30 may. 2017

SI NO LO CUENTO, REVIENTO...


Estoy en racha. Hacía tiempo que no escribía tan seguido en mi blog.

Quizás os hayáis dado cuenta o quizás no…que mis apariciones por el “caralibro” últimamente son escasas o casi inexistentes. Es más, si veis alguna, también es probable que no sea mía, pues mi “costilla” me suele “utilizar” para pulsar algún like o, incluso hacer algún comentario, en mi nombre. Pero bueno, tampoco esto me preocupa. Lo que tengo claro es que yo lo utilizaré para lo que considere oportuno, importante,(otros pueden considerar importante otras cosas)…y, ojo, creo que hay temas bastante interesantes, pero los leo y punto. No pongo likes ni felicito cumpleaños. El 99% de mis pocos comentarios son “privados”. Mi “costilla” me dice que soy un espíaJ, que controlo todo y no comento nada o casi nada. Pues, probablemente, cada vez menos.  Para eso tengo mi blog, que ahí, el que quiera lo lee y el que no quiera pues no. Así de simple. Y aprovecho para hacer una propuesta:

Si alguien quiere contactar conmigo para hablar, de lo que sea (desde deporte, política, literatura, religión, sexo, física cuántica,…), si está pasando un mal momento, depresión, si tiene pensado suicidarse, si quiere hacer alguna ruta de alta montaña, de baja, de senderismo, cultural, gastronómica, un entrenamiento, una charla, una conferencia…pues aquí me tiene. No dudéis en contactar conmigo. Os lo digo completamente en serio. No le garantizo una cura total, pero casi le aseguro pasar un buen momento.

Y ahora vamos a lo que quería contar…

SI NO LO CUENTO, REVIENTO…

He leído un artículo de Roberto Palomar y otro de Pérez Reverte sobre un tema que tenía en mente desde hace tiempo, así que me ha “ahorrado” el tiempo de transcribir las ideas que ya tenía en mi cabeza y que eran prácticamente las mismas, sólo que, seguramente, mejor redactadas por ellos.

Empieza con el relato del alpinista británico Noel Odell sobre la primera expedición al Everest de Irving y Mallory y que, desgraciadamente, desconocemos el resultado de aquella expedición.

A diario, las redes sociales se colman de relatos como el de Odell. Los domingos al mediodía son especialmente prolíficos. Los timelines y los muros se llenan de pequeñas o grandes gestas, de retratos de pies con un paisaje grandioso como fondo, de fotos de zapatillas embarradas, de pantallazos de gps que muestran los datos de distancia, ritmo y duración, de selfies con los amigos en la cima de un monte, de descensos vertiginosos grabados con la GoPro... Todos queremos contar lo nuestro. Que se entere el vecino, que se entere la familia, que se entere el compañero de trabajo. Que se entere todo el mundo. ¿cómo no se iba a desmenuzar al detalle hasta la más modesta de las carreras con los medios de hoy? ¿Imaginan a Amundsen con Twitter? ¿Qué hubiera sido de la aventura de Cristóbal Colón con Facebook? Hoy, Kilian nos cuenta su entrenamiento en Chamonix ( o lo último sus dos subidas al Everest) al momento y sabemos que Luis Alberto Hernando devora bocadillos de tortilla en los avituallamientos mientras se cambia las zapatillas porque lo hemos visto en streaming. Pero también sabemos por dónde fue la grupeta en la salida del domingo o cuánto entrena ese compañero que dice que nunca entrena. Lo pone en Strava, listillo...

"Los premios en metálico a las figuras del trail carecen de sentido. Desaparecerán con el tiempo. Eso pienso yo o al menos es lo que me gustaría.  A la gente le da igual quién gane. Quien viene aquí lo hace para vivir su propia aventura. Y contarla. Se llama deporte social". Y tiene razón. Cualquier carrera que no esté conectada y preparada para ser despiezada al momento por todos y cada uno de sus participantes está muerta. Mantener una ventana abierta al mundo es casi tan básico como el circuito, la distancia o el desnivel. Importa tanto si hay barro como si hay cobertura.

Aún quedan monjes y eremitas que entrenan y compiten en silencio. Que se resisten a divulgar la foto de una uña negra, que pasan de contar con qué salsa toman los espaguetis precarrera y no enlazan la noticia de su última victoria. Pero son los menos. Y algunos son unos auténticos cracks.

