23 ago. 2011

I CARRERA DE MONTAÑA VILLALFEIDE-POLVOREDA



I CARRERA DE MONTAÑA VILLALFEIDE-POLVOREDA

El domingo día 21 de agosto se celebró la I carrera de Montaña desde el pueblo de Villlalfeide hasta el pico Polvoreda (2005m) (o Correcillas, depende a la gente de que pueblo preguntes).
Os animo a que en la próxima edición os decidáis a participar, no os defraudará. La carrera está situada en un lugar espectacular. Tenéis al lado las Hoces de Vegacervera (para hacer escalada) la cueva de Valporquero(para hacer espeleología o la parte turística), el río Torío (para hacer kayak) y una cultura gastronómica increíble (entre otras cosas, la famosa cecina de Vegacervera).

Pero vamos a la carrera. Era de una distancia de 20 kilómetros. Salía del pueblo de Villalfeide, los primeros kilómetros por una pista en continuo ascenso, que luego se fue convirtiendo en senda, hasta llegar al primer collado. Desde aquí se traza una diagonal y a se adentra uno en un precioso bosque donde comienza la bajada por una senda zigzagueante hasta salir de nuevo a una pista que nos lleva de nuevo a las afueras del pueblo.

Al principio íbamos un pequeño grupo, que poco a poco se fue desgranando y en la subida nos quedamos Pablo Villa (un joven leonés con un futuro prometedor) y yo. Durante la bajada se nos unió Aarón y así comenzamos de nuevo la subida al pico Polvoreda. De nuevo por una pista a través de un bosque y luego una senda que nos indicaba que comenzaba la subida dura y técnica al pico. Aquí ya íbamos un poco separados unos de otros. Poco antes de llegar a la cumbre, en un pequeño despiste, se me unió el asturiano Juan Luis Rodríguez y así llegamos juntos a la cumbre.

En la bajada, bastante técnica, pues no hay senda evidente, me fui separando poco a poco del asturiano, hasta que se terminó esta parte rocosa y se llegó a un avituallamiento. A partir de aquí comenzaba una senda en diagonal, con pequeños toboganes y muchos giros, picando ligeramente hacia abajo, hasta que se llegó de nuevo a una pista. Se baja un trozo por ella y se gira hacia la izquierda, donde hay otra tachuela que subir, para comenzar la última bajada al pueblo de Villalfeide, donde está situada la meta. Aquí llego en 2h 8 minutos. Dos minutos después llega el asturiano y cinco más tarde Eladio, que baja como una moto.


La organización ha sido genial. Casi no hacían falta ni marcas, ya que había una persona situada cada poco a lo largo del recorrido que te orientaba. Y para rematar, nos incluía una paella al final. El pueblo entero volcado. Así da gusto ir a correr.


Y como último detalle, allí estaba en la salida mi colega Jesús Calleja, que también se decidió bautizarse en este tipo de pruebas. Logró terminar y durante la comida estuvimos intercambiando impresiones. A ver si se anima a hacer algún desafío de este tipo…

