y a las ferratas, pero fue efímero, ya que se volvió a cerrar
enseguida. Pero ya lo teníamos hecho. Descendimos sin ningún problema, cogimos de
nuevo la senda y a la altura del lago, volvimos a parar para comer algo. No habíamos
terminado cuando de pronto sonó un tronido, que nos hizo salir a la carrera. En
cuestión de minutos se desató una tormenta y comenzó a caer agua a mares. No
paramos de correr hasta que se pasó la tormenta. Ahora sólo quedaba deshacer el
mismo camino que habíamos hecho subiendo para llegar de nuevo a Stary Smokovec.
Conseguimos hacer todo esto en 7 horas y media. Ahora sólo quedaba saborearlo con
unos buenos pasteles, helados y una buena piba. El caso es que pedimos unas
buenas pibas y, coño, nos traen dos cervezas. Joder, de esas ya las he probado, yo
quería de las otras!!!!!!!!!!!!! (P.D.: piba en polaco, checo, ruso,…es como se dice
cerveza en estos idiomas).
Pues nada más, como nos quedaba otro mediodía, lo aprovechamos para hacer el
clásico turismo gastronómico y cultural por Cracovia.

Ahora a pensar en el siguiente objetivo, que probablemente sea el TordesGeants en
Italia.
FOTOS:



















9 ago. 2010

ULTRA TRAIL ANETO 2010

Ahí va la crónica. A ver si esta semana puedo poner la de los Tatras:

ULTRA TRAIL ANETO (BENASQUE- HUESCA) 31/07/2010

Como la mayoría de la gente sabe, esta carrera es en autosuficiencia total y sin marcas, aunque, según la organización, el recorrido es fácil pues está muy bien definido por las marcas de los GR’s que hay que seguir. Bueno, ya veremos que no es tan fácil….

No iba yo a esta carrera con muchas pretensiones, pues había estado los últimos 15 días tocado en el culo, yo creo que del piramidal, según el fisio, la inserción del isquio o del glúteo en el hueso del culo. Bueno, es igual, el caso es que Javier Elorrieta, del Grupo Fisioclinícas, hace maravillas con sus manos…y “putadas” porque cada vez que voy a verlo me hace de todo menos cosquillas. Aún así, como no había podido entrenar fuerte y tenía bastantes molestias, venía con bastante preocupación, y eso que el fisio me dijo el jueves: …a correr…, bueno, pues le haremos caso (y es que no se equivoca el tío….gracias majo).

Antes de la salida te hacen una revisión del material obligatorio, aunque en realidad no lo miran todo, pero yo soy legal y me gusta llevar lo que piden.

762 participantes venidos de España además de Portugal, Francia, Andorra, Gran Bretaña, Estados Unidos, Italia, Paraguay y Trinidad y Tobago, se han repartido entre las tres carreras del Trail del Aneto de 42, 67 y 96 km.

Se da la salida a las 8 de la mañana con una temperatura muy agradable y nos reunimos un pequeño grupo en cabeza que vamos subiendo tranquilamente hasta que cogemos el desvío del valle de Ballibierna, donde ya nos ponemos tres en cabeza: un portugués, un balear (Miguel Capo) y yo. El portugués parece que va sobrado, pues de vez en cuando, pega un tirón y se va unos cientos de metros, pero luego se relaja y le volvemos a coger. Esto lo va haciendo varias veces y a mí me mosquea un poco; coño este tío va tocándose las narices. Pues no. En cuanto llegamos al puente de Corones, al lado del refugio, justamente cuando todavía llevábamos una hora y cuarto, el portugués va y se para y dice que no sigue. Joer, eso también lo sé hacer yo…
El caso es que nos quedamos solos Miguel y yo y así seguimos juntos hasta llegar al collado de Ballibierna (2.732 m). En la bajada por unos neveros el balear se queda y me voy en solitario. La verdad es que iba cómodo, sin forzar mucho, pensando que todavía quedaba mucha carrera. Así que paso Llausets y bajo por el valle d’Angllos “disfrutando” de la carrera, pues esta parte es bastante técnica y me resulta atractiva. A veces sentía alguna molestia en el culo, pero lo cierto es que no me llegó a impedir correr en ningún momento y solamente fue por poco tiempo.