La verdad es que hoy todo el mundo quiere contar lo suyo. Tanto si has ido a por el pan a 5.10 el kilómetro como si has ganado el Ultra Trail del Montblanc. La verdad, amigos, es que si no lo cuento, reviento…

Lo más fascinante de las redes sociales no es su reflejo de la realidad, sino la faceta dislocada, absurda a menudo, que de ella muestran. Hay allí opiniones, puntos de vista, material absolutamente documentado y respetable, por supuesto. Pero lo más instructivo ocurre cuando lo que revelan es lo contrario. Cuando las redes se convierten en retrato disparatado, caricatura grotesca del ser humano construyendo o pretendiendo hacerlo, con la osadía de su ignorancia, la arrogancia de su vanidad o lo turbio de su infamia, un mundo virtual que nada tiene que ver con el real. Un conjunto de usos y códigos artificiales que, además, pretende imponerse, inquisitorial, sobre el sentido común y la inteligencia.

No entraré en ejemplos, pues los tenemos a la vista. Basta asomarse a Internet y ver cómo allí se deforman y manipulan, sin el menor pudor ni consideración, toda clase de ideas y conceptos, incluso los más nobles. Y así, asuntos serios y urgentes como los derechos de los animales, la convivencia social, el feminismo, el respeto a la mujer, la lucha contra el racismo, la política, se ven constantemente envilecidos por aquellos que, paradójicamente, a veces con más voluntad y fanatismo que preparación real o dotes intelectuales, los desacreditan al proclamarse, sin otro título que la propia voluntad o capricho, sus defensores a ultranza.

La razón es simple y triste: las nuevas tecnologías, que deberían hacernos más preparados y más libres, también contribuyen a hacernos más estúpidos. No es ajeno a eso el hecho de que las redes sociales estén en manos de multinacionales que buscan clicados rápidos y tráfico intenso a toda costa. Hasta no hace mucho, alcanzar voz pública requería pasar una serie de filtros naturales basados en formación, educación y, por supuesto, talento personal o capacidad expresiva. O valías, o tenías algo que decir y sabías decirlo, o nadie te prestaba atención. La voz que llegaba a hacerse oír estaba, a menudo, respaldada por la autoridad que esos filtros naturales le conferían. Ahora, ese importante territorio se ha democratizado y cualquiera puede acceder a él. Afortunadamente, hay más voces para elegir. Más lugares para opinar. Pero eso, que tiene innumerables ventajas cuando esas voces tienen un peso específico valioso, se vuelve desventaja cuando el opinador es una mula de varas, un demagogo perverso o un imbécil que grita fuerte.

Es muy interesante asomarse a las redes, como digo. Arrojar piedras al estanque y ver cómo se expanden las ondas. O provocar reacciones. Echar pan a los patos,  y observar cómo actúan. Ser uno mismo pato de infantería, nadando entre todos, mientras observo a quienes mantienen serenos la cordura y flotan inteligentes entre el cuac-cuac, y a los que, enloquecidos, se abalanzan sobre las migas proclamando su hambre, su ignorancia, su mediocridad y en ocasiones su puerca vileza.

En más de una ocasión he tenido tentación de borrar algunos “amigos” del “caralibro” (con algunos ya lo he hecho). Personalmente me están desilusionando. Mucho insulto, mucha mala baba, por no coincidir en las mismas ideas. Como decía, muestran su ignorancia y mediocridad. Además, en muchas ocasiones,  se insulta al colectivo cuando la idea es personal, especialmente lo veo en temas tan espinosos como la política, el fútbol, la religión,… o estás conmigo o estás contra mí. Y lo peor de todo, es que todo esto se está extrapolando a más ámbitos de la vida. Quizás por eso cada vez hago menos apariciones por estos medios.

De esa forma, a mi edad y con mi biografía, sigo aprendiendo cosas sobre el mundo en el que vivo, y miro todavía al ser humano aprendiendo de él cada día. Y también con eso escribo artículos este.

2 comentarios:

  1. Me tienes el lector de feeds loco, tres artículos en una semana (casi). Espero que te prodigues más, que entre tanto review y artículo complaciente, tus entradas son como un vaso de agua fría echada en la cara.
    Nada más que decir.
    Fdo: Un lector en la sombra ;-)

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  2. Simplemente, gracias por poner en palabras lo que pienso desde hace tiempo.

    Gracias Salva. Y a seguir corriendo.

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