18 ago. 2011

TRANSCARPATHIAN HIKING ROAD

Me gusta utilizar mi tiempo libre navegando por internet, buscando “cosas raras” (no penséis mal), me refiero a países, lugares, montañas, carreras, pruebas, retos que me proporcionen esa dosis de satisfacción que me hacen sentir que estoy vivo. Y en una de esas búsquedas me encontré con la Transcarpathian Hiking Road. Me interesó porque me había recorrido todos los Cárpatos, desde Bulgaria, Eslovaquia, hasta Rumanía. Pero me quedaba ese reducto de la montaña en el sur de Ucrania. La cosa se puso más interesante, cuando veía que era casi misión imposible conseguir algo de información al respecto. Algún mapa, bastante malo, por cierto, y algunas rutas que organizaban agencias, pero que tampoco servían de mucho. Alguna agencia me contestó que era fácil conseguir mapas en cualquier ciudad del país (algo que no resultó tan fácil como decían).
Ya había comentado con alguna gente que me interesaba este proyecto (Pablo Criado, Xesc Teres, Oscar Pérez,…) y finalmente fue Oscar el que se decidió a hacer esta locura conmigo.
Así que sacamos los billetes a Kiev para el viernes 5 de agosto, justo cinco días después de haber acabado la Ultra del Aneto. Y una vez aterrizados en Kiev, comienza ya la aventura. Lo primero es acercarse desde el aeropuerto hasta la capital. Como muchos ya sabréis ir en taxi es un atraco, sobre todo, si somos turistas, por lo que decidimos buscar el bus (nº 322, por si vais alguna vez y sale a 300m de la terminal F), que además nos dejaba justo enfrente delante de la estación de trenes (250 hrivnias en taxi, 20 en bus; 1€=11,70Hrv).
Nos dirigimos a una ventanilla de la estación para comprar los billetes.
-Dba bileti do Ivano-Frankivks, pregunto. Net, respuesta. Y comienza “la pelea”. Bueno si no hay billetes para las 7 de la tarde, pues para el de las 9. Tampoco. Bueno, pues para el de las 11. Tampoco. Coño, pues dame dos para Lviv, si no podemos ir a Ivano, por lo menos vamos a otra ciudad que esté cerca. Pues tampoco hay billetes. Todo esto en ruso-ucraniano. A ver, como narices van a estar llenos de gente esos trenes kilométricos. Estamos en esas, cuando una chica de la cola de al lado se acerca y nos pregunta en inglés si nos puede ayudar. Pues faltaría más. Y se pone a hablar con la chica de la taquilla. Después de unos minutos nos dice que esperemos cinco minutos aquí al lado. Pasa el siguiente cliente, le da un billete y acto seguido nos da a nosotros nuestros billetes para las 9. Y, contentos, pero con cara de gilipollas, porque no entendemos nada, nos vamos. El billete nos costó, los dos unas 200 Hrivnias.
El tren son vagones con habitaciones con cuatro literas, ya que es nocturno y tarda 11 horas en llegar a Ivano-Frankivks. Son un poco cutres, pero por lo menos puedes ir tumbado y dormir un poco. Además te dan sábanas limpias. El tren llega sobre las 8 de la mañana a Ivano-Frankivks.
Lo primero buscar un hotel para dejar nuestra mochila y salir este mismo día hacia Vorokhta. Hay muy pocos hoteles en estos lugares, pero encontramos uno muy cerca de la estación, que estaba bastante bien y nos permitieron dejar allí la mochila para cuando regresáramos y nos fuimos a la estación de bus para irnos hacia Vorokhta. Por qué hacia aquí, si la ruta oficial empezaba en Kvasi o en Yasenia. Pues porque desde aquí se pueden hacer los dos picos más altos del país y estos no se encuentran en la ruta que íbamos a hacer y no queríamos irnos del país sin hacer estas cumbres. Vamos en el bus y primer despiste. Nos pasamos del pueblo sin darnos cuenta y se lo decimos al conductor. Por gestos entendemos que quiere que vayamos al siguiente pueblo y luego regresar en otro bus, pero deducimos que no nos habíamos pasado más de dos kilómetros, decidimos bajar y retroceder andando y así llegamos a Vorokhta. En el primer hotel (aunque tampoco era propiamente un hotel) que preguntamos no había plazas. El siguiente era una especie de albergue y aquí si nos aceptaron. Ojo, es muy difícil encontrar a alguien que hable inglés en estos lugares, casi todo era con monosílabos y porque yo estudié ruso hace unos años y me acordaba de algunas palabras. Aún así te estafan en los precios, pero tampoco era cuestión de regatear ya que no merecía la pena. El precio de este lugar fue de 200 hrivnias e incluía el desayuno, pero veíamos como cuchicheaban entre ellas y sonreían y al final nos incluyeron la cena (de lo que se deduce que te la estaban clavando bien). Pero el sitio estaba bien. El problema fue que hasta ahora nos fue imposible conseguir un mapa decente y con uno grande nos las teníamos que apañar. Ojeando el mapa vimos que desde este pueblo salía una ruta directa hacia el Hoverla (2.060m), el pico más alto del país. Desde aquí queríamos llegar después hasta Kvasi, que es donde comenzaba la ruta oficial.






Así que nos levantamos a las 5 de la mañana para desayunar y salir media hora más tarde. Y como era de esperar nos equivocamos ya en el pueblo y un foráneo se nos ofreció para llevarnos en su vehículo por la carretera hasta el campo base, pero decidimos dar la vuelta y seguir investigando por otra ruta. Esta vez conseguimos llegar más lejos y creíamos que íbamos bien, pero, y esto se convertiría a lo largo de todos los días en algo rutinario, no había ni una marca; cuando se bifurcaban los caminos no teníamos ni idea cual coger y así llegamos a un collado donde no salía ni una triste senda, por lo que finalmente decidimos dar la vuelta y subir por la ruta oficial, es decir, subir hasta el campo base, primero por carretera y después por una pista de tierra y piedra, eso sí, por aquí hay que pagar la entrada al parque (otras 40 hrivnias).


El inconveniente de subir por aquí es que es una romería, muchísima gente, ya que es un pico fácil con dos repechos. Nosotros, eso sí subimos ligerillos, tardamos cincuenta minutos en llegar a la cumbre.


Lo negativo, la cantidad de basura que nos encontramos por el camino y, sobre todo, en la cumbre. Era un auténtico basurero. Pero esto también fue algo muy común los días siguientes.
Desde el Hoverla (o Goverla) nos dirigimos al Petros (2.020m), el segundo pico más alto del país. No está lejos del primero y seguimos la cresta comenzando a bajar, y otro error, no era la senda correcta. Repito que las marcas aquí son pésimas.


