20 dic. 2011

TAILANDIA

He estado 9 días en Tailandia, relax total y absoluto. Después de un intenso año y después de llevar más de tres años sin descanso ninguno, siempre montaña, carreras de montaña, carreras ultras, carreras por el desierto, carreras por la nieve, carreras por el hielo, carreras por la selva, esquí por la montaña,…qué coño, si es que los únicos animales que conozco son cabras y rebecos (en los dos sentidosJJJ).
Todas estas actividades son el lugar en el que he perseguido, he ganado confianza en mí mismo, he aprendido a sobrevivir y a amar la naturaleza y he compartido momentos especiales. Son mi hogar espiritual y han formado mi persona y la manera en que me relaciono con el mundo y con quienes lo comparten conmigo. La naturaleza egoísta de estas actividades carece de un valor tangible para la sociedad. Para quienes elegimos esos caminos, las fuerzas de la aventura, el riesgo y la incertidumbre deben coexistir con el resto del mundo en un estado de tensión irreconciliable.
Estamos mucho peor de lo que pueda imaginar cualquier drogadicto. Nuestro sino nos lleva a subidones físicos y mentales, y satisface una necesidad de retarnos a nosotros mismos. Nos sentimos sanos y felices y nunca vemos que lo que hacemos pueda estar mal.
La resistencia, el miedo, pasar frío, pasar calor, sufrir, y el estado que hay entre la supervivencia y la muerte son experiencias tan fuertes que las queremos repetir una y otra vez. Nos volvemos adictos. Por qué? Físicamente juega un papel importante la dopamina, una sustancia química que, junto con la adrenalina y las endorfinas, fluye por el sistema nervioso durante momentos de tensión o gran excitación, y que actúa como analgésico que deja una sensación de bienestar. Esa sensación esa adictiva y la expresión “euforia del corredor” se acuñó porque había gente que se convertía en esclava de la sensación placentera que experimentan tras hacer un ejercicio intenso. Los deportes extremos son una de las maneras de hacer que fluya la dopamina.
Pero,…es que me dieron un ultimátum: o paras o revientas. En las dos últimas carreras mis isquiotibiales no daban de sí. Tensos, duros, rígidos como una tabla de surf, y eso que los cuido como hago con todo el resto de mi cuerpo, pero estaban al límite. Así que en cuestión de una semana decido buscar un lugar donde no haya montañas, montes, ni nada parecido; un lugar donde no haya tentaciones para correr, donde no pueda divisar ni un solo montículo. Estuve a punto de ir a Bali, pero creo que hay volcanes cerca y, no es por el peligro de erupción, sino que seguramente terminara subiendo a la carrera hasta la cumbre. Y termino en el sur de Tailandia. Aquí no hay ni un solo monte. Turismo puro y duro. Sol y playa. Calor y humedad. Sodoma y Gomorra. En fin, que no os voy a contar nada que no os imaginéis, sólo que cuando regresé a Madrid, mi hermana no sabía si llevarme a la estación de autobuses o la cárcel.
La pregunta es: ¿quién es responsable de esta situación? La gente que va allí (generalmente hombres), su gobierno?, las multinacionales que se aprovechan de la pobreza poniendo allí sus industrias?, los países “industrializados” por permitirlo?
Cuidado, os podías llevar una sorpresa si escucháis la declaración de estas personas. Si alguno vio Documentos TV hace aproximadamente un mes sabrá de lo que hablo.

29 nov. 2011

ULTRA TRAIL AMIGOS DO MONTANHA - PORTUGAL

ULTRA TRAIL AMIGOS DO MONTANHA (PORTUGAL)
Con motivo de unas jornadas de montaña que se celebran en la localidad de Barcelos (Portugal) fui invitado para dar una charla-conferencia en este lugar. Las jornadas se realizaron durante todo el sábado y pude compartir mis aventuras con otro tipo de gente que también realiza grandes hazañas, entre ellos Miguel Arrobas, que es como el David Meca español, ya que realiza grandes travesías a nado, y, especialmente, con Joao García, otro de los grandes del alpinismo que ha logrado coronar los 14 ocho miles del planeta y Carlos Sa, quizás el mejor corredor que hay ahora en Portugal y con una gran proyección a nivel internacional, quinto en el UTMB de este año.
Después, la mayoría nos fuimos a cenar y esa fue nuestra “perdición”, porque en Portugal se come de maravilla, mucho y bueno. Terminamos de cenar a las doce de la noche. No me quería imaginar cómo iba a correr al día siguiente (como así nos ocurrió, sobre todo a Joao y a mí)
El domingo día 27 de Noviembre se celebraba una carrera de montaña de 55 km. La verdad es que no tenía “obligación” de correr, ni había ido allí para correr(estoy en fase de recuperación) pero ya de estar allí, qué narices!!!, conoces una zona nueva, gente nueva y así también aprovechas el día, aunque sea haciendo un entrenamiento (ya sabéis lo que quiere decir, sales a entrenar y terminas dejándote la bilis). La salida fue a las 8 de la mañana, con algo de niebla, pero no hacía frío. Creo que salimos unos cuatrocientos corredores. Aquí también me encontré con viejos amigos, como el portugués Claudio, que había estado también recientemente corriendo conmigo en la Chismes Dolpo Annapurna.
Y así salimos a correr. Ya desde un principio noté que hoy me iban a adelantar hasta los caracoles. Entre la cena del día anterior, la pesadez que tenía en las piernas después de toda la temporada me dije:”…majo, intenta acabar como puedas, si es que puedes…”, uuufff, creí que se me rompían los isquiotibiales. Pero bueno, hacíamos lo que podíamos. La primera parte del recorrido mezcla pistas, sendas y algún tramo técnico, corto pero entretenido, casi siempre por un bosque y monte. Sí que es verdad que aquí no tienen grandes alturas y tanto las subidas y las bajadas no son como estamos acostumbrados, ya que son muy cortas, pero intentan hacer un recorrido que no sea monótono, aunque tienen algunos tramos, especialmente a mitad de carrera, con mucha pista en el que los portugueses son como galgos. Yo seguía “arrastrándome” por estos caminos. Los tramos llanos y de pista me mataban. Después nos metieron por una zona muy divertida y entretenida, a lo largo de un río, que tenía tramos delicados, ya que la roca estaba muy húmeda y te podías dar un auténtico castañazo. Era algo parecido, para los que lo hayáis hecho, al tramo del río de la carrera del Alto Sil (Santa Cruz del Sil), pero un poco más peligroso si te caes. Aún así tuvimos que meter los pies en el agua más de una vez. También tuvimos que hacer una tirolina para cruzar el río y aún nos quedaba algo más. Para entonces yo me había unido con Narciso, un portugués muy majo y llevábamos ya muchos kilómetros juntos. Corría mucho en llano, aunque fallaba algo en las subidas y en las bajadas, pero nos íbamos esperando. También tuvimos un tramo de esos que no nos gustan nada, que es el asfalto. Creo que fueron un par de kilómetros, pero es que es demoledor. Una vez acabado este tramo, nos dirigimos de nuevo al río y aquí nos tocó otra nueva aventura. Primero tuvimos que cruzar un tramo andando, con el agua hasta la rodilla y después cruzar el río en canoa hasta la otra orilla. Desde aquí ya sólo quedaban unos cinco kilómetros para meta, todo por la orilla del río. A Narciso le habían empezado a dar calambres y se nos acercaban por detrás peligrosamente, pero no podía más, así que cómo ya estábamos casi en la ciudad, me fui y llegué a meta en 5 horas y 40 minutos (más o menos, porque no puse el crono). Al final me dijeron que había llegado el octavo.
Ha estado muy bien. He conocido una zona nueva, me he divertido y sobretodo, he hecho nuevos amigos que me han tratado de maravilla, y eso es lo mejor. Lo peor: que necesito ir a un balneario con urgencia…o a Lourdes…(y aún me queda la Peña del Tren!!!)

10 nov. 2011

Ultra Trail Chismes Annapurna Dolpo 2011

NEPAL CHISMES DOLPO ANNAPURNA

21 al 31 de Octubre del 2011


Después del incidente en el aeropuerto, por fin conseguimos llegar a Katmandú. Allí nos recibe Jesús, “jefe” y alma mater de la aventura, más conocido como Suso, Susi o “Panoleiro” . Un tío cojonudo donde los haya. Si alguna vez decidís ir a Nepal para hacer cualquier tipo de aventura, desde un trekking hasta un ocho mil, no dudéis en contactar con él, vale su peso en oro (bueno, algo más, porque pesar, pesa poco).
Nos hospedamos en el Tibet House. Está bastante bien. Hacemos alguna compra de última hora para dejarlo todo preparado para el día siguiente. Preparamos la mochila, bastante grande para lo que estamos acostumbrados, pues tenemos que llevar comida para cinco días que tenemos previstos vivaquear en la zona del Dolpo (en un principio iban a ser cuatro, pero decidimos hacer un tramo de la primera, pues ésta iba a ser muy dura hacerla de una sola vez, al igual que hicimos también con la primera etapa de la zona del Annapurna y fue una de las mejores decisiones que pudimos hacer, cómo llegamos a comprobar después) y hay que pujarla también los primeros días, aunque no hagamos acopio de ella. También hay que llevar la ropa que pienses usar, así como el saco y la esterilla. Aquí es muy importante la elección del material y calcular bien la comida. Yo opté por llevar un buen saco, aunque ello implicara llevar 700 gr más de peso que el resto de mis compañeros, pero como se pudo comprobar después, fue la mejor elección que pude hacer. Las temperaturas previstas para la noche eran de -15 ºC y yo no estaba dispuesto a estar castañeando los dientes durante la noche. Todo ello implicaba llevar una mochila con un peso que rondaba los 10 u 11 kilos para la mayoría de nosotros. También había que controlar el agua, aunque ahora en la zona del Annapurna no hay problemas, pues hay muchas fuentes por el camino, otra cosa muy distinta será en el Dolpo.

Día 21: 1ª Etapa: Besishahar-Krame: 3h 50’ Distancia 51km. Desniveles: +2160m, -400m, total 2560m. Altitudes alcanzadas: mínima 800m., máxima 2713m.

Salimos de Katmandú sobre las 6 de la mañana dirección Besi Shahar, que es donde empieza la carrera y que coincide con el trek del Annapurna. Llegamos sobre la 1 de la tarde y como todavía disponemos de varias horas, decidimos no quedarnos en este pueblo, sino hacer una parte del recorrido de la primera etapa, eso sí, neutralizada, ya que, además coincide con un tramo de pista que han abierto y que no resulta, que digamos, muy atractiva. Así también pasamos por el Checking policial, donde te sellan el permiso. Así que este día hacemos unos 15 km para dejar para mañana unos 36 km. Cabe resaltar que dormir en estos lugares es muy barato. Concretamente en el lodge que dormimos aquí nos costaba 50 céntimos de euro dormir. La comida es algo más “cara”, pero que media pensión, es decir, cena, dormir y desayuno, te puede salir por 4 o 5 euros. Aunque a medida que vayamos subiendo el precio también irá subiendo, pero no mucho.