Así que sigo corriendo y llego al embalse de Senet y aquí es donde se lía parda. Dos chicas me dicen que pase por debajo del puente, donde hay una marca y luego otra que te sube a la carretera. Veo unos postes con pintura roja y blanca y sigo carretera abajo. Voy pasando unos túneles y ya me voy dando cuenta que esto no me cuadra. Tanta carretera no es normal. El caso es que había mirado el mapa, pero lo interpreté mal, pues como la marca de la carrera en el mapa es roja y las carreteras marcadas en el mapa también, seguí el rumbo de la carretera, así durante 10 km, hasta que me paré. Al rato llegó detrás de mi Miguel, pues había preguntado en el puente y le dijeron que habían visto a uno corriendo por la carretera y él detrás. Vaya putada. Al final paramos un coche para que nos subiera, pero ya habíamos perdido cuando llegamos de nuevo al puente una hora y 10 minutos (ya he leído en algún sitio, que media hora; de eso nada, por mi reloj fue una hora y 10 minutos).
Ya os podéis imaginar el cabreo. Reconozco que la carrera es sin marcas, pero es que 800 metros más arriba había un control con 14 personas. Coño, distribuir a la gente en los pasos más complicados no cuesta tanto. El caso es que no sabíamos cuantos corredores nos habían pasado, ni el tiempo que nos sacaban, por lo que yo pensé en abandonar en Vielha. Iba muy desanimado, pues fue demasiado tiempo perdido.

Subiendo el Port de Vielha (una subida fuerte y dura), vamos adelantando a otros corredores y nos dicen que ahora iremos por el quinto puesto, más o menos. Sigo como un autómata y continúo pasando corredores.
Curiosamente llego a Vielha en segundo lugar y me dicen que el primero ha pasado hace 10 minutos. Aunque ya llevamos más de la mitad de la carrera y no es fácil recuperar ese tiempo, se me pasa lo del abandono y continuo, pensando que todavía puedo cogerle. A partir de aquí, la organización ha puesto marcas, pues es un terreno un poco más complicado, que te puede despistar.
Intento subir rápido para ir recortando tiempo, pero cuando bajaba por un collado de hierba, donde no hay senda y había banderas naranjas, poco antes de la cabaña de Geles, que había que seguir, de pronto desaparecen. Bajo por el collado y no hay marcas; vuelvo a subir hasta la última y veo una hacia la derecha, bajo, pero después tampoco hay marcas; vuelvo a subir y bajo hacia la izquierda, y tampoco hay marcas. Así que, cabreado de nuevo, me siento a ver el mapa y no me orienta nada. Subo más arriba, bajo más hacia la izquierda y veo una senda y una marca. Os podréis imaginar lo que bajó por mi mente en esos momentos. Joer, si se ponen marcas, que se pongan bien, coño. Las últimas banderas estaban puestas en el collado, por debajo de donde empezaba la senda hacia la izquierda y estaba la otra marca. Y no era fácil de ver. Otros 15 o 20 minutos perdidos.
Eso fue demoledor para mi mente. Llegué a la cabaña y allí había un control donde unos bomberos me habían visto e iban a ir a buscarme en moto. La faena fue que ahora el primero me sacaba media hora y eso ya era mucho tiempo en poca distancia. Después de bajar el collado de Geles había que subir 5 km por carretera hasta el pueblo de Artiga de Lin. Aquí me dijeron que iba a 25 minutos, pero “sólo había que subir al Puerto de la Picada y luego era casi todo bajada.

Para más inri, subiendo a la Picada me volví a despistar, aunque esta vez fueron cinco minutos. Cuando llegué a la cima de puerto y con las ganas que tenía de llegar, bajé a buen ritmo. Aquí ya nos mezclamos con los corredores de las otras pruebas. Unos te decían que iba a una hora, otros a 20 minutos,…joer, creo que lo mejor es que no te digan nada e ir a tu bola.