Decidimos hacer una diagonal monte a través y, lógicamente, nos metimos en un berenjenal de maleza alta, que aunque no fue mucho, si fue bastante penoso, pero veíamos muy cerca al fondo unas cabañas, y así salimos de ahí yendo a salir a la preciosa senda que subía de esas cabañas. Continuamos por una pista unos cuatro kilómetros hasta que salía el desvío hacia el Petros por una senda inclinada, pero cómoda. Y llegamos a arriba donde había otro basurero. Creo que tardamos sobre una hora y media en llegar de un pico a otro. Arriba llegaron tres chavales en bici de montaña que quería hacer bici en plan descenso y que me comentaron que había una carrera muy chula de 100 km en julio por allí (ya la tengo anotada en el calendario, la Gorgany Race). Y comenzamos la bajada hacia Kvasi, al principio por una senda herbosa para luego dar a una pista que nos metió de lleno en el pueblo. Aquí buscamos un hotel y nos preparamos para cenar (otra odisea). Pedimos varios platos, pero al final nos trajeron una ensalada (cutre) y un puré de patatas, y venga a esperar y pasando olímpicamente de nosotros (esta impresión fue una constante casi general en todo el país, salvo raras excepciones). En el pueblo, en el hotel, en restaurantes, preguntábamos a la gente para coger la ruta que nos llevaba al siguiente destino y…no sabe no contesta. Vuelta a tirar del mapa. Después de intentarlo de todas las maneras posibles y para asegurarnos vimos que entre Kvasi y Yasenia salía una ruta bastante clara. Nuestro próximo objetivo era llegar a Ust Chorna.
Por lo que a la mañana siguiente nos dirigimos primero a Yasenia, que era una ciudad un poco mayor, por si podíamos comprar algún buen mapa…pues nada de nada. Así que a coger la ruta que habíamos decidido la noche anterior. Por si fueran poco todos estos males, amanece lloviendo y con niebla. Aún así decidimos continuar. La ruta comienza por una pista de tierra que en nueve kilómetros nos lleva a la estación de esquí de Dragobrat. Una subida constante por valle encajonado y por una pista de barro. En Dragobrat preguntamos por dónde se iba a Ust Chorna y nadie sabe nada. Vemos unas marcas amarillas y otras verdes. Seguimos subiendo por las amarillas que van como por una pista de la estación y nos encontramos con un chico que baja corriendo. Le pregunto y me dice que sí, que cuando lleguemos al collado, giremos a la derecha y por una pista, durante 12 kilómetros llegamos a Ust Chorna.