Día 22: 2ª Etapa: Krame-Chame: 6h 11’

En realidad esta sería la primera etapa. Hay que acostumbrarse a levantarse pronto. Además aquí amanece enseguida. A las 5:30 ya tenemos luz para poder empezar a correr. Aquí nada más salir nos equivocamos y cogimos una senda a la derecha, que no teníamos ni idea donde nos llevaba, por lo que tuvimos que darnos la vuelta. Al único que le salió bien fue a Fali, que se la había olvidado algo en el lodge y había regresado, por lo que se ahorró esta subida. Este tramo combina zonas de pista y de senda. En un principio íbamos andando, hasta que el amigo Fali rompe las hostilidades y se pone a trotar. Y empieza la batalla. Nos fuimos Jesús, Tano y yo hasta Chyamche. Aquí el “guía” nos metió por una pista que sale a la derecha y nos equivocamos, ya que el pueblo sale una pequeña senda a la derecha que baja al río y cruza un puente. Dimos la vuelta y continuamos. Por el camino cogimos a Pablo y después a Claudio (el portugués). Más adelante iba Joel, que iba con una diarrea del copón y cuando paraba a evacuar, el chaval se limpiaba con hojas y cogollos de marihuana (es que el camino estaba plagado de estas plantas, no penséis mal). En este tramo Claudio tuvo un percance que estuvo a punto de darle un disgusto. Y, aunque el camino es fácil, nunca debemos bajar la guardia, pues un despiste puede ser fatal. Por suerte sólo fueron unos arañazos, pero pudo haber sido peor. Continuamos Tano y yo y llegamos a Dharapani. Aquí hay otro checking policial, donde nos tuvieron parados quince minutos, ya que coincidimos con un grupo de italianos que iban de trekking. En este pueblo también se puede coger una senda a la derecha que te lleva hacia el Manaslu (yo lo hice hace varios años y merece la pena. Y el “patrón” debe estar por ahora por esos lugares, ya que está intentando hacer el Manaslu en solitario). Y así llegamos a Chame, final de la primera etapa.

Día 23: 3ª Etapa: Chame- Manang: 4h 59’. Distancia 29 km. Desniveles: +950m, -120m, total 1070m. Altitudes alcanzadas: mínima 2575m., máxima 3351m. Haremos noche a 3351m.

El recorrido de esta etapa no es tan sinuoso, no con tanto desnivel como la de ayer. Se hace más corrible, a pesar de sobrepasar ya los 3.000 metros de altitud. Además los días están acompañando y se puede correr con pantalón y camiseta de manga corta, mientras hay sol, porque cuando se pone, las cosas cambian, y mucho. Hasta aquí llegamos Joel y yo. Este pueblo es el más grande del recorrido. Aquí hay muchos alojamientos, pues desde él se pueden hacer varios recorridos para visitar diversos lugares, como el lago Tilicho, los gompas y algún pico como el Pisang Peak o el pico Chulu que están cerca. Al ser tan concurrido, fue difícil encontrar alojamiento, y nos libramos por los pelos, pues ya hubo gente que llegó después que dudo que encontrase donde alojarse. La verdad es que nos alejamos en un lodge con unas vistas espectaculares (al final del pueblo a la izquierda; no recuerdo el nombre). Esta noche hay que cenar bien y acostarse pronto, pues mañana nos espera una de las etapas más duras de todo el recorrido

Día 24: 4ª Etapa: Manang- Jomson: 10h 06’. Distancia 50 km. Desniveles: +2065m, -2706m, total 4771m. Altitudes alcanzadas: mínima 2731m., máxima 5416m. Haremos noche a 2731m.

Nos levantamos a las 4:30 de la mañana. Noche cerrada y frío, mucho frío. Salimos caminando con nuestras frontales y tapados hasta las orejas hasta que amaneció. Paramos en el primer lodge que vimos por el camino para desayunar algo caliente y continuamos nuestra marcha. Yo todavía sentía el frío en las manos y en los pies y aceleré un poco hasta que salió el sol. Parecemos lagartijas. El recorrido se empieza a poner interesante. Sendas sinuosas con fuertes subidas y bajadas, pero en continuo ascenso hasta llegar al refugio de Thorung Phedi a 4.450 m. Allí recargamos agua por última vez antes de afrontar la dura subida que nos esperaba. Yo venía sin aclimatar, al igual que Pablo y Fali, mientras que el resto ya había estado una semana antes haciendo el trek del Everest y habían subido hasta los 6.000 metros, por lo que tenían cierta ventaja al respecto. Beñat , el vasco, fue el primero en empezar a subir. Un rato después le seguimos Joel, Tano y yo. En un principio iba un poco preocupado, porque no sabía cómo me iba a responder el cuerpo ante los 5.416 m que me esperaban, por lo que iba tranquilamente detrás de mis dos compañeros. Pero a medida que iba subiendo empezaba a encontrarme mejor, no aparecía ni un simple dolor de cabeza, así que aceleré el ritmo al final para pasar a Beñat. Detrás me seguían Joel y Tano. Lo curioso es que en este paso la mayoría de la gente va bien abrigada, pero en nuestro caso particular, al ir un poco más rápidos pudimos subir en pantalón corto y manga corta. Eso sí, en el collado no podías parar ni un segundo, porque el viento hacía que la sensación térmica fuera bastante fría, por lo que mejor era bajar algo para resguardarte de ese viento. En la bajada me acompañaban ya mis dos inseparables compañeros. Fue una bajada de vértigo, impresionante, disfrutando como enanos por esa pedregosa senda, con sus interminables zig zags y con más de 1.700 metros de desnivel negativo en muy pocos kilómetros hasta llegar a Muktinath, donde se encuentra uno de los monasterios más famosos y con mayor peregrinaje de los budistas. Aquí hay un lío de senadas y caminos que han abierto nuevos y aunque a lo lejos se ve claramente la ruta, cruzar este pueblo fue un poco laberíntico. Yo me fui por una senda y Joel y Tano por otra. Al final llegué yo antes a la ruta buena y les esperé el confluencia de los dos caminos. Continuamos bajando por la pista que va hacia Kagbeni, pero antes de bajar al pueblo sale una senda a la izquierda que acorta el recorrido y te lleva directamente a un pequeño poblado dentro ya del Kali Gandaki, un río encañonado donde hay un sempiterno y molesto viento que te llena de polvo hasta las orejas y te hace muy difícil correr. Este tramo es interminable y se hace eterno. Pero a pesar de todos estos “problemas” conseguimos llegar a Jomson. Y lo mejor de todo es que llegamos de día, pues antes de afrontar la subida al Thorung La la predicción que llevábamos era que no llegaríamos hasta la noche. El pueblo de Jomson es muy largo y desde la entrada del pueblo hasta la zona nueva hay un buen trecho todavía. Buscamos alojamiento justo al lado de otro checking policial y nos fuimos a esperar al resto del grupo. Aquí nos dimos la primera ducha de todo el recorrido (pero seguimos con la misma ropa). Hicimos alguna compra de última hora antes de comenzar con lo que se avecinaba mañana. El día siguiente estaba previsto que fuera de descanso pero al ser ésta la etapa más dura, acordamos hacer un tramo y no madrugar, hacer un tramo neutralizado pues de lo que se trataba era de quitar algunos kilómetros de la primera y más dura etapa de todas del Dolpo.


Día 25: Etapa prevista: de Jomsom a Molum Sumna. Distancia 46 km 5ª Etapa: Jomson-Bhima Lojun La: 5h. Distancia 16 km. Desniveles: +3200m, -1000m, total 4200m. Altitudes alcanzadas: mínima 2731m., máxima 5185. Haremos noche a 4860m.

He puesto los mismos desniveles y alturas en esta etapa y en la de mañana, pues iban unidas, aunque las hayamos hecho en dos días. También ha cambiado los destinos que estaban fijados de antemano, ya que las circunstancias nos obligaron a ello. Comenzamos a caminar a las 10:30 de la mañana. El desvío para adentrarnos en el Dolpo está a la entrada de Jomson, viniendo de arriba (Mustang). Enseguida comienza a ponerse la imperceptible senda cuesta arriba hasta llegar a un collado donde hay una antena. Después por otra senda se baja hasta llegar a un poblado llamado Phaltak donde nos avituallamos de agua, por si acaso. Desde aquí se vuelve a subir de nuevo, al principio por una pista y después por una senda que nos bordea por un cañón alucinante, con una caída de vértigo, eso sí, siempre cuesta arriba hasta llegar a otro collado. Aquí notamos que empieza a nevar, algo raro en esta época, según el “jefe”, pero nieva y empieza a hacer frío. Continuamos subiendo y por fin llegamos hasta una pequeña loma donde pensamos vivaquear a la luz de las estrellas. Allanamos un poco el lugar donde nos vamos a ir a dormir todos juntitos y sigue nevando. Enseguida al saco. Nadie se atreve a sacar la cabeza. Pensamos que iba a ser poco tiempo, pero hasta las 10 de la noche no paró de nevar. Además había un viento de perros. Teníamos más de 10 cm de nieve a nuestro alrededor. Algunos estaban muertos de frío. Cuando paró, me levanté y quité toda la nieve que teníamos, para dejar el suelo de nuevo seco y cocinar algo para cenar. Pero al poco tiempo empezó a nevar de nuevo y eso nos terminó de rematar. Aunque esta vez no nevó tanto, pero el frío era horroroso. Personalmente no tuve ningún problema con el frío, mientras estaba dentro del saco, otra cosa diferente era cuando salías. Por eso, cuando Jesús nos dio el toque de campana, todavía de noche, salir del saco era un suplicio. Además yo había estado pensando durante la noche, que tal y como estaba cayendo era muy difícil que continuáramos con la carrera. Pero el “jefe” es duro y sin el más mínimo atisbo de vacilación no dudó ni un momento en continuar.

Día 26: Etapa prevista: de Jomsom a Molum Sumna. Distancia 46 km. 6ª Etapa: Bhima Lojun La-Entre Jungben La y Niwar Pass: 10h. Distancia 30 km. Desniveles: +3200m, -1000m, total 4200m. Altitudes alcanzadas: mínima 2731m., máxima 5185. Haremos noche a 4860m.

Hacía un frío del copón a esas horas de la madrugada. Las manos, a pesar de los guantes, heladas, los pies lo mismo. Y por si fuera poco se nos presentaban los primeros kilómetros de la etapa con varios centímetros de nieve y todos en zapatillas. Así que comenzamos a caminar. El objetivo de hoy era llegar a Molum Sumna (algo que no ocurriría, como veremos más adelante). Por suerte, después de unos pocos kilómetros la nieve desapareció, salió el sol y pudimos parar para sacar los sacos al sol que se secaran y desayunar algo caliente con nuestras cocinillas de gas (que también hay que cargar con nosotros). Continuamos la ruta por un paraje de ensueño. Sendas escarpadas con una caída hacia un cañón que era mejor no mirar hacia abajo. Además la senda era cara norte y tenía tramos todavía con nieve, por lo que había que extremar mucho las precauciones y así llegamos a un lugar llamado Santa, donde decidimos esperar al resto del grupo, pues lo peor estaba por llegar. Ya que, aunque estábamos casi siempre por encima de los 4.000 metros, nos quedaban dos subidas de vértigo. Desde aquí bajamos al fondo del cañón que veíamos desde la senda y lo cruzamos por un destartalado puente, para subir de nuevo y llegar hasta muy cerca de un remoto pueblo llamado Ghotk. Aquí se gira hacia la izquierda y después de una diagonal, cruzamos un torrente y comienza la subida más dura de toda la carrera: el Jungben La de 5.550 metros. Aquí decido subir a mi ritmo. La verdad es que voy bastante bien y disfruto un montón subiendo a ritmo a este collado. Además me gustaría llegar con sol a nuestro destino final. Pero acordamos de esperar en el collado al resto de los compañeros que venían conmigo: Pablo, Tano y Joel. Cuando llegan arriba, el sol se acaba de poner. Todavía hay que bajar y volver a subir otro collado de 5.120 metros, así que voy a la carrera. Al llegar al fondo del valle espero a Joel para empezar a subir este nuevo collado, cuando desde atrás oímos voces. Parece ser que alguno viene muy tocado y se acuerda dormir en el fondo entre los dos collados de más de 5.000 metros. La noche ya se había echado encima y el frío ya empezaba a entrar en nuestros cuerpos. Preparamos unos vivac con unas piedras, una cena rápida y al saco. Otra noche de infarto. Temperaturas de -15 C y la mayoría congelados.