El caso es que llegué a meta en 13 horas 20 minutos y Jose Antonio había llegado “sólo” 6 minutos antes. Manda huevos. Una hora y media perdida, más el ir corriendo, a veces, con desánimo, si sumamos todo, podría haber llegado casi dos horas antes que él. En fin, las carreras son así y, de una cosa estoy seguro: si la hago de nuevo el próximo año, seguro que no me vuelvo a perder :) :) :)

29 jul. 2010

Aneto y Altos Tatras

Bueno colegas, mañana me voy a Huesca a intentar correr la vuelta al Aneto. No se si podré acabar, porque he estado yendo todos los días al fisio y casi no puedo ni sentarme. Ayer me puso una inyección en el culo, que ahora tengo dos agujeros:) Y es que tengo un dolor en el hueso donde se inserta el isquio y el glúteo que me tiene frito. Pero vamos a intentarlo.
Lo que más risa me da de todo es que el domingo me voy a Polonia para intentar cruzar los Altos Tatras corriendo desde el sur de Polonia hasta el norte de Eslovaquia. Ida y vuelta. La ida por la cresta y la vuelta por los valles colindantes. Unos 300 km. Y sólo llevo un mapa. Joer, si es que cuando a uno le da mucho el sol en la cabeza, debería meterla en agua fría y no pensar en semejantes pajas mentales. Pero la suerte está echada. Ya os contaré a la vuelta.

12 jul. 2010

Andorra UltraTrail 2010

El año pasado no se pudo hacer el circuito original previsto y esta fue la causa de que este año volviera de nuevo a esta carrera. Era un objetivo, un reto el recorrer circularmente un país como Andorra. La distancia se había incrementado con respecto al año pasado y este año eran 112 km y 9.700 m de desnivel positivo. Lo curioso es que miraba el perfil de la carrera y, bueno, veía que era un circuito rompepiernas, típico de las condiciones orográficas de este país. Lo que nadie esperaba fue lo que ocurrió después. En la carrera había inscritos casi 600 personas. El día antes, hablando con Agustí Roc, me comentaba que no acabarían ni 250. El es un buen conocedor de la zona y nos describió por donde transcurría la prueba. Al parecer era dura, bastante más dura de lo que habíamos imaginado. La organización había previsto que los primeros acabaran en 15 horas. Como pitonisas creo que no tienen mucho futuro…

Por suerte, este año la meteorología parece que nos iba a respetar e íbamos a tener buen tiempo (deben cambiar de meteorólogo….).

La salida fue a las 12 de la noche el viernes 25 de junio desde el pueblo de Ordino. Comenzamos por una pista que enseguida se convirtió en una senda empinada que nos llevaba al Pic Clot del Cavall. Aquí íbamos un grupo que nos equivocamos de senda y perdimos unos minutos. Así que se formaron dos pequeños grupos de cuatro-cinco corredores cada uno. Después de la bajada del anterior pico comenzó la subida más técnica de la carrera. Se trataba de subir a Comapedrosa (2.942 m) en el km 20. En la subida nos encontramos con bastante nieve y la organización puso cuerdas fijas en algunos tramos. La bajada también tenía mucha nieve, pero esto hizo que fuera más rápida y “cómoda”. Aquí los dos grupos se había reducido a dos-cuatro. A partir de aquí la carrera transcurre por sendas con continuos toboganes hasta llegar al Bony de la Pica (2.405 m). Desde aquí comenzaba una bajada infernal, sin senda ninguna y terriblemente técnica. La organización puso cuerdas fijas y cadenas en algunos tramos de la bajada debido a la exigencia tan dura del terreno. Fue una bajada de más de 1.500 m de desnivel en 8 km, prácticamente monte a través. En este tramo creo que se cayó todo el mundo. Yo, personalmente, cuatro veces. La dureza de esta bajada y del recorrido quedó reflejado en el siguiente control, en la Margineda, km 44. Aquí podías dejar una bolsa con material o comida para uso personal. Y la organización, que había puesto tiempos de paso en los controles, en este punto neutralizó a más de 200 corredores. Increíble, nunca había visto nada semejante. Dejar fuera de carrera de una tacada a más de 200 corredores y sólo llevábamos 44 km. Pero como se pudo comprobar después fue un acierto total. A partir de aquí ya íbamos 6 corredores destacados sobre el resto, aunque los dos primeros ya habían marcado la diferencia (Chorier y Heras), después iban Jordi y Darmaillacq y poco después Oscar y yo. Ahora comenzaba la subida más dura de la carrera. Joder, si hizo eterna. Me dolían los pulmones y eso no paraba de subir. Por fin llegamos al Coll Bou Mort para continuar de nuevo por una senda algo más corrible pero también con muchos toboganes hasta llegar a un refugio (no recuerdo ahora el nombre) y empezar a subir a la segunda cumbre más alta de la carrera, la collada de Pessons (2.820 m). Desde aquí comienza un descenso vertiginoso, espectacular, muy técnico y terriblemente bonito, a través de lagos hasta llegar a los Bordes de Envalira. Aquí nos encontramos al francés que se había retirado por agotamiento. Hablamos con él y le animamos para que siguiera. Al final, con la ayuda de otro amigo que estaba con él, conseguimos convencerle y se unió a nosotros. Salimos los tres juntos en una fuerte subida y aquí Oscar dijo que no podía seguir, que nos fuéramos que él iba más despacio. Al final nos fuimos el francés y yo. De vez en cuando le preguntaba que tal iba, si quería ir más rápido que tirara y me contestaba que no, que no podía y que iba bien detrás de mí. Así subimos hasta el Pas de les Vaques (2.600m) y comenzaba otra bajada vertiginosa. Además se puso a llover, lo que hizo que el terreno se convirtiera en un baile de pies para no caerse. Le volví a preguntar al francés cómo iba y decía que bien, así que continuamos dándole a las zapatillas hasta comenzar de nuevo otra subida a la Cresta Cabana Sorda y otra vez a bajar. De vez en cuando paraba un poco, pero cuando llegamos a Incles se puso a llover con ganas y con tormenta. Nos pusimos el chubasquero y comenzamos a subir en medio de una tormenta y un chaparrón de tres pares de narices. Y para colmo, el francés con bastones. Igual que el año pasado me pasó con Oscar. Hala, si cae un rayo que nos dé bien… En fin, seguimos para arriba y al llegar al refugio de Ransol (creo) la carrera está neutralizada y allí nos encontramos a Jordi, al lado de la chimenea, que estaba bastante agotado. Y para colmo, estaban haciendo unas chuletas a la brasa que olía que alimentaba y mi estómago que sólo podía comer el olor!!!!!!!, ay que duro es esto!!!