No me lo puedo creer. Efectivamente llegamos al collado (Peremyska, 1554m) y allí había una preciosa señal con varios indicadores donde en uno ponía a Ust Chorna, con marcas rojas y blancas. En lo único que se había equivocado este chico era que la distancia no eran 12 km (a mi me parecía muy extraño tan poca distancia, por lo que habíamos visto en el mapa), sino 35 y medio. Pero no nos importaba, incluso mejor (claro que no sabíamos lo que nos quedaba por llegar). Seguimos las marcas y subimos el pico Stih (1704m). La pista era bastante corrible, con subes y bajas continuos, pero no veíamos absolutamente nada de la niebla que había. Así llegamos a un punto llamado Gerisaska(1762m) donde nos encontramos a cuatro personas que iban haciendo la ruta. Les preguntamos y ellos seguían la ruta que había visto en el mapa, pero nosotros decidimos seguir las marcas rojas y blancas (luego vimos que iban en dirección equivocada, ya que la ruta que ellos seguían iba casi en dirección contraria a Ust Chorna). Nosotros comenzamos la bajada y en punto llamado Trojaska vimos otro indicador que nos marcaba a Ust Chorna 23 km, por lo que nos alegramos ya que nos asegurábamos de que íbamos por el buen camino. Pero a partir de aquí desaparecieron las señales. Había bifurcaciones de caminos y no teníamos ni idea por cual tirar. Dimos la vuelta varias veces porque ya dudábamos de que fuésemos bien. Unas veces Oscar iba por uno y yo por otro para ver si veíamos alguna marca, pero ni una y como además seguía cerrado de niebla no se veía absolutamente nada. Intentábamos seguir lo que se suponía el camino principal. Luego pensamos que si seguíamos por donde había más basura no nos hubiésemos equivocado. El caso es que después de dar varias vueltas decidimos bajar por una pista y, curiosamente, despejó el día. Vimos unas cabañas al fondo de un valle y estuvimos a punto de bajar a preguntar a alguien (igual hubiera sido buena idea haber perdido allí media o una hora y haber bajado), pero continuamos por la pista hasta que llegamos a un cruce. Aquí pensamos que íbamos bien, pues había que comenzar una bajada a la derecha que nos llevaría a nuestro destino. Además había un todo terreno aparcado en el cruce. Y comenzamos la bajada. Un giro a la derecha y……de lleno con un camión maderero. Le preguntamos al conductor y…no era por allí. Ese camino no tenía salida. Uuufffffffffff, para arriba de nuevo. El conductor nos dice que le sigamos. Estuvimos a punto de ir de nuevo hacia las cabañas del principio, pero decidimos seguirle, hasta que el camión se atasca, patina y no puede subir, por lo que nosotros subimos hasta llegar de nuevo al cruce. Mira y remira el mapa y de pronto vemos venir otro camión, por donde nosotros habíamos venido. Pero este camión viene cargado de gente. Les preguntamos para ir a Ust Chorna y se nos ofrecen a llevarnos, pero nosotros queríamos seguir corriendo, hasta que nos dicen que todavía nos quedan….30 kilómetros. No me lo puedo creer. Si hacía más de diez que nos quedaban 23, como nos van a quedar más de 30. Evidentemente nos habíamos equivocado en algún cruce (como luego pudimos comprobar, por un pequeño despiste y ausencia de marcas, pero así fue). Qué hacemos, casi sin agua, con esa kilometrada,…pues al camión. Y así llegamos a Ust Chorna, en un camión lleno de gente, con hombres, mujeres y niños que a saber de dónde vendrían y en qué estarían trabajando, porque de vacaciones seguro que no estaban. Luego también pudimos comprobar que cuando bajamos, en el giro a la derecha, como estaba muy marcada la pista por los camiones madereros, no vimos una senda que bajaba de frente hacia abajo, y que nos hubiese llevado también a Ust Chorna, aunque tampoco era la “oficial”. Sin contar con el camión, hasta aquí empleamos unas 10 h 20’
Nada más bajar, nos fuimos a un pequeño restaurante que había enfrente y ….oh sorpresa!!!, vendía mapas y buenos. Increíble. Eso sí, sólo tenía de una parte del recorrido. Pero era bastante bueno. Además no necesitamos ir a ningún hotel, pues a la puerta había unos turistas checos (por lo visto deben ser los únicos que vienen a este país) que nos comentan que van a una casa particular. Quedamos con el dueño, nos la enseña y es una pasada, hasta con sauna y cocina equipada. De todos los lugares que estuvimos, sin duda, este fue el mejor, con diferencia y todo por 150 hrivnias.
Al día siguiente nos levantamos pronto y a eso de las 7 de la mañana comenzamos otra nueva etapa que esta vez nos llevaría hasta Mizguiria, pasando por Kolochava y Sinevir. Ahora teníamos un buen mapa y estábamos más animados….hasta que vimos el día. Si ayer hizo malo, hoy todavía peor. Aparte de la niebla, más densa, de la lluvia, más intensa, se unía el viento. Empezamos a subir y una vez llegados al collado había bastante frío. Aquí pasamos los peores momentos, ya que estuvimos a punto de dejarlo y dar la vuelta. Con ese tiempo de perros y empezando a surgir las dudas de si íbamos bien o no, pues con este tiempo, perderse hoy podía ser fatal. Y cualquiera sacaba el mapa para ver si íbamos bien o no. Aún así continuamos, por una pista rompepiernas, con continuas subidas y bajadas. Y después de varias horas vemos con sorpresa y alegría una señal que nos indica un desvío a la derecha hacia Kolochava 14 km, dejando la pista principal de marcas rojas y blancas por una senda con marcas verdes y blancas.


Bajamos y a los cinco minutos desaparece la senda. Pues ya estamos otra vez. Para arriba, para abajo, calados hasta los huesos, y de pronto vemos que la senda arriba se bifurcaba y bajaba por la derecha. Bajamos por una senda estrecha y cerrada que termina de meterte el agua hasta los ojos y por fin llegamos a una pradería abierta y a una pista….y el día despeja, manda leches. Ahora que estamos a 7 km de Kolochava por una pista fácil. Y cuando todo sale mal, aún puede salir peor, pues toma dos tazas. Nos equivocamos en la bajada. No era esa, sino otra que teníamos que haber cogido varios kilómetros más adelante. Así nos tuvimos que tragar todos esos kilómetros por carretera. No es que hiciéramos más kilómetros, sino que los tuvimos que hacer por asfalto. Intentamos tomar algo en Kolochava, pero la amabilidad de esta gente brinda por su ausencia y nos fuimos hacia Sinevir. Íbamos tan quemados que nos debimos pasar el primer desvío hacia Muzguiria y nos tuvimos que tragar otra kilometrada de asfalto. Cuando llegamos a otro desvío y vimos que era una carretera casi nos da algo. Paramos a comer algo y de pronto a Oscar se le iluminó la bombilla y recordó que desde allí salía una ruta por el monte que venía de la que habíamos tenido intención de haber hecho si no hubiese habido tan mal tiempo y eso nos alegró. Además era más corta que si fuésemos por carretera, pero eso era lo de menos, lo importante era que iba por el monte.