Día 27: Etapa prevista: Molum Sumna-Rapka. 7ª Etapa: Niwar Pass-Chharka Bhot: 8h 25’. Distancia 42 km. Desniveles: +1000m, -1300m, total 2300m. Altitudes alcanzadas: mínima 4110m., máxima 5027m. Haremos noche a 4535m.

Otra vez diana a las 5 de la madrugada. Con un frío de tres pares de narices comenzamos la subida al collado de Niwar Pass de 5.120m de altitud que teníamos que haber subido ayer. Y como viene siendo habitual, las manos y los pies son los que más se resienten, al menos hasta sale el sol o comience una bajada. Esta etapa, después de subir el collado se hace bastante llevadera, pues apenas hay desniveles. El inconveniente es que hay que cruzar varias veces un río helado y no hay puentes por donde pasarlo, por lo que toca mojarse hasta las rodillas con un agua completamente helada. La etapa transcurre prácticamente siempre siguiendo el curso del río que se va encañonando poco a poco. Pero se hace tremendamente larga. Nos vamos Joel y yo rodando por esa preciosa senda hasta que llegamos al pueblo de Chharka Bhot. Todos estos pueblos están completamente aislados de la civilización, sin agua corriente y con poca luz. Buscamos alojamiento y un señor nos ofrece su casa para dormir y nos da de cenar. Es lo mejor que nos podía pasar después de todos estos días de frío y mal comer. También va a venir muy bien para los que viene muy tocados. Para dormir nos dividimos en dos grupos y unos duermen en la cocina y otros dormimos en una especie de templo (nos dice que tenemos que dormir con la cabeza hacia el norte).


Día 28: Etapa prevista: Rapka-Lake Camp. 8ª Etapa: Chharka Bhot-Tinjegaon: 10h 40’. Distancia 43 km. Desniveles: +600m, -1100m, total 1700m. Altitudes alcanzadas: mínima 3870m., máxima 4535m. Haremos noche a 4000m.

Hoy por fin salimos con luz, pero lo que no desaparece es el frío. Además lo primero que se nos echa encima es otra subida a otro collado de 5.027m., el Mo La. Después una bajada empezamos a seguir el curso de otro río, que al igual que ayer, tenemos que volver a meter los pies en sus gélidas aguas. La ventaja de esta etapa es que también transcurre ligeramente hacia abajo, pero sin bajar nunca de los 4.000 metros., aunque de vez en cuando se nos echa encima algún duro repecho. Es otra etapa larga, en la que se puede correr, excepto cuando nos toca cruzar los dichosos ríos helados. Así llegamos a un espectacular pueblo tibetano llamado Tinjegaon. Uno de los pueblos más remotos del país, sin apenas contacto con extranjeros. Nadie habla inglés. Intentamos pedir comida pero no nos daban, aún pagándoselo bien. Ya nos lo habían advertido. Tienen tan poco y lo tienen tan racionado que si te dan comida se quedan sin ella para pasar el invierno. Así que aquí el dinero no sirve para nada. También pensamos en quedarnos a dormir aquí, pero aún quedaban unas horas de luz y queríamos recuperar el tiempo que llevábamos de retraso, por lo que decidimos continuar hasta encontrar un lugar donde pasar la noche. Después de una hora más o menos encontramos unas cuevas para el ganado en una pared. Un sitio ideal para resguardarnos del frío nocturno y poder cocinar tranquilamente.



Día 29: Etapa prevista: de Lake Camp Site a Shey Gumba. 9ª Etapa: Tinjegaon-Shey Gompa: 13h 32’. Distancia 38 km. Desniveles: +2100m, -1900m, total 4000m. Altitudes alcanzadas: mínima 3840m., máxima 5094m. Haremos noche a 4160m.

Nos volvemos a levantar de noche. Cocinamos algo para entrar en calor y comienza una nueva etapa. Continuamos por la senda hasta llegar a otro pueblo tibetano llamado Shimengaon, el más cercano al Tibet. Aquí tenemos que desviarnos a la izquierda, bajar al río y cruzar un pequeño puente que da lugar a otra dura subida, el Shimen Pass. Una corta pero técnica bajada nos lleva a Lake Camp (lugar al que teníamos que haber llegado el día anterior). Aquí volvemos a cruzar otro torrente y comienza otra dura subida hacia el collado de Khoma Pass. Este tramo es, quizás, el más complicado del recorrido. Hay que estar muy atento a las sendas que salen y coger la acertada. Una vez cruzado el río, la senda te dirige al pueblo de Saldang, pero no es la correcta, ya que hay que coger otra que sale en diagonal hacia la izquierda y dejamos el pueblo a la derecha. Seguimos subiendo y aquí hay otra bifurcación y, aunque la buena parece que sigue de frente, tenemos que coger la de la derecha (aunque llegaríamos de todos modos al collado, pero esta es más directa). Pero una vez en el collado, la situación no mejora. Apenas hay senda y hay que acertar el valle bueno. Llegamos a otro pequeño collado y lo faldeamos por sus innumerables pequeñas sendas de ganado. La bajada es un poco caótica, hasta dar una senda más definida, que se vuelve espectacular con una bajada flipante al fondo de un cañón (de las múltiples que hay en todo el recorrido). Una vez en el fondo del cañón seguimos el curso del río durante unos diez minutos y a la altura de un pequeñito poblado tenemos que girar hacia la izquierda y adentrarnos en otro (y ya no sé los que van) cañón, pero ahora hacia arriba. El tiempo se nos está echando encima y no sabemos si nos dará tiempo a llegar al collado antes de que anochezca, pero decidimos continuar. Al principio hay que cruzar varias veces el río, y en alguna de ellas no nos queda más remedio que volver a mojar los pies. Llegamos al collado de Sela (Gela) La, de 5.094 metros, y tal como esperábamos se nos vino la noche encima. Aún así, decidimos seguir y llegar al objetivo previsto: Shey Gompa. La senda estaba bastante bien marcada y nos permitía ir a buen ritmo. Me adelanté un poco y después de casi dos horas de marcha nocturna se vislumbra una luz al fondo. Me acerco y hay una luz en un techo. Le pregunto en inglés si podemos dormir, pero no me contesta. A los pocos minutos sale un señor y a base de monosílabos y gestos conseguimos entendernos. Parece que tenemos alojamiento y cena para esta noche. Poco después llegan mis compañeros y nos alojamos todos en la cocina. Para nosotros es un auténtico lujo poder comer y dormir en caliente. Aunque para nuestra cultura, para nuestra sociedad eso carece del más mínimo lujo e higiene, para nosotros es un hotel de cinco estrellas y, sobre todo, la disposición y el trato que nos dan. Se ponen a cocinar para nosotros, a pesar de la hora. Eso sí, la comida es la habitual de esta zona: el dalbat, el arroz con lentejas y verdura, que personalmente nos sabe a gloria (excepto al pobre de Claudio, que no puede comer picante, por eso bajó doce kilos en esta prueba). La verdad es que lugar es pintoresco, sólo hay dos casas y un monasterio o gompa. Como viene siendo también habitual casi todos dormimos en la cocina con la familia, excepto algunos que durmieron en la habitación de al lado con el monje.
Lo mejor de esta etapa es que recuperamos el tiempo que llevábamos perdido y ya estábamos de nuevo en horario.

Día 30: 10ª Etapa: Shey Gompa-Ringmo (Phoksumdo): 7h 52’. Shey Gumba a Ringmogaon. Distancia 34 km. Desniveles: +1700m, -2200m, total 3900m. Altitudes alcanzadas: mínima 3680m., máxima 5360m. Haremos noche a 3680m.

Hoy nos levantamos con la salida del sol. Ni que decir tiene que el frío vuelve a ser el protagonista de todas las mañanas, temperaturas siempre bajo cero. Empezamos a subir rápidamente por una senda que nos llevará a otro collado de 5.350m, el Nangdalo La. Cuando nos acercamos al tramo final, vemos que la última parte está cubierta de nieve y seguramente dura, pues es cara norte. Pero a medida que me voy acercando, efectivamente la nieve está dura, pero hay buena huella.

Una vez arriba nos esperan unas bajadas de esas que son para enmarcar. En la primera bajada nos vamos Joel y yo, seguidos de Fali y Beñat. Es una bajada arenosa y con piedra suelta que te permite bajar a muy buen ritmo. Después viene un pequeño tramo pedregoso y llano, para, en seguida entrar en una frenética bajada de piedra, encajonada, con una cascada de hielo a la derecha y una cordillera enfrente totalmente nevada, con unas vistas espectaculares.

Aquí se nos une Pablo y continuamos bajando, pues esto no para de ir para abajo. A partir de aquí el cañón se estrecha más y hay que cruzar el torrente varias veces con metedura de pata incluida, pero lo espectacular es la bajada por ese estrecho y pendiente cañón. Disfrutamos como enanos y de pronto el estrecho cañón desemboca en otro, un poco más amplio. Aquí la ruta es ya completamente llana y hay que continuar por el curso del río hasta llegar a un lago. Según vamos corriendo nos damos cuenta que la senda desparece entre los diversos meandros del río. Intentamos buscar por donde cruzar sin mojarnos, cruzando por encima de árboles, pero no damos con la senda, así que regresamos al principio donde acababa la senda y otra vez a meter los pies en el agua y cruzar varias veces estos pequeños arroyos hasta que llegamos al lago. El lago se bordea por su parte derecha. Sale una preciosa senda en medio de un bosque, que sube y baja continuamente (bueno, sube más que baja, sobre todo en sus tres cuartas partes primeras). Eso sí, las vistas son de postal. A medida que la senda sube el lago va quedando abajo, con un color azul turquesa impresionante. Y la senda sube mucho, tanto que hay que tener cuidado, porque una caída por allí arriba te llevaría directo al lago y hay alturas considerables. Y llegamos al tramo final del lago. Y menuda bajada. Una senda retorcida con una cantidad de polvo que no te deja ni ver. Bajamos a saco, lo que provocó alguna caída sin importancia. Por fin llegamos prácticamente al final de lago donde hay un pequeño pueblo. Desde aquí no dejamos de maravillarnos con las preciosas vistas que tenemos.

