15 feb. 2013

EL "PUPAS"

¿Será cosa de la edad?


Empecé a correr “seriamente” en el año 1981. Empecé con el cross, algo de pista, asfalto, medias maratones, maratones, carreras de 100 km, todo a la vez que practicaba montaña los fines de semana. Entonces aparecieron las carreras de montaña y así se conjuntaron los planetas…

En todo este tiempo he tenido altibajos, pero por suerte, no psicológicos, ni ganas de dejarlo (bueno, alguna vez sí, sobre todo cuando estás en una prueba de estas largas y te duele hasta el alma!!!). A lo que me refiero es a las lesiones que tanto nos j…n, molestan. Solamente he tenido un problema serio en mi vida, hace ya unos quince años. En una ocasión, esquiando, se me fue una pierna e intenté hacer el spagat, cuando mi ángulo de apertura de las piernas no pasa de 45 grados, intentar hacer 180º, pues iba a ser que no y tuve una rotura parcial de un aductor. Eso me tuvo parado tres meses. Desde entonces no he tenido más que “problemillas”, que no han durado más de una semana. Hasta este año.

En fin, es algo curioso e incomprensible y me da que pensar y replantearme algunas cosas. Creo que todo empieza cuando mi amigo Pablo me llama para correr el Desafío Cantabria. Aunque venía cansado del Cañón del Colorado no podía rechazar esta invitación de un amigo y me presenté allí para correr. Lo curioso es que no se me dio mal la carrera y además me gustó mucho el circuito y el ambiente. Pero cuando estaba llegando a meta, a falta de un kilómetro me entró un dolor muy fuerte en la parte baja del tibial, sobre todo bajando. Fui al fisio y me dijo que era una periostitis. Me animó mucho cuando me dijo que eso en tres días desaparecía y, en cierta medida así fue. Tenía alguna molestia pero podía entrenar. Es más, el mes siguiente fui a correr a Camboya (en noviembre) una carrera de 240 km y no me dio ningún problema. En diciembre todo el mundo me decía que tenía que descansar, que había sido un año muy duro y muy intenso, con muchas competiciones, así que por una vez les hice caso.

No sé, pero cada día estoy más convencido de que fue un error. Al empezar a entrenar de nuevo, me aparece, más que un dolor, es una especie de fuerte tensión en los isquiotibiales. El cinco de enero otro amigo mío me dice a ver si puedo ir a una carrera que se celebra en el pueblo. Son sólo cinco kilómetros, así que digo: “pues vale, salgo a entrenar por la mañana mi entreno diario y termino haciendo la carrera”. Y allí me presento frente a unos “galgos” del asfalto. Un circuito de un kilómetro al que hay que dar, obviamente, cinco vueltas. Pasamos la primera vuelta y miro el crono: 3’17’’…coño, ya ni me acordaba que se podía correr tan rápido. Me van a saltar las bielas. Segunda vuelta: a falta de cien metros para completarla…. crassshhhhh, el bíceps femoral a la mierda. Y para colmo, dos días después tenía la Transcandamia. Mi fisio estaba allí, pusimos hielo y el domingo me dio un tratamiento para intentar correr el lunes La Transacandamia. No lo tenía nada claro. Más bien oscuro, muy oscuro. El lunes estoy en la salida de la carrera. Nada más salir ya veo que voy encogido. No puedo estirar la pierna y empieza a doler cada vez más. Sólo siento cierto alivio en las subidas, pero cada vez va a más, tanto que no consigo acabar los 17 kilómetros teniéndolo que dejar en el kilómetro 13. Vuelta al fisio. Y más tratamiento. Una semana parado y otra vez que todo el mundo te dice lo mismo: hay que descansar. Y vuelvo a descansar. Y para hacerlo me voy a Tailandia, donde también me dan masajes todos los días (ya le he dicho a mi fisio que tiene que ir a allí a aprender). A la vuelta, a entrenar de nuevo. Y el segundo día reaparece la periostitis, y con fuerza. Jo……er, esto ya pasa de castaño oscuro. Más tratamiento. En dos días ya consigo entrenar aunque me molesta. Para no cargarlo mucho, los fines de semana voy a hacer esquí de travesía. Aquí no me molesta. Pero…..allá voy. Estos días ha hecho un tiempo de perros. Ha nevado mucho; mucho viento, mucha ventisca, mucho frío,…pero uno no se puede quedar en casa. Y vamos al monte a esquiar. El sábado no veía un burro a tres pasos. Estaba tan cerrado que no veía ni el relieve. Aún así conseguí llegar a la cumbre. Pero la ventisca me empapó las gafas y no podía ver. Así que me las quité y las puse en un bolsillo del gore tex. Y comencé a bajar…y comencé a volar…………vamos, que de pronto me sentí en el aire y caí de bruces con tan buena suerte que las gafas se me clavaron en las costillas…que risa…Así que ahora bajando a ciegas y con las costillas doloridas (y además perdí las gafas). A pesar de todo, cuando llego a casa salgo a correr (no hace falta que me digáis nada, ya me lo imagino). Ahora me duelen las costillas, la periostitis y los ojos. Bueno, bueno, bueno,… pero como estoy en racha cuatro días después el bíceps femoral derecho (la otra vez fue el izquierdo) se me pone más rígido que una tabla de surf. Vuelta al fisio. Más tratamiento. Pero sigo saliendo a correr. Y ahora ya me duelen las costillas, la periostitis, los ojos y el bíceps femoral, bueno los ojos ya no. Pero me empieza a dar guerra el aductor derecho. Y para colmo se me estropea el Compex. Y en esas andamos…