Por los ya constantes vaivenes que tiene esta ruta llegamos al último collado desde el que se divisa la ciudad. Once horas empleamos hoy para llegar. Parece una ciudad grande, y lo es, pero cuando llegamos y preguntamos a la gente por un hotel, sólo nos indicaban a uno, porque no debía haber más. El hotel más cutre que tuvimos en toda la instancia en el país, claro que también el más barato (100 hrivnias). Y más problemas. No teníamos mapa de la etapa de mañana. Pregunta que pregunta en toda la ciudad y otra vez sin mapa y sin saber por donde tenemos que ir ya que la gente o no sabe o no quiere decir nada. Y como nos amanezca otro día como hoy, no sé si no lo mandaremos todo a ese sitio…



Fuimos a dar una vuelta antes de cenar y, aleluya, de pronto vemos unas marcas rojas y blancas dibujadas en un poste. Las seguimos y vemos más que cruzan el río. Damos la vuelta, vamos a cenar y decidimos seguir esa ruta mañana, sin saber si es la buena o no. Sobre el mapa grande parece una ruta fácil, ya que es lineal, sin apenas bifurcaciones (luego, y como de costumbre, ya no lo es tanto).
Y salimos a las 7 de la mañana con destino final a Volovets. Y como es habitual comenzamos con una subida por una pista y luego por una senda en medio de un precioso bosque.


Al principio con algo de niebla y con alguna duda en algunos cruces. Que lo solventábamos yendo uno por uno y otro por otro hasta que uno de los dos veía alguna marca. Luego la niebla desapareció y quedó, por fin, un buen día. Pero tuvimos algunas dudas, ya que a veces, la pista se desviaba con un giro de 90 grados y no nos cuadraba, pero luego nos dimos cuenta que era para sortear los profundos valles que hay por la zona. De vez en cuando nos encontrábamos algún pastor, que nos indicaba por dónde debíamos ir.


Lo verdad es que se nos hizo entretenido este tramo, pues íbamos por sendas y pistas verdes con profundos valles a los lados y con las continuas subidas y bajadas que te muelen las piernas. Hacia al final nos encontramos con más gente que hacía montaña por la zona y ya nos íbamos dando cuenta que íbamos bien y que lo teníamos casi hecho.


Así llegamos al último pico de la zona, desde donde se divisa al fondo una estación meteorológica, bajamos hacia ella y…por fin vemos Volovets al fondo. Sólo nos quedan once kilómetros cuesta abajo para llegar. Y por una vez, vamos a terminar con un buen sabor de boca, pues cuando comenzamos a bajar por la pista, al cabo de un kilómetro, más o menos, unos aldeanos nos dicen que vayamos por una senda que transcurre al lado de unos postes de la luz. Uuuaaahhh, que bajada nos pegamos más chula. Luego dos kilómetros de pista y por fin Volovets. Son las cuatro y cuarto de la tarde.
Busca hotel y vuelta de nuevo a pelearse para ir a Ivano-Frankivks. Las combinaciones son pésimas y decidimos ir a Lviv, pues disponemos todavía de casi tres días, pero aún así no es fácil. Primero nos dicen que tenemos que ir en bus, pero hay que hacer tres combinaciones y finalmente nos decidimos ir en tren. Son seis horas, pero merece la pena, pues vas directo. Eso sí el tren es de época. Lviv no está mal, quizá la única ciudad de las que vimos que tiene un poquito que ver. Lo más curioso que nos pasó aquí es que cuando llegamos a la estación, quisimos comprar el billete de tren para el día siguiente irnos a Ivano-Frankivks, pero la chica de la estación nos dijo que no había trenes, que sólo en autobús. Bueno, nos vamos al hotel y les preguntamos si nos podían informar del horario de autobuses y si había trenes. A los diez minutos bajamos y nos dan una hoja con el horario de autobuses……y de trenes. Pues sí, había también trenes a Ivano, ay señor…
En Ivano no nos encontramos con un chico de Toledo que estaba montando un bar en esa ciudad. Le extrañó ver turistas allí y menos españoles. El tío estaba cabreado, y no sabéis hasta que punto, con la actitud de la gente de ese país. Bueno, algo que nos confirmó lo que ya suponíamos y habíamos comprobado. Esa misma noche nos fuimos a Kiev. Otra ciudad para olvidar.
Sin contar el primer día de montaña, empleamos treinta horas y veinte minutos en hacer esta ruta, pérdidas incluidas.
Lo que nos gustó: tiene bosques inmensos, como los del abuelo de Heidi, y mucho verde, pero creo que es lo único que se salva. Pienso que hay muchísimos lugares mejores donde ir. En un principio, cuando vi las fotos de esos lugares, me pareció espectacular, incluso vi fotos del Hoverla y parecía montañoso, pero nada de nada. Y el precio por movernos por la zona de los Cárpatos, bastante asequible, barato, y sin regatear, tanto hoteles, como restaurantes, autobuses o trenes.
Lo que no me gustó nada: la cantidad de basura que hay por el monte. Probablemente alguno piense que por aquí también la hay. Sí, pero nada comparable a aquello, os lo garantizo. La actitud de la gente, la desidia, apáticos, sin interés, fríos, dejados, …salvo muy raras, pero muy raras excepciones; como de costumbre, los más predispuestos, los pastores de la montaña. Las rutas, de malas a pésimamente marcadas. Los desvíos, que hay muchos, casi ninguno marcado. Y como te pierdas, puedes aparecer en Rumanía. Muy difícil, extremadamente difícil encontrar a alguien que hable inglés. Lo mismo que encontrar a alguien que pueda darte información de cualquier ruta, incluida la gente de los pueblos.
No hay turismo. No vimos ni un solo turista, salvo unos checos. Los demás todos eran del país. Y eso es raro, pero tampoco me extraña. Ahora mismo yo tampoco se lo recomiendo a nadie.
Aún así, y dadas las condiciones, estoy contento con lo que hicimos. Si hubiésemos tenido mapas y con los conocimientos que ahora mismo tenemos, se puede hacer todo, incluido lo del primer día, en dos días, dándole un poquito de caña, eso sí, pero es que a eso íbamos.