Esperamos a que llegue el resto de la gente y tras debatir si nos quedamos aquí a dormir o no, decidimos seguir con la ruta, pues todavía tenemos unas horas de luz. Además, según el “jefe”, a partir de aquí ya hay más alojamientos. Llegamos a otro pequeño pueblo, pero no hay alojamiento. Un poco más adelante vemos otro un poco más grande, pero resulta que es un colegio que alberga a la mayoría de los niños de todos los pueblos de la zona. Y tenemos que seguir. Está a punto de hacerse de noche y vemos una casa, cuando desde atrás viene un chaval del colegio que nos lleva hacia esa casa. Será nuestro “hotel” para esta noche. El chico había venido para hacernos de traductor, ya que esta familia no habla nada de inglés. Vaya pedazo detalle.
Nos parece increíble, que después del retraso que llevábamos y que nos había hecho replantear las etapas, al final habíamos, no sólo recuperado el tiempo perdido, sino que ya nos habíamos adelantado a nuestras previsiones. Y sin fallar ninguno. El lugar donde nos alojamos, creo que se llamaba Polam, pero tampoco estoy muy seguro.

Día 31: 11ª Etapa: Ringmo- Juphal: 7h 56’. Ringmogaon a Juphal. Distancia 40 km, Desniveles: +400m, -1800m, total 2200m. Altitudes alcanzadas: mínima 2282m., máxima 3733m. Haremos noche a 2475m.

Por fin llegamos a la última etapa. Hoy hemos decidido tomárnoslo con calma, ya que tenemos bastante tiempo recuperado. La ruta es la más monótona de todas, aunque también tiene su atractivo. Seguimos la senda que va bordeando el río hasta llegar a la confluencia con otro gran río, el Thuli Bheri. Aquí tenemos que seguir ya una pista durante unos cuatro kilómetros hasta coger una empinada senda que nos lleva, primero a la parte baja del pueblo de Juphal, que cruzamos, para seguir subiendo y llegar a la parte alta, FIN DE NUESTRA AVENTURA.

A pesar de que este pueblo es grande, no deja de estar aislado, como el resto de todos estos pueblos. Desde aquí sólo se puede salir a pie (cuatro días) o en avioneta (nuestro objetivo) en una pista de tierra que alucinas (la policía y el ejército tenían que espantar las cabras y los yaks para que la avioneta aterrizase).Intentamos hablar con nuestro intermediario Tenzing por teléfono, para gestionar los vuelos, no sólo el de Juphal, sino también el de Nepalgunj, algo muy difícil, pues las comunicaciones aquí son tan malas como las de Telefónica (bueno, algo peor). A pesar de que ya teníamos los billetes para volar, no es tan fácil salir de aquí. En un principio nos dijeron que no podíamos volar. Después nos dijeron que estuviéramos en el “aeropuerto” a las 7 de la mañana del día siguiente. Después que a las 6 de la mañana...

Día 1 Noviembre:

Y nos presentamos a las 6 de la mañana en el “aeropuerto” (mejor no os lo describo, pero os lo podéis imaginar e imaginad mal…). Total, que nos dan las 10 de la mañana y allí seguimos en espera. Hasta que de pronto nos llaman. Pasamos el “control policial” (seguid imaginando…) y esperamos a que llegue la avioneta. Y por fin llega. Sólo cabemos ocho, justo los que vamos. El despegue es si o si. Si no despega…nos vamos al vacío!!!. En media hora llegamos a Nepalgunj, y aquí a gestionar de nuevo los billetes para volar definitivamente a Katmandú. Para gestionar todo esto en este país tienes que tener una palabra siempre en tu cabeza: paciencia. Pero conseguimos los billetes y podemos volar por la tarde y llegar a Katmandú.

CONCLUSIONES:

Lo primero de todo darnos una ducha. Llevamos 8 días sin ducharnos y tenemos que frotarnos con estropajo para sacar toda la mugre que llevamos encima. Hay que tener en cuenta, que no nos cambiamos de ropa en todo el recorrido; que nada más acabar cada etapa nos metíamos en el saco con la ropa que habíamos corrido y que a ver quién era el guapo que se daba una baño en unas aguas gélidas!!!
La mayoría de la gente puede quedar impresionada por la carrera, por el lugar, por el recorrido, por la dureza, por lo extremo, que sin ninguna duda quita el hipo y es un poco la excusa del viaje. Pero en este tipo de pruebas hay algo más: el equipo. Aunque a pesar que siempre hay diferencias de opiniones entre nosotros, lo mejor fue llegar todos. Y si hubo que renunciar a correr, en mayor o menor medida, se hizo. Se esperó, se hicieron tramos en grupos, porque el objetivo era el equipo y me alegro de haber compartido esta aventura con toda esta gente. Pero también hay algo más: la gente que habita este lugar, y a este lugar me refiero al Dolpo. Creo que unas vacaciones para mucha gente a cualquier poblado de estos le cambiaría la visión de la vida. No se puede explicar con palabras lo que se ve, ni lo que se siente. Yo repetiría encantado este recorrido. Estás en otra dimensión.

19 oct. 2011

ULTRA TRAIL CHISMES DOLPO ANNAPURNA

Ya estoy en Katmandu, y como viene siendo habitual ultimamente, cada vez que vuelo, el viaje es una odisea, vamos,que no me he quedado en Madrid(bueno, nos hemos quedado,porque Fali venia conmigo),de casualidad. No me querian dejar embarcar porque no tenia visado, pero es que se saca en Katmandu, cuando se llega. Que si ibamos en grupo, necesitabamos el documento que lo acredite. No lo tenemos, ni nos han comentado nada al respecto. Al final,despues de un buen rato,me dan la tarjeta de embarque, pero solo hasta Nueva Delhi,despues de hablar con un jefe.Espero a que llegue Fali, porque le va a pasar lo mismo y cuando le veo, se acerca la chica del mostrador para pedirme la tarjeta de embarque y me la rompe,porque le han devuelto mi mochila, ya que,insiste, sin visado no puedo entrar. Le comento que vamos hasta Katmandu, no hasta Nueva Delhi. El vuelo a Katmandu, no aparece reflejado. Resulta que han cambiado el numero de vuelo y por eso no aparece. Asi que despues de volver a negociar, por fin conseguimos embarcar,con el miedo en el cuerpo.Eso si,solo nos dieron la tarjeta de embarque hasta Milan, donde tuvimos que salir para conseguir las otras dos,que, por cierto, a Fali tambien le dio problemas en Nueva Delhi,porque le faltaba un jodido garabato a boli en la tarjeta de embarque. En fin, que no se que sera mas emocionante en estos casos, si el viaje o la carrera. Ya veremos y ya lo contaremos,....espero.

14 sept. 2011

El Tor des Géants



No me cansarè de repetirlo, pero esta carrera se sale de madre. En la ediciòn pasada dije que no volverìa porque esto es inhumano, y ahora lo confirmo una vez màs y lo aumento, si cabe. Te va a dar igual al ritmo que quieras hacerla. A lo largo de la carrera, te va a pasar de todo lo inimaginable, pero es curioso, al menos para mi, que ves que vas perdiendo el hambre, no te apetece comer, te duele ya todo, y cuando digo todo es todo, porque si en un momento te deja de doler los cuadriceps,entonces empiezan los aductores y sino los hombros y te entran ganas de dormir y quieres llegar hasta el pròximo refugio, y que narices, tienes todas las opciones y todas las excusas que quieras para abandonar, pero como decìa antes, es curioso, que eso es lo ultimo que estàs dispuesto a hacer y ya solo como ultimo recurso. Y cuando no queda màs remedio, entonces se pasa mal, se pasa fatal,y no importa el puesto en el que vas. Tenìas un reto y no lo has conseguido y eso duele,que narices. Pero tambièn es cierto, que al cabo de unos dìas lo ves de otra manera. Esto es un hobby,una filosofìa de vida y como tal filosofìa te ayuda a buscar otro reto y a aprender de èste y a seguir con mis suenyos(es que no tengo la ene con bigote). Ya seguirè cuando llegue a mi casa...

23 ago. 2011

I CARRERA DE MONTAÑA VILLALFEIDE-POLVOREDA



I CARRERA DE MONTAÑA VILLALFEIDE-POLVOREDA

El domingo día 21 de agosto se celebró la I carrera de Montaña desde el pueblo de Villlalfeide hasta el pico Polvoreda (2005m) (o Correcillas, depende a la gente de que pueblo preguntes).
Os animo a que en la próxima edición os decidáis a participar, no os defraudará. La carrera está situada en un lugar espectacular. Tenéis al lado las Hoces de Vegacervera (para hacer escalada) la cueva de Valporquero(para hacer espeleología o la parte turística), el río Torío (para hacer kayak) y una cultura gastronómica increíble (entre otras cosas, la famosa cecina de Vegacervera).

Pero vamos a la carrera. Era de una distancia de 20 kilómetros. Salía del pueblo de Villalfeide, los primeros kilómetros por una pista en continuo ascenso, que luego se fue convirtiendo en senda, hasta llegar al primer collado. Desde aquí se traza una diagonal y a se adentra uno en un precioso bosque donde comienza la bajada por una senda zigzagueante hasta salir de nuevo a una pista que nos lleva de nuevo a las afueras del pueblo.

Al principio íbamos un pequeño grupo, que poco a poco se fue desgranando y en la subida nos quedamos Pablo Villa (un joven leonés con un futuro prometedor) y yo. Durante la bajada se nos unió Aarón y así comenzamos de nuevo la subida al pico Polvoreda. De nuevo por una pista a través de un bosque y luego una senda que nos indicaba que comenzaba la subida dura y técnica al pico. Aquí ya íbamos un poco separados unos de otros. Poco antes de llegar a la cumbre, en un pequeño despiste, se me unió el asturiano Juan Luis Rodríguez y así llegamos juntos a la cumbre.

En la bajada, bastante técnica, pues no hay senda evidente, me fui separando poco a poco del asturiano, hasta que se terminó esta parte rocosa y se llegó a un avituallamiento. A partir de aquí comenzaba una senda en diagonal, con pequeños toboganes y muchos giros, picando ligeramente hacia abajo, hasta que se llegó de nuevo a una pista. Se baja un trozo por ella y se gira hacia la izquierda, donde hay otra tachuela que subir, para comenzar la última bajada al pueblo de Villalfeide, donde está situada la meta. Aquí llego en 2h 8 minutos. Dos minutos después llega el asturiano y cinco más tarde Eladio, que baja como una moto.


La organización ha sido genial. Casi no hacían falta ni marcas, ya que había una persona situada cada poco a lo largo del recorrido que te orientaba. Y para rematar, nos incluía una paella al final. El pueblo entero volcado. Así da gusto ir a correr.