Al poco tiempo nos dicen que está despejado y que podemos salir cuando queramos. Me asomo a la puerta y no sé dónde narices ven ellos despejado, pues yo lo veo todo negro, pero si dicen que se puede salir, yo quiero salir cuanto antes. Bueno, muy despejado no debía estar porque tuvimos que salir con chubasquero. Pero cómo sólo nos queda una subida y luego ya es todo para abajo hasta meta, y queremos acabar cuanto antes con este sufrimiento nos vamos los tres. Pero el francés de pronto parece que se ha recuperado (yo creo que al coger al tercero, se ha dado cuenta que puede hacer pódium) y se va como una moto para arriba. Intento seguirle, pero va muy fuerte (joer, podía haber dado algún relevo en los 30 km anteriores que hicimos juntos, o podía haber dicho que se iba porque se encontraba bien,…) Al final el que se queda es Jordi (luego me dijo que le parecía que estaba escalando un 8.000 de lo jodido que iba). Así consigo llegar a la collada dels Meners (2.700m), también con nieve en algunos tramos, sin dejar de llover y con algún rayo que otro. En el collado, los voluntarios hicieron un túnel sobre la nieve para que pudiésemos pasar. A partir de este lugar comenzaba la última bajada hacia meta por una senda bastante corrible, excepto en algún tramo que exigía mucho cuidado dónde ponías los pies. Eso sí, no paraba de llover en ningún momento. Los últimos 9 km transcurrían por una pista y era casi llano. Se hicieron eternos y un infierno. Prácticamente se convierte en lo más duro, porque parece que no acaba nunca. Finalmente consigo llegar de nuevo a Ordino después de 20 h y 13’, en cuarto lugar. Después de todo, contento por haber acabado, porque esta carrera se convirtió en una odisea para los corredores. Pero mis piernas no podían más. Después de ducharme intenté salir a cenar, pero para mover mis piernas necesitaba ayudarlas con las manos, así que, aunque tenía hambre y soñaba con comer algo de “porquería” no podía moverme de la cama y decidí quedarme allí hasta el día siguiente.

Para comprobar la dureza de esta carrera basta ver los corredores que consiguieron acabar. De los casi 600 en la salida que había el viernes, el domingo a las 2 de la tarde sólo había llegado 98.

Parece que últimamente se está tratando de ver quien hace la carrera más larga, más dura, más salvaje,…y veo que a la mayoría nos sigue fallando la neurona.