4 ago. 2011

TRANSCARPATHIAN HIKING ROAD

Dentro de unas horas cogeré un avión con destino a Ucrania. Iré con mi amigo Oscar Pérez. El objetivo: Cruzar los Cárpatos Ucranianos corriendo desde Volovets hasta Rakhiv, a través de las montañas más altas del país. Son unos 280 km. Y esperamos tener tiempo de subir el pico más alto (el Hoverla), que nos queda un poquito más lejos del recorrido, pero a tiro. No tenemos ni idea de dónde empieza, ni de dónde podremos dormir, ni dónde podremos comer, ni nada de nada ya que hay muy poquita información en internet. Por no tener, aún no tenemos el billete de tren que debe llevarnos a Ivano-Frankovks. De momento sólo tenemos un mapa, así que no sé dónde acabaremos....

2 ago. 2011

ANETO ULTRA TRAIL 2011

ULTRA TRAIL ANETO

El 30 de Julio se celebró el Ultra Trail del Aneto (conjuntamente con otras dos pruebas: las dos caras del Aneto y la Maratón del Aneto). Una ultra por montaña de casi 100 km que rodea el macizo de la Maladeta, con el Aneto incluído. Algo más de mil corredores, entre las tres pruebas, nos citamos en Benasque.

La previsión meteorológica era un poco imprecisa. Hasta entonces había hecho bastante mal tiempo, pero parecía que este fin de semana nos podía dar un respiro. Al final, incluso nos hizo calor.

La carrera es en autosuficiencia absoluta. No hay avituallamientos, ni tan siquiera de agua, por lo que tienes avituallarte por ti mismo, tanto de la comida como del agua. Sólo puedes llevar una bolsa al control de Vielha con lo que puedas necesitar. La ventaja es que agua la encontramos continuamente de la multitud de arroyos y fuentes que hay por el camino. La organización obliga a llevar material obligatorio, tanto de comida como de ropa, por si la meteorología cambia y te pilla algún “marrón” por el camino. No es agradable encontrarse con una tormenta a 2.500m de altura y era una posibilidad.

La salida de la Ultra era a las 8 de la mañana. Allí estábamos poco más de 250 participantes. Yo venía un poco quemado por el abandono que tuve que hacer en Andorra. Lo pasé fatal y no pude dormir en dos días del disgusto. Y quería resarcirme: correr o morir, como dice Kilian. Aún así hay que seguir con la cabeza fría en este tipo de pruebas. El batacazo puede ser de escándalo.

Y salimos de Benasque, al principio, por una pista, durante unos 7 km hasta llegar al primer control: Senarta. Aquí cogemos un desvío que sigue el GR-11 a través de una gran pista. Solamente tomamos un atajo al principio, para evitar una inmensa curva de la pista y luego continuar por el GR 11, por la pista de Vallibierna hasta llegar de nuevo a otro control: Coronas. Excepto los primeros 7 km que son prácticamente llanos, desde el desvío hasta aquí es una continua subida, que se puede hacer corriendo, excepto el atajo. Al principio íbamos un pequeño grupo de 6 corredores que se fue estirando poco a poco y a este control llegamos juntos Manuel Merillas, una joven promesa con un gran futuro (20 años), y que además es de León, como yo.