Y como último detalle, allí estaba en la salida mi colega Jesús Calleja, que también se decidió bautizarse en este tipo de pruebas. Logró terminar y durante la comida estuvimos intercambiando impresiones. A ver si se anima a hacer algún desafío de este tipo…

18 ago. 2011

TRANSCARPATHIAN HIKING ROAD

Me gusta utilizar mi tiempo libre navegando por internet, buscando “cosas raras” (no penséis mal), me refiero a países, lugares, montañas, carreras, pruebas, retos que me proporcionen esa dosis de satisfacción que me hacen sentir que estoy vivo. Y en una de esas búsquedas me encontré con la Transcarpathian Hiking Road. Me interesó porque me había recorrido todos los Cárpatos, desde Bulgaria, Eslovaquia, hasta Rumanía. Pero me quedaba ese reducto de la montaña en el sur de Ucrania. La cosa se puso más interesante, cuando veía que era casi misión imposible conseguir algo de información al respecto. Algún mapa, bastante malo, por cierto, y algunas rutas que organizaban agencias, pero que tampoco servían de mucho. Alguna agencia me contestó que era fácil conseguir mapas en cualquier ciudad del país (algo que no resultó tan fácil como decían).
Ya había comentado con alguna gente que me interesaba este proyecto (Pablo Criado, Xesc Teres, Oscar Pérez,…) y finalmente fue Oscar el que se decidió a hacer esta locura conmigo.
Así que sacamos los billetes a Kiev para el viernes 5 de agosto, justo cinco días después de haber acabado la Ultra del Aneto. Y una vez aterrizados en Kiev, comienza ya la aventura. Lo primero es acercarse desde el aeropuerto hasta la capital. Como muchos ya sabréis ir en taxi es un atraco, sobre todo, si somos turistas, por lo que decidimos buscar el bus (nº 322, por si vais alguna vez y sale a 300m de la terminal F), que además nos dejaba justo enfrente delante de la estación de trenes (250 hrivnias en taxi, 20 en bus; 1€=11,70Hrv).
Nos dirigimos a una ventanilla de la estación para comprar los billetes.
-Dba bileti do Ivano-Frankivks, pregunto. Net, respuesta. Y comienza “la pelea”. Bueno si no hay billetes para las 7 de la tarde, pues para el de las 9. Tampoco. Bueno, pues para el de las 11. Tampoco. Coño, pues dame dos para Lviv, si no podemos ir a Ivano, por lo menos vamos a otra ciudad que esté cerca. Pues tampoco hay billetes. Todo esto en ruso-ucraniano. A ver, como narices van a estar llenos de gente esos trenes kilométricos. Estamos en esas, cuando una chica de la cola de al lado se acerca y nos pregunta en inglés si nos puede ayudar. Pues faltaría más. Y se pone a hablar con la chica de la taquilla. Después de unos minutos nos dice que esperemos cinco minutos aquí al lado. Pasa el siguiente cliente, le da un billete y acto seguido nos da a nosotros nuestros billetes para las 9. Y, contentos, pero con cara de gilipollas, porque no entendemos nada, nos vamos. El billete nos costó, los dos unas 200 Hrivnias.
El tren son vagones con habitaciones con cuatro literas, ya que es nocturno y tarda 11 horas en llegar a Ivano-Frankivks. Son un poco cutres, pero por lo menos puedes ir tumbado y dormir un poco. Además te dan sábanas limpias. El tren llega sobre las 8 de la mañana a Ivano-Frankivks.
Lo primero buscar un hotel para dejar nuestra mochila y salir este mismo día hacia Vorokhta. Hay muy pocos hoteles en estos lugares, pero encontramos uno muy cerca de la estación, que estaba bastante bien y nos permitieron dejar allí la mochila para cuando regresáramos y nos fuimos a la estación de bus para irnos hacia Vorokhta. Por qué hacia aquí, si la ruta oficial empezaba en Kvasi o en Yasenia. Pues porque desde aquí se pueden hacer los dos picos más altos del país y estos no se encuentran en la ruta que íbamos a hacer y no queríamos irnos del país sin hacer estas cumbres. Vamos en el bus y primer despiste. Nos pasamos del pueblo sin darnos cuenta y se lo decimos al conductor. Por gestos entendemos que quiere que vayamos al siguiente pueblo y luego regresar en otro bus, pero deducimos que no nos habíamos pasado más de dos kilómetros, decidimos bajar y retroceder andando y así llegamos a Vorokhta. En el primer hotel (aunque tampoco era propiamente un hotel) que preguntamos no había plazas. El siguiente era una especie de albergue y aquí si nos aceptaron. Ojo, es muy difícil encontrar a alguien que hable inglés en estos lugares, casi todo era con monosílabos y porque yo estudié ruso hace unos años y me acordaba de algunas palabras. Aún así te estafan en los precios, pero tampoco era cuestión de regatear ya que no merecía la pena. El precio de este lugar fue de 200 hrivnias e incluía el desayuno, pero veíamos como cuchicheaban entre ellas y sonreían y al final nos incluyeron la cena (de lo que se deduce que te la estaban clavando bien). Pero el sitio estaba bien. El problema fue que hasta ahora nos fue imposible conseguir un mapa decente y con uno grande nos las teníamos que apañar. Ojeando el mapa vimos que desde este pueblo salía una ruta directa hacia el Hoverla (2.060m), el pico más alto del país. Desde aquí queríamos llegar después hasta Kvasi, que es donde comenzaba la ruta oficial.






Así que nos levantamos a las 5 de la mañana para desayunar y salir media hora más tarde. Y como era de esperar nos equivocamos ya en el pueblo y un foráneo se nos ofreció para llevarnos en su vehículo por la carretera hasta el campo base, pero decidimos dar la vuelta y seguir investigando por otra ruta. Esta vez conseguimos llegar más lejos y creíamos que íbamos bien, pero, y esto se convertiría a lo largo de todos los días en algo rutinario, no había ni una marca; cuando se bifurcaban los caminos no teníamos ni idea cual coger y así llegamos a un collado donde no salía ni una triste senda, por lo que finalmente decidimos dar la vuelta y subir por la ruta oficial, es decir, subir hasta el campo base, primero por carretera y después por una pista de tierra y piedra, eso sí, por aquí hay que pagar la entrada al parque (otras 40 hrivnias).


El inconveniente de subir por aquí es que es una romería, muchísima gente, ya que es un pico fácil con dos repechos. Nosotros, eso sí subimos ligerillos, tardamos cincuenta minutos en llegar a la cumbre.


Lo negativo, la cantidad de basura que nos encontramos por el camino y, sobre todo, en la cumbre. Era un auténtico basurero. Pero esto también fue algo muy común los días siguientes.
Desde el Hoverla (o Goverla) nos dirigimos al Petros (2.020m), el segundo pico más alto del país. No está lejos del primero y seguimos la cresta comenzando a bajar, y otro error, no era la senda correcta. Repito que las marcas aquí son pésimas.


Decidimos hacer una diagonal monte a través y, lógicamente, nos metimos en un berenjenal de maleza alta, que aunque no fue mucho, si fue bastante penoso, pero veíamos muy cerca al fondo unas cabañas, y así salimos de ahí yendo a salir a la preciosa senda que subía de esas cabañas. Continuamos por una pista unos cuatro kilómetros hasta que salía el desvío hacia el Petros por una senda inclinada, pero cómoda. Y llegamos a arriba donde había otro basurero. Creo que tardamos sobre una hora y media en llegar de un pico a otro. Arriba llegaron tres chavales en bici de montaña que quería hacer bici en plan descenso y que me comentaron que había una carrera muy chula de 100 km en julio por allí (ya la tengo anotada en el calendario, la Gorgany Race). Y comenzamos la bajada hacia Kvasi, al principio por una senda herbosa para luego dar a una pista que nos metió de lleno en el pueblo. Aquí buscamos un hotel y nos preparamos para cenar (otra odisea). Pedimos varios platos, pero al final nos trajeron una ensalada (cutre) y un puré de patatas, y venga a esperar y pasando olímpicamente de nosotros (esta impresión fue una constante casi general en todo el país, salvo raras excepciones). En el pueblo, en el hotel, en restaurantes, preguntábamos a la gente para coger la ruta que nos llevaba al siguiente destino y…no sabe no contesta. Vuelta a tirar del mapa. Después de intentarlo de todas las maneras posibles y para asegurarnos vimos que entre Kvasi y Yasenia salía una ruta bastante clara. Nuestro próximo objetivo era llegar a Ust Chorna.
Por lo que a la mañana siguiente nos dirigimos primero a Yasenia, que era una ciudad un poco mayor, por si podíamos comprar algún buen mapa…pues nada de nada. Así que a coger la ruta que habíamos decidido la noche anterior. Por si fueran poco todos estos males, amanece lloviendo y con niebla. Aún así decidimos continuar. La ruta comienza por una pista de tierra que en nueve kilómetros nos lleva a la estación de esquí de Dragobrat. Una subida constante por valle encajonado y por una pista de barro. En Dragobrat preguntamos por dónde se iba a Ust Chorna y nadie sabe nada. Vemos unas marcas amarillas y otras verdes. Seguimos subiendo por las amarillas que van como por una pista de la estación y nos encontramos con un chico que baja corriendo. Le pregunto y me dice que sí, que cuando lleguemos al collado, giremos a la derecha y por una pista, durante 12 kilómetros llegamos a Ust Chorna.