Y todo esto por parar a descansar, estoy convencido de ello (se admite todo tipo de sugerencias, informes, estudios y “sobres” de Bárcenas…).

Es para estar cabreado, muy cabreado. Pues sí y no. Es más, cuanto más lo pienso, más me considero una persona afortunada.

Desistir…………….:



Sufrir……….:



Quejarme:





Siempre me ha gustado el ejemplo del bambú chino como metáfora de los procesos de cambio y transformación personal. El bambú chino funciona de la siguiente manera. Después de plantada la semilla, no se ve nada durante aproximadamente cinco años, salvo un brote muy diminuto. Todo el crecimiento es subterráneo; se está construyendo una compleja estructura de raíces que se extiende en vertical y horizontalmente por la tierra. Entonces, al final del quinto año, el bambú chino crece velozmente hasta alcanzar una altura de veinticinco metros. Algo muy similar ocurre con los procesos de desarrollo personal.. Uno decide un buen día ir en búsqueda de su Leyenda Personal; seguir su vocación, su pasión, sus sueños. Siembra y trabaja, pero no ve resultados. Así un día tras otro; una temporada tras otra, pero todo parece que sigue igual, que nada ocurre. Entonces, aparecen las dudas, los bajones, los momentos de debilidad emocional...Algunos, ante la incertidumbre del futuro, abandonan y prefieren plegar velas para navegar a puerto seguro; otros, continúan, pero poco tiempo después, también desisten; y así otros más cada cierto tiempo. Nada nuevo. Seth Godin en Salir del abismo escribe: «Muchas profesiones y muchos mercados sacan provecho de quienes se dan por vencidos. La sociedad supone que usted se rendirá. De hecho las empresas y las organizaciones cuentan con eso».Sin embargo, hay un pequeño grupo minoritario que hace suya la máxima de Woody Allen de que «el 90% del éxito es insistir», y se mantienen firmes, rumbo a destino a pesar de los fuertes vientos que azotan el barco. Y de repente, un día todo se precipita, y el crecimiento es exponencial. El día anterior era otro de esos días en que uno pensaba abandonar, y de repente aparece la luz. «La hora más oscura de la noche es la que precede al alba», dice la sabiduría popular. Si me preguntasen cuál es la virtud más difícil de encontrar en el proceso de búsqueda personal, diría que la PACIENCIA.

Nada que merece la pena se construye de un día para otro. Y si es así, hay que empezar a sospechar que está levantado sobre materiales de barro, con lo que es difícil de pronosticar su desenlace. Como un dicho inglés afirma: Easy come, easy go.



Hasta pronto