Una vez pasado este control desaparece la pista y entramos ya en terreno montañero. Ahora seguimos por una senda pedregosa con continuas subidas y bajadas, pero casi siempre en ascenso. La senda se va transformando en algunas ocasiones en pradería hasta comenzar a subir por un auténtico pedrero que nos lleva al control de Ballibierna (2.732m). Seguimos juntos Manuel Merillas y yo, aunque detrás vienen de cerca apretando. Desde este collado comienza una ligera bajada, en un principio por un pedrero, que poco a poco se va transformando en senda, pero que hay andar con cuidado donde se ponen los pies. Pero el recorrido es bastante entretenido y ameno para correr. Corremos al lado del lago Llauset que nos lleva al siguiente control: Llauset. Y empieza la fiesta. Una primera subida no muy larga, pero dura nos lleva a la collada de Anglos (2.438m) para comenzar a bajar por otra senda de piedras sueltas que nos lleva a los lagos de Anglos y al refugio del mismo nombre, y donde el terreno se ha vuelto llano y verde por unos momentos, justo para relajarnos un poquito antes de comenzar la, probablemente, bajada más dura y técnica de la carrera. Una senda retorcida e irregular con fuertes desniveles, en los que, a veces, era conveniente agarrarse a algún árbol. Una vez llegados al fondo del valle, la senda transcurre por un precioso bosque, muy corrible, aunque el terreno sigue siendo irregular.

Continuamos por el GR 11 hasta llegar al pantano de Senet (lugar donde me perdí el año pasado más de una hora, pero que este año estaba seguro no ocurriría, al menos aquí). Subimos un pequeño tramo por la carretera para luego coger un desvío a la derecha y seguir una pista que nos lleva al siguiente control: Conangles. Continuamos juntos Manuel y yo, buscando agua fresca en todas la fuentes y arroyos, pues hace calor. Hasta ahora íbamos bien, normalmente yo delante pues conocía el terreno. Y en una parada para coger agua, se puso Manuel delante. La verdad es que era igual, pues al ir juntos teníamos menos problemas de perdernos. Pero poco después de pasar este último control, en una bifurcación Manuel giró a la derecha pues había pintura roja y blanca. Yo iba detrás y, la verdad, es que sólo le veía los pies, pero al levantar la cabeza me di cuenta que ese no era el camino correcto. Se lo dije a Manuel, pero aún así seguimos un poco más y, definitivamente, pude asegurarme que esa no era la senda correcta. Le preguntamos a dos montañeros que vimos y efectivamente, confirmaron mis sospechas. Dimos la vuelta por la pista que iba por encima de la senda, pues yo sabía que teníamos que retomar la pista. Y así fue. No perdimos mucho tiempo, quizás unos diez minutos, pero fue lo justo para que el tercero se acercara bastante a nosotros. Continuamos por la pista para, poco después, en un giro de noventa grados, empezar otra dura subida, en un principio por un bosque, luego por pasto de alta montaña y finalmente roca y piedra, hacia el puerto de Vielha(2.448m), donde estaba el siguiente control. Y comienza otra larga bajada, la primera parte por la clásica senda de piedra suelta y descompuesta, que puede darte un disgusto como tengas una mala pisada. Después vuelve de nuevo la senda por praderías y pastos de alta montaña hasta finalmente coger una pista, que también hay que cortar por otra senda, que nos llevará a otra pista hormigonada que es lo que te hace saber que estás llegando a la civilización. Y así llegamos juntos a Vielha donde estaba el control en el cual habíamos dejado la bosla que nos permitía la organización. Hasta aquí, creo recordar, habíamos empleado seis horas y cuarto. Paramos un poquito a beber y comer algo y justo, cuando íbamos a salir llega el tercer corredor: Oscar Pérez, otro de los grandes (segundo en Andorra).
Ahora hacía bastante calor y humedad. Sudábamos como patos. Y para más inri, comenzaba otra eterna subida. Procuraba beber a menudo, no mucho, pero si frecuentemente. No suelo comer mucho en estas carreras, pero intento beber, especialmente si hay humedad. No estoy acostumbrado a estos ambientes húmedos e intento evitar problemas mayores, y aún así llegan… Esta parte del recorrido estaba marcada, pues era fácil despistarse (aún así siempre se pierde alguien). Bueno seguimos subiendo, meto la cabeza en el agua y sigo subiendo. Hacia la mitad de la subida me doy cuenta que voy sólo. Manuel se ha quedado. Al principio no sé cual ha podido ser el motivo (luego ya me enteré que le vino el hombre del mazo). Esta subida va cortando una carretera. Luego se suaviza un poco e incluso llanea. Paso al lado de dos cabañas y llego a un pequeño collado (donde también estuve “desorientado” el año pasado), pero este año estaba muy bien trazada la senda y no había ningún problema de pérdida. Continúo por la senda y llego al siguiente control situado en una cabaña: Gèles.
Toda esta parte del recorrido es con pequeñas subidas y bajadas, muy asequibles para correr. Después de pasar este control y tras una pequeña subida por una senda herbosa, comienza una bajada a través de una senda en medio de un bosque con un fortísimo desnivel que hace temblar los cuádriceps. Es increíble, pero cuando estás subiendo, tienes ganas de bajar, y cuando estás bajando, tienes ganas de subir,…y otras veces llegar a un terreno llano para recuperar. Y llego al terreno llano. Otra pista que me lleva a, quizás la parte menos deseada de todo corredor de montaña, el asfalto. Una carretera en continua subida durante unos cinco kilómetros. No tengo ni idea de dónde viene el segundo, ni tan siquiera quien puede ser, aunque sospecho que sea ya Oscar, pues está muy fuerte. Por fin se acaba la carretera y aquí se encuentra el próximo control: Artiga de Lin.
Y continúa la subida, aunque ahora es por medio del bosque, y por una senda embarrada hasta que llegas a un pequeño cruce, donde a más de uno le puede dar un disgusto (si no llevas GPS, claro), pues la senda continúa de frente, pero hay unos jitos a la izquierda, que te indican que debes girar ahí y dejar la senda principal. Además esta subida es horrorosa. Pues no parece una senda “normal” ya que es un barrizal, con mucha agua y parece más un camino de vacas que una senda. Pero poco a poco va apareciendo la senda, que además se vuelve llana, pero sólo lo justo para darte un disgusto cuando miras hacia delante y ves lo que te queda por subir. Como consuelo puedes pensar que es ya la última subida(al menos de las consideradas duras) y que a partir de ahí es ya todo para abajo. Pero hay que subir primero.