No me lo puedo creer. Efectivamente llegamos al collado (Peremyska, 1554m) y allí había una preciosa señal con varios indicadores donde en uno ponía a Ust Chorna, con marcas rojas y blancas. En lo único que se había equivocado este chico era que la distancia no eran 12 km (a mi me parecía muy extraño tan poca distancia, por lo que habíamos visto en el mapa), sino 35 y medio. Pero no nos importaba, incluso mejor (claro que no sabíamos lo que nos quedaba por llegar). Seguimos las marcas y subimos el pico Stih (1704m). La pista era bastante corrible, con subes y bajas continuos, pero no veíamos absolutamente nada de la niebla que había. Así llegamos a un punto llamado Gerisaska(1762m) donde nos encontramos a cuatro personas que iban haciendo la ruta. Les preguntamos y ellos seguían la ruta que había visto en el mapa, pero nosotros decidimos seguir las marcas rojas y blancas (luego vimos que iban en dirección equivocada, ya que la ruta que ellos seguían iba casi en dirección contraria a Ust Chorna). Nosotros comenzamos la bajada y en punto llamado Trojaska vimos otro indicador que nos marcaba a Ust Chorna 23 km, por lo que nos alegramos ya que nos asegurábamos de que íbamos por el buen camino. Pero a partir de aquí desaparecieron las señales. Había bifurcaciones de caminos y no teníamos ni idea por cual tirar. Dimos la vuelta varias veces porque ya dudábamos de que fuésemos bien. Unas veces Oscar iba por uno y yo por otro para ver si veíamos alguna marca, pero ni una y como además seguía cerrado de niebla no se veía absolutamente nada. Intentábamos seguir lo que se suponía el camino principal. Luego pensamos que si seguíamos por donde había más basura no nos hubiésemos equivocado. El caso es que después de dar varias vueltas decidimos bajar por una pista y, curiosamente, despejó el día. Vimos unas cabañas al fondo de un valle y estuvimos a punto de bajar a preguntar a alguien (igual hubiera sido buena idea haber perdido allí media o una hora y haber bajado), pero continuamos por la pista hasta que llegamos a un cruce. Aquí pensamos que íbamos bien, pues había que comenzar una bajada a la derecha que nos llevaría a nuestro destino. Además había un todo terreno aparcado en el cruce. Y comenzamos la bajada. Un giro a la derecha y……de lleno con un camión maderero. Le preguntamos al conductor y…no era por allí. Ese camino no tenía salida. Uuufffffffffff, para arriba de nuevo. El conductor nos dice que le sigamos. Estuvimos a punto de ir de nuevo hacia las cabañas del principio, pero decidimos seguirle, hasta que el camión se atasca, patina y no puede subir, por lo que nosotros subimos hasta llegar de nuevo al cruce. Mira y remira el mapa y de pronto vemos venir otro camión, por donde nosotros habíamos venido. Pero este camión viene cargado de gente. Les preguntamos para ir a Ust Chorna y se nos ofrecen a llevarnos, pero nosotros queríamos seguir corriendo, hasta que nos dicen que todavía nos quedan….30 kilómetros. No me lo puedo creer. Si hacía más de diez que nos quedaban 23, como nos van a quedar más de 30. Evidentemente nos habíamos equivocado en algún cruce (como luego pudimos comprobar, por un pequeño despiste y ausencia de marcas, pero así fue). Qué hacemos, casi sin agua, con esa kilometrada,…pues al camión. Y así llegamos a Ust Chorna, en un camión lleno de gente, con hombres, mujeres y niños que a saber de dónde vendrían y en qué estarían trabajando, porque de vacaciones seguro que no estaban. Luego también pudimos comprobar que cuando bajamos, en el giro a la derecha, como estaba muy marcada la pista por los camiones madereros, no vimos una senda que bajaba de frente hacia abajo, y que nos hubiese llevado también a Ust Chorna, aunque tampoco era la “oficial”. Sin contar con el camión, hasta aquí empleamos unas 10 h 20’
Nada más bajar, nos fuimos a un pequeño restaurante que había enfrente y ….oh sorpresa!!!, vendía mapas y buenos. Increíble. Eso sí, sólo tenía de una parte del recorrido. Pero era bastante bueno. Además no necesitamos ir a ningún hotel, pues a la puerta había unos turistas checos (por lo visto deben ser los únicos que vienen a este país) que nos comentan que van a una casa particular. Quedamos con el dueño, nos la enseña y es una pasada, hasta con sauna y cocina equipada. De todos los lugares que estuvimos, sin duda, este fue el mejor, con diferencia y todo por 150 hrivnias.
Al día siguiente nos levantamos pronto y a eso de las 7 de la mañana comenzamos otra nueva etapa que esta vez nos llevaría hasta Mizguiria, pasando por Kolochava y Sinevir. Ahora teníamos un buen mapa y estábamos más animados….hasta que vimos el día. Si ayer hizo malo, hoy todavía peor. Aparte de la niebla, más densa, de la lluvia, más intensa, se unía el viento. Empezamos a subir y una vez llegados al collado había bastante frío. Aquí pasamos los peores momentos, ya que estuvimos a punto de dejarlo y dar la vuelta. Con ese tiempo de perros y empezando a surgir las dudas de si íbamos bien o no, pues con este tiempo, perderse hoy podía ser fatal. Y cualquiera sacaba el mapa para ver si íbamos bien o no. Aún así continuamos, por una pista rompepiernas, con continuas subidas y bajadas. Y después de varias horas vemos con sorpresa y alegría una señal que nos indica un desvío a la derecha hacia Kolochava 14 km, dejando la pista principal de marcas rojas y blancas por una senda con marcas verdes y blancas.


Bajamos y a los cinco minutos desaparece la senda. Pues ya estamos otra vez. Para arriba, para abajo, calados hasta los huesos, y de pronto vemos que la senda arriba se bifurcaba y bajaba por la derecha. Bajamos por una senda estrecha y cerrada que termina de meterte el agua hasta los ojos y por fin llegamos a una pradería abierta y a una pista….y el día despeja, manda leches. Ahora que estamos a 7 km de Kolochava por una pista fácil. Y cuando todo sale mal, aún puede salir peor, pues toma dos tazas. Nos equivocamos en la bajada. No era esa, sino otra que teníamos que haber cogido varios kilómetros más adelante. Así nos tuvimos que tragar todos esos kilómetros por carretera. No es que hiciéramos más kilómetros, sino que los tuvimos que hacer por asfalto. Intentamos tomar algo en Kolochava, pero la amabilidad de esta gente brinda por su ausencia y nos fuimos hacia Sinevir. Íbamos tan quemados que nos debimos pasar el primer desvío hacia Muzguiria y nos tuvimos que tragar otra kilometrada de asfalto. Cuando llegamos a otro desvío y vimos que era una carretera casi nos da algo. Paramos a comer algo y de pronto a Oscar se le iluminó la bombilla y recordó que desde allí salía una ruta por el monte que venía de la que habíamos tenido intención de haber hecho si no hubiese habido tan mal tiempo y eso nos alegró. Además era más corta que si fuésemos por carretera, pero eso era lo de menos, lo importante era que iba por el monte.


Por los ya constantes vaivenes que tiene esta ruta llegamos al último collado desde el que se divisa la ciudad. Once horas empleamos hoy para llegar. Parece una ciudad grande, y lo es, pero cuando llegamos y preguntamos a la gente por un hotel, sólo nos indicaban a uno, porque no debía haber más. El hotel más cutre que tuvimos en toda la instancia en el país, claro que también el más barato (100 hrivnias). Y más problemas. No teníamos mapa de la etapa de mañana. Pregunta que pregunta en toda la ciudad y otra vez sin mapa y sin saber por donde tenemos que ir ya que la gente o no sabe o no quiere decir nada. Y como nos amanezca otro día como hoy, no sé si no lo mandaremos todo a ese sitio…



Fuimos a dar una vuelta antes de cenar y, aleluya, de pronto vemos unas marcas rojas y blancas dibujadas en un poste. Las seguimos y vemos más que cruzan el río. Damos la vuelta, vamos a cenar y decidimos seguir esa ruta mañana, sin saber si es la buena o no. Sobre el mapa grande parece una ruta fácil, ya que es lineal, sin apenas bifurcaciones (luego, y como de costumbre, ya no lo es tanto).
Y salimos a las 7 de la mañana con destino final a Volovets. Y como es habitual comenzamos con una subida por una pista y luego por una senda en medio de un precioso bosque.


Al principio con algo de niebla y con alguna duda en algunos cruces. Que lo solventábamos yendo uno por uno y otro por otro hasta que uno de los dos veía alguna marca. Luego la niebla desapareció y quedó, por fin, un buen día. Pero tuvimos algunas dudas, ya que a veces, la pista se desviaba con un giro de 90 grados y no nos cuadraba, pero luego nos dimos cuenta que era para sortear los profundos valles que hay por la zona. De vez en cuando nos encontrábamos algún pastor, que nos indicaba por dónde debíamos ir.


Lo verdad es que se nos hizo entretenido este tramo, pues íbamos por sendas y pistas verdes con profundos valles a los lados y con las continuas subidas y bajadas que te muelen las piernas. Hacia al final nos encontramos con más gente que hacía montaña por la zona y ya nos íbamos dando cuenta que íbamos bien y que lo teníamos casi hecho.


Así llegamos al último pico de la zona, desde donde se divisa al fondo una estación meteorológica, bajamos hacia ella y…por fin vemos Volovets al fondo. Sólo nos quedan once kilómetros cuesta abajo para llegar. Y por una vez, vamos a terminar con un buen sabor de boca, pues cuando comenzamos a bajar por la pista, al cabo de un kilómetro, más o menos, unos aldeanos nos dicen que vayamos por una senda que transcurre al lado de unos postes de la luz. Uuuaaahhh, que bajada nos pegamos más chula. Luego dos kilómetros de pista y por fin Volovets. Son las cuatro y cuarto de la tarde.
Busca hotel y vuelta de nuevo a pelearse para ir a Ivano-Frankivks. Las combinaciones son pésimas y decidimos ir a Lviv, pues disponemos todavía de casi tres días, pero aún así no es fácil. Primero nos dicen que tenemos que ir en bus, pero hay que hacer tres combinaciones y finalmente nos decidimos ir en tren. Son seis horas, pero merece la pena, pues vas directo. Eso sí el tren es de época. Lviv no está mal, quizá la única ciudad de las que vimos que tiene un poquito que ver. Lo más curioso que nos pasó aquí es que cuando llegamos a la estación, quisimos comprar el billete de tren para el día siguiente irnos a Ivano-Frankivks, pero la chica de la estación nos dijo que no había trenes, que sólo en autobús. Bueno, nos vamos al hotel y les preguntamos si nos podían informar del horario de autobuses y si había trenes. A los diez minutos bajamos y nos dan una hoja con el horario de autobuses……y de trenes. Pues sí, había también trenes a Ivano, ay señor…
En Ivano no nos encontramos con un chico de Toledo que estaba montando un bar en esa ciudad. Le extrañó ver turistas allí y menos españoles. El tío estaba cabreado, y no sabéis hasta que punto, con la actitud de la gente de ese país. Bueno, algo que nos confirmó lo que ya suponíamos y habíamos comprobado. Esa misma noche nos fuimos a Kiev. Otra ciudad para olvidar.
Sin contar el primer día de montaña, empleamos treinta horas y veinte minutos en hacer esta ruta, pérdidas incluidas.
Lo que nos gustó: tiene bosques inmensos, como los del abuelo de Heidi, y mucho verde, pero creo que es lo único que se salva. Pienso que hay muchísimos lugares mejores donde ir. En un principio, cuando vi las fotos de esos lugares, me pareció espectacular, incluso vi fotos del Hoverla y parecía montañoso, pero nada de nada. Y el precio por movernos por la zona de los Cárpatos, bastante asequible, barato, y sin regatear, tanto hoteles, como restaurantes, autobuses o trenes.
Lo que no me gustó nada: la cantidad de basura que hay por el monte. Probablemente alguno piense que por aquí también la hay. Sí, pero nada comparable a aquello, os lo garantizo. La actitud de la gente, la desidia, apáticos, sin interés, fríos, dejados, …salvo muy raras, pero muy raras excepciones; como de costumbre, los más predispuestos, los pastores de la montaña. Las rutas, de malas a pésimamente marcadas. Los desvíos, que hay muchos, casi ninguno marcado. Y como te pierdas, puedes aparecer en Rumanía. Muy difícil, extremadamente difícil encontrar a alguien que hable inglés. Lo mismo que encontrar a alguien que pueda darte información de cualquier ruta, incluida la gente de los pueblos.
No hay turismo. No vimos ni un solo turista, salvo unos checos. Los demás todos eran del país. Y eso es raro, pero tampoco me extraña. Ahora mismo yo tampoco se lo recomiendo a nadie.
Aún así, y dadas las condiciones, estoy contento con lo que hicimos. Si hubiésemos tenido mapas y con los conocimientos que ahora mismo tenemos, se puede hacer todo, incluido lo del primer día, en dos días, dándole un poquito de caña, eso sí, pero es que a eso íbamos.

4 ago. 2011

TRANSCARPATHIAN HIKING ROAD

Dentro de unas horas cogeré un avión con destino a Ucrania. Iré con mi amigo Oscar Pérez. El objetivo: Cruzar los Cárpatos Ucranianos corriendo desde Volovets hasta Rakhiv, a través de las montañas más altas del país. Son unos 280 km. Y esperamos tener tiempo de subir el pico más alto (el Hoverla), que nos queda un poquito más lejos del recorrido, pero a tiro. No tenemos ni idea de dónde empieza, ni de dónde podremos dormir, ni dónde podremos comer, ni nada de nada ya que hay muy poquita información en internet. Por no tener, aún no tenemos el billete de tren que debe llevarnos a Ivano-Frankovks. De momento sólo tenemos un mapa, así que no sé dónde acabaremos....

2 ago. 2011

ANETO ULTRA TRAIL 2011

ULTRA TRAIL ANETO

El 30 de Julio se celebró el Ultra Trail del Aneto (conjuntamente con otras dos pruebas: las dos caras del Aneto y la Maratón del Aneto). Una ultra por montaña de casi 100 km que rodea el macizo de la Maladeta, con el Aneto incluído. Algo más de mil corredores, entre las tres pruebas, nos citamos en Benasque.

La previsión meteorológica era un poco imprecisa. Hasta entonces había hecho bastante mal tiempo, pero parecía que este fin de semana nos podía dar un respiro. Al final, incluso nos hizo calor.

La carrera es en autosuficiencia absoluta. No hay avituallamientos, ni tan siquiera de agua, por lo que tienes avituallarte por ti mismo, tanto de la comida como del agua. Sólo puedes llevar una bolsa al control de Vielha con lo que puedas necesitar. La ventaja es que agua la encontramos continuamente de la multitud de arroyos y fuentes que hay por el camino. La organización obliga a llevar material obligatorio, tanto de comida como de ropa, por si la meteorología cambia y te pilla algún “marrón” por el camino. No es agradable encontrarse con una tormenta a 2.500m de altura y era una posibilidad.

La salida de la Ultra era a las 8 de la mañana. Allí estábamos poco más de 250 participantes. Yo venía un poco quemado por el abandono que tuve que hacer en Andorra. Lo pasé fatal y no pude dormir en dos días del disgusto. Y quería resarcirme: correr o morir, como dice Kilian. Aún así hay que seguir con la cabeza fría en este tipo de pruebas. El batacazo puede ser de escándalo.

Y salimos de Benasque, al principio, por una pista, durante unos 7 km hasta llegar al primer control: Senarta. Aquí cogemos un desvío que sigue el GR-11 a través de una gran pista. Solamente tomamos un atajo al principio, para evitar una inmensa curva de la pista y luego continuar por el GR 11, por la pista de Vallibierna hasta llegar de nuevo a otro control: Coronas. Excepto los primeros 7 km que son prácticamente llanos, desde el desvío hasta aquí es una continua subida, que se puede hacer corriendo, excepto el atajo. Al principio íbamos un pequeño grupo de 6 corredores que se fue estirando poco a poco y a este control llegamos juntos Manuel Merillas, una joven promesa con un gran futuro (20 años), y que además es de León, como yo.

Una vez pasado este control desaparece la pista y entramos ya en terreno montañero. Ahora seguimos por una senda pedregosa con continuas subidas y bajadas, pero casi siempre en ascenso. La senda se va transformando en algunas ocasiones en pradería hasta comenzar a subir por un auténtico pedrero que nos lleva al control de Ballibierna (2.732m). Seguimos juntos Manuel Merillas y yo, aunque detrás vienen de cerca apretando. Desde este collado comienza una ligera bajada, en un principio por un pedrero, que poco a poco se va transformando en senda, pero que hay andar con cuidado donde se ponen los pies. Pero el recorrido es bastante entretenido y ameno para correr. Corremos al lado del lago Llauset que nos lleva al siguiente control: Llauset. Y empieza la fiesta. Una primera subida no muy larga, pero dura nos lleva a la collada de Anglos (2.438m) para comenzar a bajar por otra senda de piedras sueltas que nos lleva a los lagos de Anglos y al refugio del mismo nombre, y donde el terreno se ha vuelto llano y verde por unos momentos, justo para relajarnos un poquito antes de comenzar la, probablemente, bajada más dura y técnica de la carrera. Una senda retorcida e irregular con fuertes desniveles, en los que, a veces, era conveniente agarrarse a algún árbol. Una vez llegados al fondo del valle, la senda transcurre por un precioso bosque, muy corrible, aunque el terreno sigue siendo irregular.

Continuamos por el GR 11 hasta llegar al pantano de Senet (lugar donde me perdí el año pasado más de una hora, pero que este año estaba seguro no ocurriría, al menos aquí). Subimos un pequeño tramo por la carretera para luego coger un desvío a la derecha y seguir una pista que nos lleva al siguiente control: Conangles. Continuamos juntos Manuel y yo, buscando agua fresca en todas la fuentes y arroyos, pues hace calor. Hasta ahora íbamos bien, normalmente yo delante pues conocía el terreno. Y en una parada para coger agua, se puso Manuel delante. La verdad es que era igual, pues al ir juntos teníamos menos problemas de perdernos. Pero poco después de pasar este último control, en una bifurcación Manuel giró a la derecha pues había pintura roja y blanca. Yo iba detrás y, la verdad, es que sólo le veía los pies, pero al levantar la cabeza me di cuenta que ese no era el camino correcto. Se lo dije a Manuel, pero aún así seguimos un poco más y, definitivamente, pude asegurarme que esa no era la senda correcta. Le preguntamos a dos montañeros que vimos y efectivamente, confirmaron mis sospechas. Dimos la vuelta por la pista que iba por encima de la senda, pues yo sabía que teníamos que retomar la pista. Y así fue. No perdimos mucho tiempo, quizás unos diez minutos, pero fue lo justo para que el tercero se acercara bastante a nosotros. Continuamos por la pista para, poco después, en un giro de noventa grados, empezar otra dura subida, en un principio por un bosque, luego por pasto de alta montaña y finalmente roca y piedra, hacia el puerto de Vielha(2.448m), donde estaba el siguiente control. Y comienza otra larga bajada, la primera parte por la clásica senda de piedra suelta y descompuesta, que puede darte un disgusto como tengas una mala pisada. Después vuelve de nuevo la senda por praderías y pastos de alta montaña hasta finalmente coger una pista, que también hay que cortar por otra senda, que nos llevará a otra pista hormigonada que es lo que te hace saber que estás llegando a la civilización. Y así llegamos juntos a Vielha donde estaba el control en el cual habíamos dejado la bosla que nos permitía la organización. Hasta aquí, creo recordar, habíamos empleado seis horas y cuarto. Paramos un poquito a beber y comer algo y justo, cuando íbamos a salir llega el tercer corredor: Oscar Pérez, otro de los grandes (segundo en Andorra).
Ahora hacía bastante calor y humedad. Sudábamos como patos. Y para más inri, comenzaba otra eterna subida. Procuraba beber a menudo, no mucho, pero si frecuentemente. No suelo comer mucho en estas carreras, pero intento beber, especialmente si hay humedad. No estoy acostumbrado a estos ambientes húmedos e intento evitar problemas mayores, y aún así llegan… Esta parte del recorrido estaba marcada, pues era fácil despistarse (aún así siempre se pierde alguien). Bueno seguimos subiendo, meto la cabeza en el agua y sigo subiendo. Hacia la mitad de la subida me doy cuenta que voy sólo. Manuel se ha quedado. Al principio no sé cual ha podido ser el motivo (luego ya me enteré que le vino el hombre del mazo). Esta subida va cortando una carretera. Luego se suaviza un poco e incluso llanea. Paso al lado de dos cabañas y llego a un pequeño collado (donde también estuve “desorientado” el año pasado), pero este año estaba muy bien trazada la senda y no había ningún problema de pérdida. Continúo por la senda y llego al siguiente control situado en una cabaña: Gèles.
Toda esta parte del recorrido es con pequeñas subidas y bajadas, muy asequibles para correr. Después de pasar este control y tras una pequeña subida por una senda herbosa, comienza una bajada a través de una senda en medio de un bosque con un fortísimo desnivel que hace temblar los cuádriceps. Es increíble, pero cuando estás subiendo, tienes ganas de bajar, y cuando estás bajando, tienes ganas de subir,…y otras veces llegar a un terreno llano para recuperar. Y llego al terreno llano. Otra pista que me lleva a, quizás la parte menos deseada de todo corredor de montaña, el asfalto. Una carretera en continua subida durante unos cinco kilómetros. No tengo ni idea de dónde viene el segundo, ni tan siquiera quien puede ser, aunque sospecho que sea ya Oscar, pues está muy fuerte. Por fin se acaba la carretera y aquí se encuentra el próximo control: Artiga de Lin.
Y continúa la subida, aunque ahora es por medio del bosque, y por una senda embarrada hasta que llegas a un pequeño cruce, donde a más de uno le puede dar un disgusto (si no llevas GPS, claro), pues la senda continúa de frente, pero hay unos jitos a la izquierda, que te indican que debes girar ahí y dejar la senda principal. Además esta subida es horrorosa. Pues no parece una senda “normal” ya que es un barrizal, con mucha agua y parece más un camino de vacas que una senda. Pero poco a poco va apareciendo la senda, que además se vuelve llana, pero sólo lo justo para darte un disgusto cuando miras hacia delante y ves lo que te queda por subir. Como consuelo puedes pensar que es ya la última subida(al menos de las consideradas duras) y que a partir de ahí es ya todo para abajo. Pero hay que subir primero.

Además empiezan a aparecer nubes y parece que algo de niebla, pero por suerte son nubes que vienen y van. Y por fin llegas al Puerto de la Picada(2.477m). Y aquí me encuentro con muchos de los corredores que participar en las otras pruebas, por lo que esta parte del recorrido se hace más amena, aunque también con algún inconveniente, pues a veces, los adelantamientos no son fáciles en una senda donde se cruza tanta gente. Pero estoy bajando bastante bien, hasta que de pronto el primer disgusto, calambres en los gemelos. Joer es la primera vez que me pasa esto. Pero para lo que me queda no estaba dispuesto a pararme. Y cada vez que agilizaba el ritmo, otra vez calambres. Bueno, esto era cuestión de cabezonería. No estaba dispuesto a pararme aunque me temblaran los pies. Ya se pasarán, pensé. Menos mal, que llegué pronto a terreno llano y la situación se normalizó y pude seguir corriendo más cómodo y llegar al control de Vado.
Desde aquí, tras unos metros de carretera, empieza una pequeña subida por una senda que nos lleva al siguiente control: Baños. Hasta ahora iba bien, pero tras la bajada por la carretera y donde comienza la pista, las fuerzas se empezaron a notar. Ya no tenía la chispa de hace un rato. Y en algunos toboganes tenía que andar. También es verdad que desde La Picada, no había comido nada y bebido muy poco y eso se paga. Pero también es cierto, que para lo poco que me quedaba no iba a terminar andando y en esos momentos sacas fuerzas de cualquier sitio. Además había llegado al último control, que coincidía con el primero: Senarta y desde aquí sólo me quedaban siete kilómetros para llegar a meta. Sólo era cuestión de aguantar y sufrir media hora más. Y cuando ves Benasque desaparece el dolor, el sufrimiento y la angustia porque entonces sabes que lo has hecho. Y llegas a meta. Y todo se transforma en satisfacción, placer y alegría. Y miras el crono: 12 horas 2 minutos. Ni te lo crees. No vas con la intención de bajar records, ni tan siquiera de ganar, pero cuando te comentan como puedes bajar el anterior record en más de una hora y diez minutos, pues la realidad es que es simple: te ha salido bien. Lo mismo que te había podido salir mal.