Además empiezan a aparecer nubes y parece que algo de niebla, pero por suerte son nubes que vienen y van. Y por fin llegas al Puerto de la Picada(2.477m). Y aquí me encuentro con muchos de los corredores que participar en las otras pruebas, por lo que esta parte del recorrido se hace más amena, aunque también con algún inconveniente, pues a veces, los adelantamientos no son fáciles en una senda donde se cruza tanta gente. Pero estoy bajando bastante bien, hasta que de pronto el primer disgusto, calambres en los gemelos. Joer es la primera vez que me pasa esto. Pero para lo que me queda no estaba dispuesto a pararme. Y cada vez que agilizaba el ritmo, otra vez calambres. Bueno, esto era cuestión de cabezonería. No estaba dispuesto a pararme aunque me temblaran los pies. Ya se pasarán, pensé. Menos mal, que llegué pronto a terreno llano y la situación se normalizó y pude seguir corriendo más cómodo y llegar al control de Vado.
Desde aquí, tras unos metros de carretera, empieza una pequeña subida por una senda que nos lleva al siguiente control: Baños. Hasta ahora iba bien, pero tras la bajada por la carretera y donde comienza la pista, las fuerzas se empezaron a notar. Ya no tenía la chispa de hace un rato. Y en algunos toboganes tenía que andar. También es verdad que desde La Picada, no había comido nada y bebido muy poco y eso se paga. Pero también es cierto, que para lo poco que me quedaba no iba a terminar andando y en esos momentos sacas fuerzas de cualquier sitio. Además había llegado al último control, que coincidía con el primero: Senarta y desde aquí sólo me quedaban siete kilómetros para llegar a meta. Sólo era cuestión de aguantar y sufrir media hora más. Y cuando ves Benasque desaparece el dolor, el sufrimiento y la angustia porque entonces sabes que lo has hecho. Y llegas a meta. Y todo se transforma en satisfacción, placer y alegría. Y miras el crono: 12 horas 2 minutos. Ni te lo crees. No vas con la intención de bajar records, ni tan siquiera de ganar, pero cuando te comentan como puedes bajar el anterior record en más de una hora y diez minutos, pues la realidad es que es simple: te ha salido bien. Lo mismo que te había podido salir mal.

Casi veinte minutos después llega Oscar Pérez y cincuenta minutos más tarde Manuel Merillas. Un pódium singular: un veterano, un senior y un junior.

Y esto es todo. Una carrera más, una experiencia más y dentro de cinco días me iré, con Oscar Pérez, a Ucrania, a la Transcarpathian Hiking Road. Si es que donde tienes tus mayores “enemigos” tienes a tus mayores amigos.