Casi veinte minutos después llega Oscar Pérez y cincuenta minutos más tarde Manuel Merillas. Un pódium singular: un veterano, un senior y un junior.

Y esto es todo. Una carrera más, una experiencia más y dentro de cinco días me iré, con Oscar Pérez, a Ucrania, a la Transcarpathian Hiking Road. Si es que donde tienes tus mayores “enemigos” tienes a tus mayores amigos.

5 jul. 2011

VIII TRAVESERA PICOS DE EUROPA

VIII TRAVESERA PICOS DE EUROPA

El sábado 25 de junio se celebró la VIII Travesera de Picos de Europa, casi con toda seguridad, la prueba más dura y técnica que existe ahora mismo en el territorio nacional. Y podríamos decir que, incluso a nivel internacional, si comparamos la distancia y el desnivel con otras carreras, ya que esta prueba tiene “sólo” 74 kilómetros de distancia, pero 6.560m de desnivel positivo y 6.685 de desnivel negativo, lo que la hace muy dura, ya que apenas existen terrenos llanos y, tanto las subidas como las bajadas, son tremendamente técnicas.

Este año, la previsión meteorológica era bastante buena, quizás demasiado, ya que tanto calor, al final resulta ser más un inconveniente que una ventaja, como luego ocurrió. Además no había tanta nieve como otros años, y en contra de lo que parece, es mucho mejor, más rápido y más seguro correr con nieve que sin ella.

También este año la participación se dispara…hay casi trescientos corredores inscritos y muchos “galgos” dispuestos a dar batalla. Personalmente vengo indeciso, ya que llevo participando varias pruebas seguidas y mi cuerpo necesita recuperar, y además, tengo el próximo fin de semana otra competición y una más el siguiente en Andorra, por lo que me planteo hacer un entrenamiento ligero (eso es lo que pasa por mi mente,…hasta que te ponen el maldito dorsal en el pecho).

Son las 12:05 de la madrugada del sábado. Estamos en El Repelao, justo al lado del Santuario de Covadonga (233m). Noche bastante cerrada y nos dan la salida. Los primeros metros son por la carretera hasta que entramos de lleno en una senda empinada por medio de un bosque. En varios tramos hay agua y barro, por lo que tarde o temprano terminas metiéndote de lleno, aunque en una ocasión mi pie entró tan de lleno en el barro, que no podía salir. Menos mal que venía un pequeño grupo detrás, pero ni tirando de mí conseguía salir, hasta que otro corredor agarró mi pie por detrás y entre el que tiraba de mis brazos y el que tiraba de los pies consiguieron sacarme!!!!(alguno después comentaba que hubiera sido mejor haberme dejado allí y clavarme un poco más). Se habían formado dos pequeños grupos, uno iba delante y yo iba en el segundo y así llegamos al primer avituallamiento en la Vega de Enol (1.080m) aproximadamente en una hora y veinte minutos.

A partir de aquí se empezaron a estirar los grupos. Delante iban Txus Romón y Fran y siguiéndoles íbamos Juan Fuego, Manuel Merillas y yo y un poquito detrás Eulogio. En el Jou Santo, Juan Fuego se había quedado un poco rezagado y comenzamos la espectacular bajada de la canal de Mesones. Hay que tener cuidado con esta canal, no sólo porque tiene un sedo estrecho y con precipicio, sino porque también te puede recalentar los pies y aguarte la carrera. Aún así, a mitad de canal me pasó un corredor que bajaba como una moto, tanto que en Caín (460m y segundo avituallamiento) me llegó a sacar más de cinco minutos…

En Caín comenzamos a subir la canal de Dobresengros. Antes de llegar al sedo Mabro, a unos 500 m de Caín, me encontré con el que me pasó como una moto (lógicamente había “gripao”). Seguí subiendo y veo la luz roja intermitente del que va delante de mí (aún no se quien de los dos es) y cuando llego al Canalón veo bajar una luz blanca y veo que es Fran, que se ha retirado porque tiene un problema en el tendón de Aquiles (muchos ánimos para la próxima). Poco después ya clarea y podemos seguir sin la frontal y así llego al Hoyo Grande. Detrás de mí creo que viene Manuel Merillas. Pero todavía hay que seguir subiendo por esa pala pedregosa que te pone a prueba tu sentido del equilibrio, ya que hace que resbales bastante con esas piedrecitas del carajo, hasta llegar a la Horcada de Caín(2.344m). En la bajada encontramos los mayores neveros que hay en la carrera, y que nos ayudan a bajar más rápido y a refrescarnos un poco los pies.

Y rápidamente llegamos al refugio de Urriellu (1.955m), sobre las 7 de la mañana y dónde está el tercer avituallamiento. Txus me saca veinte minutos, pero yo voy a hacer mi carrera.
Ahora empieza una corta pero fuerte subida por la canal de la Celada, luego se suaviza, pero queda lo peor, la subida a la collada Bonita(2.382m). Como este año hay menos nieve, la subida es un suplicio, pues es un pedrero, donde das un paso para adelante y dos para atrás. Con nieve hubiese sido más rápido y más cómodo. Al final había cuerdas fijas para ayudarte a subir, lo que se agradece. En la bajada también pusieron cuerda fija y como tampoco había nieve este año, pues se hizo más lenta. Y desde aquí comienza, lo que para mí es el tramo más comprometido y es la bajada de la canal de Moñetas. Ya que aunque sea una bajada, no hay prácticamente senda, es todo terreno de llambrias, donde una mala pisada te la puede jugar y donde correr es bastante complicado, precisamente por la ausencia de senda definida.

Y llegamos a las Vegas de Sotres (1.067m), cuarto avituallamiento. Txus me sigue sacando 25 minutos. Ya no veo al que viene detrás y voy a intentar exprimirme un poco subiendo la temible canal de Jidiellu. Mejor no mirar para arriba y no verlo. Después de todo lo que te has metido para el cuerpo, ver eso te mina la moral, pero es lo que hay. Así que a saco para arriba. Iba “cómodo” subiendo, por lo que cuando llegué al collado de Valdominguero (2.140m) me dicen que Txus va sólo a 14 minutos.


La bajada hacia Andara y al Jito de Escarandi la hago a saco, de tal manera que cuando llego al Jito (1.323m y quinto y último avituallamiento) le he recortado otros 6 minutos y lo tengo a menos de 8 minutos. Hasta ahora he tenido suerte con el sol, pues he subido todo Jidiellu a la sombra, pero a partir del collado Valdominguero ya nos da de lleno y, sobre todo, a partir del Jito de Escarandi se hace notar el calor agobiante, y eso que son las 10 de la mañana. Me viene a la mente todos los corredores que les toque bajar Moñetas y subir Jidiellu con “Lorenzo” dándoles de lleno, ni imaginármelo quiero.



Quedan todavía 15 km, la mayoría cuesta abajo, pero con unos repechos que hacen bastante daño. Después de cinco kilómetros, en un control me dicen que ha pasado el primero a ocho minutos. Eeeehhh, me paro de repente. Coño, no le he recortado nada en cinco kilómetros. Así que lo más probable es que también a él le hayan ido cantando los tiempos y estando como está tan cerca de meta esté exprimiéndose al máximo (como así fue, tal y como me lo dijo después). Pero yo hice mis cálculos, si quedan unos diez kilómetros y me saca ocho minutos, es prácticamente imposible recortarle casi un minuto por kilómetro, por lo que decidí no arriesgar nada en la pedregosa senda del Caoru y dedicarme a bajar “contemplando el paisaje”, vamos, de paseo. Y fue la decisión acertada, como pude comprobar después. Y por fin llegamos a la meta en Arenas de Cabrales (138m) después de 12 h y 25 minutos.

Sólo puedo decir una cosa. Esta es la “madre” de todas las pruebas de montaña. Intentar hacer esta carrera pone en duda tu salud mental…

Las horas y horas que llevas corriendo-andando-trepando te van cargando las articulaciones, los tendones, los músculos, la cabeza. Es una auténtica batalla mental tomar la decisión de continuar. Pero llegar a meta es la mayor compensación que pueda existir. La alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha y no en la victoria.

16 jun. 2011

CANFRANC, UNA CARRERA DE ALTA MONTAÑA



El sábado 11 de junio se celebró la V edición de la maratón de montaña de Canfranc. Durísimo maratón de montaña de 42 km y 9000m de desnivel acumulado. La carrera se realiza en un ambiente inigualable. Ascendiendo a los altos picos de La Moleta, La Raca, La Tuca Blanca y el collado de Estriviellas pasando por los Ibones de Iserias y el de Tortiellas.

El reto es único, pues no deja de ser el Maratón más cañero del calendario nacional..
La salida y la meta están en la localidad de Canfranc (Estación). El día amaneció despejado, aunque un poco fresco, pero ideal para correr. Se dio la salida a las 8 de la mañana y a partir del primer kilómetro comienza una subida brutal de 1.500m de desnivel positivo en poco más de cinco kilómetros al pico de La Moleta (2.572m), con un tramo final bastante técnico.
A la cumbre llegó primero Samuel, seguido de Jordi(Gaiteru) y después yo. Desde la cumbre había que volver a bajar por el mismo tramo técnico, aunque, una vez bajado ese tramo técnico nos desviaban a la derecha para coger una senda espectacular y zigzagueante hasta el fondo del valle, donde estaba el primer control-avituallamiento.
Poco después de ese desvío ya había cogido a Gaiteru y a Samuel y me puse en cabeza. Desde el fondo del valle teníamos que seguir una senda en ligero ascenso durante aproximadamente un kilómetro para comenzar de nuevo otro vía crucis, la subida a La Raca (2.278m) con 1.200m de desnivel positivo. Una subida a través de un precioso bosque que te lleva a las antenas de la cumbre.



Desde aquí se baja por las pistas de la estación de esquí de Cerler durante un tramo, hasta que te meten por una zona totalmente agreste, hasta que llegas hasta Somport, donde está el segundo control-avituallamiento. Pasado este control se continua por un pequeño bosque con una ligera subida que te lleva a la estación de esquí de Candanchú.
Desde la estación hay que subir por una pista de piedras de esquí con un desnivel de casi 500m que nos lleva a la Tuca Blanca (2.323m). Por aquí bajamos por otra pista que nos lleva a otra parte de la estación donde hay que cruzar el ibón de Iserias y está el tercer control-avituallamiento.
Ahora hay una ligera bajada por una senda, al principio un poco pedregosa y después por un campo de hierba hasta el ibón de Tortiellas que también hay que cruzar para comenzar la última, muy técnica y pedregosa subida hasta el collado de Estriviellas (2.048m) dónde está el último control.
Desde aquí ya vemos al fondo de nuevo Canfranc, pero es muy engañoso. La bajada se hace interminable. Son diez kilómetros de un zigzagueo constante que parece que no acaban nunca. La cantidad de zetas que haces en esta bajada son cientos. Y después de 5 horas y 23 minutos llego a meta (bajando el record de la prueba en dos minutos). En segundo lugar entra Jon Bikendi, un joven corredor de la federación vasca a unos cinco minutos y tercero Samuel Sánchez de la federación aragonesa, a unos quince minutos.



La carrera, el ambiente, el pueblo, la gente, la organización es para quitarse el sombrero. Desde luego, si alguien quiere hacer hoy en día una maratón en España, POR MONTAÑA, esta es su prueba.